De corcholatas a colchonetas: la resaca del poder en Morena

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POR KUKULCÁN

EN MORENA, las colchonetas no son para acampar: son para amortiguar las caídas. A un año de haber sido derrotados en la consulta interna rumbo a la Presidencia de la República, tres de las cuatro corcholatas presidenciales de 2024 hoy yacen políticamente recostadas, tratando de que el golpe no haya sido mortal. El tiempo pasó, la victoria ajena se consolidó y la realidad hizo lo suyo: la sucesión no perdona ni la nostalgia ni el ego.

EL PRIMERO en asomarse al balcón del desgaste fue Ricardo Monreal, veterano del sistema, sobreviviente profesional de tormentas internas y especialista en leer los vientos… aunque esta vez el huracán lo alcanzó de frente. Desde el Senado, Adán Augusto López —entonces todavía con músculo político intacto— lo acusó de un presunto desfalco millonario durante su etapa como coordinador de la bancada en la Cámara Alta.

NO FUE un rumor filtrado ni un trascendido malintencionado: fue una acusación pública entre compañeros de causa, de esas que dejan cicatriz. Siguió el intercambio de declaraciones, las amenazas de denuncias penales y el ritual ya conocido del pleito que crece para luego apagarse con una foto, un apretón de manos y la promesa tácita de ‘aquí no pasó nada’. Pero sí pasó. Y dejó factura. Porque el siguiente en caer fue el propio Adán Augusto.

LA FISCALÍA de Tabasco ventiló que Hernán Bermúdez Requena, su exsecretario de Seguridad cuando fue gobernador, estaba presuntamente vinculado con La Barredora, una organización criminal que no aparece precisamente en los libros de texto cívico. El escándalo fue inmediato y el linchamiento mediático fulminante. El golpe no fue directo, pero sí letal: cuando el jefe de seguridad cae, el exjefe nunca sale ileso. Adán Augusto resistió unos días, defendió su honor, habló de fuego amigo y de conspiraciones internas —sin dar nombres, porque en Morena todos se conocen— y finalmente renunció a la coordinación de la bancada en el Senado.

ESO SÍ, se quedó con la curul y se declaró “soldado de la 4T”. Traducción política: me repliego, pero no me retiro. Aunque el daño ya estaba hecho. Lo irónico es que casi en sincronía quirúrgica, Ricardo Monreal anunció que también tenía lista su renuncia a la coordinación en San Lázaro ‘por si fuera necesario’. Un gesto solidario, dijeron algunos; un mea culpa preventivo, dirían los malpensados. En política, quien avisa no traiciona… pero tampoco se salva.

EL TERCER aspirante presidencial en caer no lo hizo por fuego cruzado, sino por incongruencia. Gerardo Fernández Noroña, tribuno incansable de la austeridad republicana, descubrió que el verdadero enemigo no era la derecha, sino el estilo de vida. Casa millonaria, autos de lujo y viajes en clase preferente fueron suficientes para desatar una tormenta de críticas, sobre todo entre una militancia que sigue viajando en autobús y pagando boletos de segunda.

NO FUE ilegal, pero sí letal políticamente. Porque en Morena no se castiga tanto el exceso como la contradicción. Y Noroña, que hizo carrera señalando privilegios ajenos, terminó convertido en postal de aquello que decía combatir. Resultado: tres corcholatas fuera del tablero sucesorio, no por decreto, sino por desgaste. La política no siempre mata de golpe; a veces asfixia lentamente.

POR AHORA, la excepción es Marcelo Ebrard. El excanciller reciclado en secretario de Economía ha logrado mantenerse lejos del escándalo, enfocado en inversiones, comercio y negociaciones internacionales. Su perfil técnico lo mantiene a flote y sus aspiraciones rumbo a 2030 siguen vivas, aunque nadie en Morena tiene boleto garantizado. Y es que sobre el tablero ya comienzan a moverse otras piezas que pesan: Omar García Harfuch. Seguridad, resultados, narrativa de eficacia y cercanía con la presidenta lo colocan como favorito prematuro, aunque faltan cinco años y en política adelantarse suele ser el primer error.

POR LO PRONTO, Morena ya aprendió una lección que antes era ajena: no todos los sobrevivientes de una interna sobreviven al tiempo. Las colchonetas ayudan a no romperse, pero no sirven para volver a levantarse. Y en el Nido de Víboras, el que se queda demasiado tiempo tirado… termina siendo parte del mobiliario.

@Nido_DeViboras

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