El manual de la maroma: soberanía según el rating

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POR KUKULKAN

EN MÉXICO la derecha tiene un superpoder que no se enseña en Harvard ni se compra en Wall Street: la narrativa reversible. Una especie de navaja suiza discursiva que sirve para todo y para lo contrario de todo. Hoy exige intervención directa de Estados Unidos; mañana ve un avión militar en Toluca y entra en trance patriótico, como si acabaran de desembarcar marines en Chapultepec con banda de guerra y todo.

LA ESCENA del avión fue perfecta para el drama. Un aparato de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos aterriza en el Aeropuerto de Toluca —según la versión oficial, para un movimiento logístico: subir personal mexicano que iría a capacitación— y la oposición encontró su telenovela de mediodía: “¡Vulneración de la soberanía!”, “¡entreguismo!”, “¡la Presidenta arrodillada ante Donald Trump!”. Se les olvida, convenientemente, que la soberanía para ellos es como la dieta: se presume cuando conviene y se rompe cuando hay antojo. 

Y ES QUE no hay que ir muy lejos para encontrar el otro capítulo, el que no les gusta recordar. Ahí están los viajes, declaraciones, cartas, gestiones y peregrinaciones de senadores, políticos y empresarios que han pasado los últimos años vendiendo la idea de que México necesita que el vecino del Norte venga a “poner orden”. Para algunos, el “apoyo” de EE.UU. no sólo es deseable: es urgente, heroico, casi providencial. Y si hace falta, pues se adorna el pedido con la palabra mágica: “intervención”, pronunciada como quien pide una segunda ronda de tequila: con valentía… desde la comodidad del micrófono.

PERO luego ocurre un hecho real —un avión aterriza, empiezan a colaborar ambos países, se coordina la logística de capacitación en seguridad— y entonces se activa el modo águila real: “¡La soberanía no se negocia!”. Qué lindo es el patriotismo cuando cabe en un tuit, cuando no exige coherencia, cuando sirve para golpear al gobierno en turno. La soberanía como utilería, como bandera de utilería: se saca, se agita, se guarda. 

LO MISMO pasa ahora con la entrega del segundo paquete de criminales ligados a cárteles. Primero, el estribillo: “el gobierno no hace nada”, “abrazos”, “impunidad”, “México es un narcoestado”. Luego, el gobierno coopera y ocurre la entrega. ¿Y qué sigue? La misma maroma, pero al revés: “¡Sheinbaum se pone a los pies de Trump!”. Ahí está el truco: si no actúa, es incompetente; si actúa, es servil. Es el cuento de nunca acabar, pero con presupuesto para publicidad.

LA FÓRMULA es impecable: que el gobierno pierda siempre. Si Sheinbaum desafía a Trump, entonces la derecha grita como si se hubiera incendiado la Bolsa de Valores: “¿Cómo se atreve? ¡Nos va a meter en problemas!”. Pero si coopera, entonces el grito es de ultratumba: “¡No defiende la soberanía!”. En ambos casos, el objetivo es idéntico: construir la sensación de crisis permanente, de desgobierno eterno, de colapso inminente… aunque el país siga girando.

Y TODO esto ocurre en la vorágine mediática donde el contexto se estorba. La explicación oficial de que no hubo tropas entrando al país, de que era un traslado ligado a capacitación y autorizado por autoridades mexicanas, no importa: la oposición no discute hechos, discute emociones. Su mercado no es la evidencia, es la indignación. Y la indignación necesita combustible: la palabra “soberanía” es gasolina premium.

EL TRUCO es viejo: se pide intervención cuando conviene al relato del caos (“México está perdido, que venga el sheriff”) y se pide soberanía cuando conviene al relato del sometimiento (“México está entregado, nos gobiernan desde Washington”). Son dos máscaras del mismo personaje: la oposición que vive de que todo esté mal, incluso cuando algo se mueve.

LO MÁS divertido —si no fuera tragicómico— es que este patriotismo de ocasión suele venir de los mismos que durante décadas vendieron “cooperación” como sinónimo de subordinación económica; los que aplaudieron tratados, privatizaciones y aperturas sin ruborizarse. Pero ahora el avión en Toluca los convierte en guardianes del Álamo.

EL PROBLEMA no es que cuestionen. Cuestionar es saludable. El problema es que no cuestionan para entender: cuestionan para ganar el titular.

Y CON ESA lógica, el país no importa; importa el encuadre. No importa si el avión era logística o entrenamiento; importa que parezca invasión. No importa si la entrega de criminales golpea al narco; importa que parezca genuflexión. Así va la cosa en este Nido de Víboras: la derecha tiene soberanía a la carta. Un día la pide prestada, al siguiente la defiende como reliquia. Y mientras tanto, el ciudadano mira el show y se pregunta: ¿en qué momento la política se volvió una competencia de maromas… y no de soluciones? 

@Nido_DeViboras

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