- Tienen el reto de sacar al PRI del gobierno estatal, el último de sus bastiones.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
SALTILLO, COAH.— La alianza anunciada entre Morena y el Partido del Trabajo en Coahuila no fue un acuerdo electoral más, sino la primera prueba concreta de unidad política de la Cuarta Transformación con visión de largo plazo, una señal de fortaleza interna y de continuidad que rebasa el horizonte inmediato de 2026 y se proyecta más allá de 2030.
En un escenario históricamente dominado por el PRI, la decisión de ir juntos representa un mensaje político doble. Por un lado, cerrar filas para disputar uno de los últimos bastiones del priismo; por el otro, demostrar que las tensiones recientes dentro del bloque gobernante —incluidas las diferencias por la reforma electoral— no fracturaron el proyecto común.
Durante el anuncio, las dirigencias nacionales de Morena y del PT dejaron claro que la alianza no responde a un cálculo coyuntural ni a un “toma y daca” de candidaturas, sino a una estrategia de consolidación política que busca extender el proyecto de la Cuarta Transformación en territorios donde aún no se ha concretado la alternancia.
La presidenta nacional de Morena, Luisa María Alcalde, subrayó que la coalición en Coahuila es parte de un proceso más amplio de fortalecimiento del movimiento, y advirtió que la oposición ha apostado reiteradamente a una ruptura interna que no ha ocurrido. La alianza, dijo, no solo llega unida a la contienda local, sino con la convicción de que el cambio político en el estado es posible si se enfrenta al PRI con cohesión y estructura.

En el mismo sentido, el dirigente nacional del PT, Alberto Anaya, sostuvo que el acuerdo tiene una lectura histórica: Coahuila simboliza décadas de control priista, y disputar ese poder con una coalición sólida implica romper inercias políticas profundamente arraigadas.
Para el PT, insistió, la continuidad de la alianza con Morena no se limita a un proceso electoral específico, sino a la consolidación de un proyecto de transformación que requiere tiempo y estabilidad.
El mensaje de fondo fue claro: la alianza no se desmoronó ante las amenazas previas ni los amagos de ruptura que marcaron el debate nacional en meses recientes. Además, el acuerdo adquiere relevancia nacional porque se produce en un contexto donde el bloque opositor atraviesa una profunda crisis de liderazgo y narrativa, mientras el PRI intenta conservar sus últimos bastiones territoriales.
Sobre ese tablero, Coahuila se convierte en un laboratorio político: si Morena y el PT logran articular una candidatura competitiva y una campaña territorial efectiva, el golpe simbólico al priismo sería mayúsculo.


