Elmer Ancona Dorantes
Tal parece que los gobiernos del estado y el municipal nos ven como ciudadanos de cuarta. Todo el tiempo en el que he vivido en Cancún he padecido un sistema de transporte público no solo deprimente, sino indigno y hasta cruel.
Es un trato que no merece ningún cancunense. Todos pagan sus impuestos puntualmente, hasta los que no tienen la oportunidad de contar con un auto particular que los traslade por toda la ciudad.
Haré de manera puntual un diagnóstico personal de lo que he visto ─y padecido─ en este insultante sistema de transporte público al que puedo calificar como de los peores de todo el país ¿Acaso las autoridades no se han dado cuenta?
1.- Todo un mugrero: Apenas ayer me subí a un camión de la Ruta 26, esa que abordo casi todos los días desde la Rehoyada hasta Polígono Sur. Mis pies, como el de los demás pasajeros, se sumergía entre la basura. Era un muladar. Y eso es diario. Parece que nadie barre esas unidades, que nadie los obliga a hacerlo. Basura que, además, genera olores pestilentes.
2.- Cantinas ambulantes: Pensé que sólo pasaba en los camiones que van y vienen por la Zona Hotelera, pero no. Ya se hizo costumbre que la gente (principalmente hombres) suban con sus “six” de cervezas y las vayan consumiendo durante todo el trayecto.
En uno de esos viajes nocturnos (siete pm) se subieron dos varones a la Ruta 15 y, olímpicamente, se fueron bebiendo las caguamas que llevaban a la mano; además, fueron molestando y tocando el cabello a una jovencita que salía de trabajar en la Zona Hotelera.
El conductor del bus no les dijo absolutamente nada; algunas personas, ya malhumoradas, estuvieron a punto de bajarlos a golpes ¿Tenemos la necesidad de estar padeciendo esto, todos los días? Lo mismo sucede con la Ruta 6. Cheleros hasta la muerte.
3.- Antros a bordo: Como si fuese poco ─y por eso se caracteriza la Ruta 6 en la que viajo constantemente─, los conductores de las combis ponen a todo volumen sus ridículas canciones como si los pasajeros tuviesen los mismos gustos musicales.
Y aunque fuese ópera, clásica o romántica, nadie les da el derecho de poner sus cuatro bocinas, colocadas estratégicamente bajo los asientos, a todo lo que da. Los decibeles son aturdidores y ninguna autoridad mueve un solo dedo para regular eso.
4.- Vulgaridad a flor de piel: El hecho de que los conductores del transporte público carezcan de educación y hayan crecido en hogares donde impera la vulgaridad, no les da el derecho de ir platicando con sus copilotos, o con las personas con las que hablan en el celular, o con los choferes de otras combis, a gritar la bola de estupideces para que las escuchen los pasajeros ¿Quién les dijo que nos gustan sus albures, sus leperadas, o su forma coloquial de expresarse? ¿No hay alguien que les ponga freno?
5.- Trato cruel e inhumano: En el paradero cercano al Mercado 23 y al ADO, sobre la Tulum, pasan casi todas las rutas que van por la ciudad. Una persona adulta, de más de 60 años, con discapacidad motriz, bastón en mano, hizo la parada a los choferes de algunas rutas y nadie quiso esperar a que abordara.
Caminaba tan lento este señor por su condición física que en ninguna combi pudo subirse, por más que los demás gritábamos a los choferes que lo hicieran. Se arrancaban y se iban ¿Ese es el gobierno humanista del que tanto se habla en estos gobiernos?
Y así me podría seguir con otras tantas historias; podría mencionar, por ejemplo, que la mayoría de las combis y de los camiones de pasajeros son de los años 70. Están más que destartaladas. Visualmente son horrendas.
En otras unidades puedes ver piojos caminando por las ventanas, y te bajas rascándote la espalda o las piernas porque se ve que nunca las fumigan.
Y no se puede obviar el que las unidades de transporte vayan atascadas como latas de sardinas, con gente de pie a la que escurre el sudor que cae, gota a gota, en los pasajeros que van sentados.
En fin, ahora se pueden preguntar las autoridades estatales (Instituto de Movilidad) y municipales porqué el turismo nacional e internacional en Cancún va en picada. Este destino turístico terminará siendo más que bananero.
Estos destinos no sólo son hoteles, también son restaurantes, calles y avenidas limpias, es transportación. Y nadie puede justificar esta parálisis de movilidad con la clásica frase de “Eso pasa en todas las ciudades”. Se ve que no han viajado lo suficiente por el país. Basta voltear a Mérida para que tengan un claro ejemplo de lo que debe ser la movilidad en el transporte público.
Creo que los cancunenses merecen respeto, un trato digno y humano que no se ha visto en décadas, por lo menos en lo que se refiere a la movilidad en el transporte público. Lo peor ─con toda seguridad─, es que llegarán los tiempos en que en Cancún quede desolado, sin un turismo de calidad que quiera dejar su dinero en este destino vacacional.
Habrá otros que digan “la culpa es de los pasajeros sin educación”, pero ese es tema para otra ocasión. Es cierto, parte de la culpa la tienen los usuarios, pero para cambiar todo debe haber, por parte de los gobiernos, planes permanentes de capacitación (y multas) a los transportistas y campañas masivas para generar conciencia entre los ciudadanos.
Cancún, definitivamente, va en reversa.




