- En Ponylandia más de 185 personas con discapacidad y sus familias han encontrado algo que a veces la ciudad les niega: un espacio donde el mundo está diseñado para que todos pertenezcan.
IGNACIO CANUL
MÉRIDA, YUC.- El sol de la mañana se filtra entre las ramas, pero el verdadero calor no proviene del clima, sino de las risas que llenan el aire en Ponylandia.
No es un día cualquiera, es una jornada donde las barreras se disuelven entre el pelaje suave de un pony y el balido curioso de una cabra.
Aquí, más de 185 personas con discapacidad y sus familias han encontrado algo que a veces la ciudad les niega: un espacio donde el mundo está diseñado para que todos pertenezcan.
La invitación, extendida por el Instituto para la Inclusión de las Personas con Discapacidad (Iipedey), transformó este rincón natural en un escenario de descubrimiento.
Niñas, niños, jóvenes y adultos con diversas discapacidades —auditiva, intelectual, motriz y psicosocial— se acercan con cautela o entusiasmo desbordado a los corrales.
En este entorno seguro, el contacto con cerdos, chivos y caballos no es solo recreación, es un puente hacia la autonomía y la conexión emocional.
Para Manuel y Abi, dos jóvenes con discapacidad visual, el mundo se reveló a través de las manos.
“Pocas veces tenemos la oportunidad de estar así de cerca”, comentaron con sonrisas que iluminaban sus rostros.
Para ellos, la experiencia no fue visual, sino táctil y olfativa; el roce de la nariz húmeda de un animal, el sonido de los cascos sobre la tierra y la sensación de alimentar directamente a un ser vivo, fue una lección de vida que el asfalto urbano rara vez permite.
Entre el bullicio, la madre de un pequeño con Síndrome de Down observa conmovida cómo su hijo interactúa con la naturaleza.
Para ella, estas jornadas son un respiro necesario. “Verlos disfrutar mientras nosotros, como familia, convivimos en paz es invaluable”, asegura.
En el marco de las conmemoraciones por el Día de Concienciación sobre el Autismo y el Día de la Niñez, la actividad se convirtió en un recordatorio de que la inclusión empieza con el acceso a la alegría compartida.
Esta visita no es un esfuerzo aislado, sino una pieza clave de la estrategia “Renacer con inclusión”.
Al promover el respeto y la no discriminación en espacios recreativos, el Iipedey busca que la integración sea una realidad cotidiana y acompañada.
Al final del día, mientras las familias se despiden de los animales, queda claro que la naturaleza no juzga; simplemente ofrece un espacio donde el bienestar y la dignidad humana florecen en igualdad de condiciones.


