POR KUKULKAN
EN LA RELOJERÍA política de la Cuarta Transformación hay un problema curioso: el maestro relojero jura que todo está bajo control… pero los relojes llevan rato corriendo por su cuenta. Y no uno. Todos. Desde Palacio Nacional se ha marcado la hora oficial con precisión suiza: “no son tiempos electorales”, “hay que respetar los procesos”, “nada de campañas anticipadas”. Pero en Quintana Roo, donde el clima es húmedo y la política más, los engranajes han venido girando a otra velocidad. Aquí los segundos se adelantan, los minutos se atropellan y el calendario… bueno, ese ya va en 2027 desde hace meses.
LA PRESIDENTA Claudia Sheinbaum visitó Cancún, vio… y advirtió. Un llamado sobrio, institucional, casi maternal: no se adelanten. Pero en cuanto el avión despegó, los relojes locales volvieron a su estado natural: descompuestos, acelerados y con pila nueva. Si algo ha demostrado Morena —ese gran relojero del sistema político actual— es que puede diseñar el mecanismo… pero no controlar a los relojes. Ahí están, por ejemplo, los aprendices de cronómetro en Quintana Roo, midiendo el tiempo electoral con métricas propias: likes, views y encuestas de fantasía.
LAS REDES sociales están convertidas en el nuevo reloj de bolsillo, donde cada aspirante marca su propia hora… y casualmente todos van en primer lugar. El desfile es digno de una vitrina. Uno reparte comida en plazas públicas, pero no sin antes asegurarse de que la cámara esté bien encuadrada. Porque en esta nueva filantropía digital, si no se sube a redes… no cuenta. El altruismo, que antes era silencioso, ahora viene con edición, música de fondo y subtítulos.
OTRO, más creativo, decidió que la política ya no basta y optó por el multiverso. Con ayuda de inteligencia artificial, se transformó en superhéroe: capa, tucán y misión social incluida. Surca los cielos de Quintana Roo repartiendo mochilas como si fueran justicia social en versión animada. Si esto no es innovación política, al menos es entretenimiento. Y mientras tanto, en la gran maquinaria de Morena, los engranes empiezan a rechinar.
LA REALIDAD es que el reloj no sólo se adelantó… también se descompuso en dos. De un lado, los verdes —literal y políticamente— empujando a sus propios candidatos, con encuestas infladas como globos de feria. Del otro, los morenistas de cepa, reclamando origen, territorio y derecho de antigüedad. En medio, un silencio incómodo: ni alianza confirmada ni ruptura declarada. Sólo una ausencia que dice más que mil discursos… como cuando Quintana Roo desapareció misteriosamente de la lista de aspirantes presentada por el operador del Verde.
SE TRATA de un estado sin hora definida en el reloj nacional. Pero eso no ha frenado a nadie. Si algo caracteriza a esta carrera es que nadie espera el disparo de salida. Aquí se corre antes de que empiece la competencia. Se inaugura la meta sin pista. Se gana la encuesta antes de levantarla. Incluso hay reuniones, foros, “encuentros informativos” —porque campaña sería muy obvio— donde se habla del futuro, del proyecto, del segundo piso… todo muy institucional, muy orgánico, muy casual.
TAN CASUAL que coinciden exactamente con los territorios donde habrá elecciones. Pura coincidencia, claro. Y mientras los aspirantes recorren colonias, saludan en mercados y reparten sonrisas (y algo más), en la mesa central Morena intenta ajustar el reloj. Nombró consejeros, organizó congresos, llamó a la unidad. Como buen relojero, calibró, ajustó, afinó. Pero los relojes ya no están en la mesa. Están en las calles, en las redes, en los celulares de millones. Y cada uno marca su propia hora.
QUIZÁS ese sea el verdadero problema: Morena diseñó un sistema donde el tiempo político se mide en percepción, no en calendario. Y ahora que todos juegan con esa lógica, el control se vuelve una ilusión. En Quintana Roo, el tiempo no lo dicta el Instituto Electoral. Lo dicta el algoritmo. Y contra eso, ni el mejor relojero tiene herramienta.



