POR KUKULKAN
JUSTO cuando creíamos que la hipocresía política ya había alcanzado su límite de exportación, aparece Marko Cortés reclamando —con dedo flamígero y ceja levantada— que México se ha vuelto “cómplice financiero” del régimen cubano. ¡Qué escándalo! ¡Petróleo a Cuba! Como si no se supiera que desde hace tres sexenios ese barco ya había zarpado… cargado con crudo, acuerdos de deuda, y una buena dosis de memoria selectiva.
LA ÚLTIMA perla de nuestro moralizador de cabecera fue decir, solemnemente en comunicado oficial, que el Gobierno de México es “cómplice financiero” de un régimen autoritario por enviar petróleo a Cuba. Y que esa operación, por si no quedaba claro, se hace “en completa opacidad” mientras México enfrenta crisis en seguridad, educación, desastres y hasta infraestructura. Cortés exige cifras detalladas (volúmenes, puertos, buques, rutas, justificantes… y, por qué no, la canción de embarque firmada por Fidel desde el más allá).
PERO vamos a poner algunas cositas sobre la mesa antes de prender antorchas. Primero: México ha tenido un historial de cooperación financiera y petrolera con Cuba que viene de antiguo. Durante el gobierno de Felipe Calderón, por ejemplo, se firmó un convenio con Cuba para reestructurar una deuda de unos 400 millones de dólares que la isla mantenía con Bancomext, con la intención de reactivar el comercio bilateral y permitir financiamiento para exportaciones mexicanas a la isla.
DESPUÉS, en 2013 —ya con Enrique Peña Nieto— México condonó el 70% de más de 487 millones de dólares de deuda que Cuba tenía con México, en un acuerdo que facilitó la normalización diplomática y económica entre ambos países.
O SEA, que antes de que la presidenta Claudia Sheinbaum acordara envíos petroleros “humanitarios”, ya había historia de acuerdos financieros con el gobierno cubano desde hace años, con panistas y priistas de por medio.
VAMOS al quid del asunto: lo que México envía no es nuevo ni un disparate actual en términos históricos. Las exportaciones petroleras a Cuba han alcanzado niveles máximos en 2025, duplicando su valor gracias a decisiones tomadas ya en el mandato de Sheinbaum y siguiendo una tendencia que incluso se intensificó desde finales de 2023. Esas ventas —valuadas en más de 543 millones de dólares entre enero y octubre de 2025— son el nivel más alto desde que Banxico lleva registros (desde 1993).
¿Y POR QUÉ, pura filantropía ideológica? No necesariamente. El propio gobierno sostiene que estos envíos tienen contratos formales o carácter humanitario, y no han aumentado más allá de lo “histórico”, aunque México haya emergido como uno de los proveedores clave de combustible para la isla cuando Venezuela redujo sus envíos y el embargo estadounidense aprieta la economía cubana. Pero a Marko Cortés le sonó mejor hablar de “régimen autoritario” financiadísimo y de que México se convirtió en una “chequera ideológica” de medianoche.
QUIZÁ Cortés no recuerda —o convenientemente omite— es que cuando México condonó deuda en 2013, o cuando Bancomext reestructuró pagos bajo Calderón, nadie salió con antorchas a quemar Pemex por “financiar a un régimen autoritario” en ese entonces. Si vamos a juzgar a México por cooperar, habría que preguntarse también si los que ahora señalan con el dedo estuvieron alguna vez a favor de estos mismos acuerdos cuando les tocó gobernar. Porque olvidar ese pasado reciente (y documentado) es fácil… y políticamente cómodo. Lo que no es tan fácil es justificar un moralismo de telenovela cuando la historia económica y diplomática de México con Cuba es, claramente, de muchos capítulos y muchos protagonistas.


