PIENSO; LUEGO INSISTO

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Bandera Blanca.

Bandera Blanca.

POR JOSÉ LUIS CARRILLO RAMOS

Sin duda alguna que en México hace falta que levantemos una “bandera blanca”, símbolo aceptado histórica y universalmente como una petición urgente a cesar las hostilidades y sentarse a negociar; pero sobre todo a privilegiar la paz.

Y no me refiero a la Capital de Bolivia ni a la de Baja California.

Pero hablemos de lo que sucede en el Primer Año de Gobierno en Nuevo León; escaso de realidades, pero sumamente generoso en materia de Propaganda Política y enfrentamientos con diversos grupos de Poder Político y Empresarial.

Pareciera que vivimos una escena de una película de la época denominada “El Cine de Oro Mexicano” en la que los protagonistas están bebiendo pulque en una cantina de poca monta y de repente, el que se siente más “machito” increpa a otro y con la ceja levantada, le dice de una manera poco amistosa y menos empática:

¡Qué me vez Güey!

Y de repente se arman las hostilidades, en la que los grupos antagónicos se enfrentan entre sí, destruyendo todo el mobiliario en el lugar.

Al terminar se van a su casa a lamerse las heridas, pensando como “cobrar venganza” de las supuestas y convenencieras afrentas de las que, desde su óptica particular fueron objeto, dejando al dueño del lugar con la incertidumbre para reparar los daños causados, y a los vecinos, con la zozobra de que, en cualquier momento, también serán afectados.

En Nuevo León, se vive un enfrentamiento inédito y nada conveniente, entre un gobernador con exceso de energía, pero falto de cautela y escasa humildad y otro grupo político que busca ser tratado con Respeto y con unas tres rayitas menos de arrogancia gubernamental.

Ambas partes están bien desde la búsqueda y garantía de SUS intereses.

Sin embargo, ambas partes también están mal.

Simplemente, porque en estos tiempos en los que parece que nadie sabe escuchar, pero les encanta gritar, estamos enfrascados en un círculo vicioso, en el que los únicos perdedores somos los ciudadanos.

Vemos como la retórica y diarrea verbal está por encima de los reales intereses comunitarios; y la historia no miente, cuando el Caos reina, los únicos beneficiarios son los que lo generan.

¿Hasta cuándo las minorías ruidosas seguirán gobernando a las mayorías silenciosas?

En Nuevo León, seguimos teniendo índices alarmantes de contaminación ambiental, de inseguridad, una nula movilidad que amenaza con colapsar la productividad, y aunque la narrativa oficial, busque soslayarla; la crisis hidráulica para nada que ha terminado.

Y, sin embargo, seguimos viendo como los grupos políticos siguen “jugando a las vencidas” agobiados por los “humos del poder”, y lamentablemente, los otroras grupos empresariales influyentes y respetados; pareciera que están más interesados en privilegiar la industria del Deporte y Entretenimiento, que defender la Vocación Productiva y de la Legalidad, de nuestra Entidad.

La primera mención histórica de este símbolo universal, la bandera blanca, tiene registro cuando Tito Livio escribió que un barco cartaginés, enarboló telas blancas y ramas de olivo, como una señal de rendición durante la Segunda Guerra Púnica.

Cuando aparecía la “bandera blanca” en alguna batalla, era un mensaje que prohibía específicamente abrir fuego contra quienes la portaran y al mismo tiempo obligaba a los portadores a no fingir sus intenciones de negociar su rendición.

Rendición, que muchas veces a lo largo de la historia se ha dado bajo la premisa de que cuando, se privilegian los intereses comunitarios, sobre los individuales, en el corto plazo se “gana perdiendo”. Obvio que para entenderlo debe existir mesura y altura de miras.

Porque Nuevo León, lo merece, ya vamos tarde para sentarnos a dialogar y privilegiar los consensos sobre los disensos.

¿Quiénes serán los Honorables Nuevoleoneses ( aunque se enoje Samuel García y sus querientes quienes dicen que ahora deben ser neoloneses, nada más porque ellos lo dicen) que se armen de valor y muestren la bandera blanca, sin importar sacrificar SUS intereses para privilegiar el Bien Común?

¿Quién dijo yo?

Muchas gracias por tomarse el tiempo para leerlo.

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