- El sur de Quintana Roo ha vivido una constante búsqueda de fórmulas para recuperar el dinamismo perdido.
AGUSTÍN AMBRIZ
CHETUMAL, Q. ROO.- Por décadas, Chetumal construyó su identidad económica alrededor de una palabra: Zona libre. La capital de Quintana Roo fue durante buena parte del siglo XX un destino comercial obligado para compradores de toda la Península de Yucatán e incluso del resto del país. Las calles del centro, especialmente la avenida Héroes, se llenaban de visitantes atraídos por productos importados difíciles de encontrar en otros lugares y a precios competitivos gracias a los beneficios fiscales de la frontera sur.
Pero, aquel auge terminó abruptamente. “Hasta que un día vino Salinas y dijo: mañana se cierra la zona libre, y se cerró”, recuerda la empresaria Victoria Noemí Canto Chacón, mejor conocida como ‘Mimi’ Canto. Su relato resume uno de los episodios más recordados por los comerciantes chetumaleños: la desaparición de los beneficios fiscales durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
A partir de entonces, afirma, comenzó una persecución contra quienes intentaban liquidar sus inventarios. En los retenes se confiscaban mercancías a compradores y visitantes, provocando que la afluencia comercial se desplomara.
Desde entonces, el sur de Quintana Roo ha vivido una constante búsqueda de fórmulas para recuperar el dinamismo económico perdido. Con el tiempo, la recuperación de la zona libre se convirtió en una de las principales banderas políticas de prácticamente todos los gobiernos.
La apuesta más ambiciosa llegó durante el gobierno de Carlos Joaquín González (2016-2022). En agosto de 2019 se anunció el inicio de inversiones para el Parque Industrial con Recinto Fiscalizado Estratégico (RFE), considerado la pieza central de una nueva estrategia económica para la frontera sur.

La promesa era convertir a Chetumal en una plataforma logística para el comercio internacional, atraer empresas nacionales y extranjeras, impulsar el nearshoring y generar miles de empleos.
Para ello se destinaron más de 130 millones de pesos en infraestructura para el parque industrial y el Recinto Fiscalizado Estratégico. Tiempo después se proyectaron recursos adicionales por alrededor de 6 millones de pesos para nuevas adecuaciones y obras complementarias. Sin embargo, años después, la infraestructura existe, pero las empresas no llegaron en la cantidad esperada.
Con el gobierno federal de la Cuarta Transformación llegaron nuevos decretos para la Zona Libre de Chetumal y, el impulso del proyecto del Tianguis del Bienestar Yum Kaax, que prometía convertir nuevamente a la capital en un polo comercial. Entre los beneficios del nuevo documento presidencial emitido en 2024, destacan reducciones en el pago del ISR e IVA, estímulos en derechos aduaneros y exención total del impuesto general de importación para ciertas mercancías, lo que fue recibido con muchas expectativas por el sector empresarial.
Como complemento del Recinto Fiscalizador Estratégico, el gobierno de Mara Lezama impulsó el Tianguis del Bienestar Yum Kaax. La obra fue adjudicada a ICA (Ingenieros Civiles Asociados) y contemplaba un área de 14 mil metros cuadrados de construcción comercial, cerca de 50 mil metros cuadrados de áreas abiertas, locales comerciales, bodegas, áreas de servicios, así como espacios para productores y distribuidores.
Fue presentado como una pieza clave para la nueva zona libre, el complejo fue concebido para albergar comercios que aprovecharían los estímulos fiscales otorgados por el decreto presidencial, pero muy pronto las expectativas se vinieron abajo por diversas circunstancias.

Para muchos comerciantes, el proyecto nació desconectado de la realidad local. Mientras se construían nuevos locales en las afueras, decenas de establecimientos permanecían cerrados en el centro histórico de la ciudad. Otro factor que provocó el desaliento, fue que la constructora pretendía cobrar 17 mil pesos por la renta mensual de cada local, lo que por obvias razones fue rechazado por los comerciantes de Chetumal.
A partir de ese desencuentro el recinto se dejó a medias, fue abandonado y hoy luce en grave deterioro con la consecuencia de que los beneficios económicos prometidos siguen sin materializarse para la mayoría de la población. Algunos locales, hoy sirven como vivienda de vagabundos.
Esta falta de actividad económica en Yum Kaax ha alimentado la percepción de que se trató de una obra pensada más para el acto inaugural y para la foto oficial que para una operación sostenible.
Entre las graves atenuantes de la obra, la empresaria Mimi Canto considera que el principal error fue intentar reconstruir la zona libre lejos de donde históricamente funcionó. Recuerda que durante las décadas de esplendor era imposible encontrar estacionamiento sobre la avenida Héroes.
Los visitantes recorrían las tiendas con productos extranjeros, consumían en restaurantes de la zona y generaban una intensa actividad económica.
Hoy, en cambio, la zona libre se trasladó a un complejo de bodegas ubicado en las afueras de la ciudad. “La gente está acostumbrada a entrar a una tienda, escoger una blusa, un pantalón, una vajilla. Lo que hicieron son bodegas de zona libre, no tiendas de zona libre“, sostiene.
A su juicio, el modelo actual ignora la verdadera vocación comercial de Chetumal, por lo que considera que el decreto podría ser exitoso si se permitiera nuevamente la operación de comercios en el centro de la ciudad, especialmente en la avenida Héroes, Juárez y Cinco de Mayo.
Considerada como una de las impulsoras del comercio en Chetumal, doña ‘Mimi’ Canto todavía cree que existe una oportunidad para revivir aquel auge económico que durante décadas atrajo compradores de todo México, aunque no todos comparten ese optimismo, sobre todo las nuevas generaciones.
La empresaria Deborah Angulo Villanueva plantea una visión distinta. Para ella, muchos de los proyectos impulsados en los últimos años parten de una lectura equivocada de la realidad económica actual.
“Hoy con un clic puedes comprar cualquier cosa desde China y te la traen hasta tu casa. Pensar que un turista va a viajar específicamente a Chetumal para comprar productos importados como sucedía antes, deja fuera la realidad de la economía mundial“, advierte.
Desde esta perspectiva, la zona libre enfrenta un problema estructural: intenta reproducir un modelo comercial exitoso de hace cincuenta años en un mundo dominado por el comercio electrónico, la globalización y nuevas dinámicas de consumo.

Angulo considera que muchos proyectos fracasan porque son concebidos desde el escritorio, sin analizar suficientemente la demanda real ni las condiciones actuales del mercado. Su conclusión es contundente: el problema no es únicamente la falta de inversión, sino la falta de planeación estratégica.
La batalla de las reglas que nunca llegan
Uno de los argumentos más repetidos entre empresarios es que el decreto existe, pero carece de mecanismos claros para aplicarse. Josué Osmani Palomo Hoil, presidente de la COPARMEX, sostiene que el problema central no es estatal sino federal.
Según explica, aunque existen beneficios fiscales sobre papel, las autoridades federales nunca terminaron de definir con claridad las reglas operativas necesarias para poner en marcha el esquema comercial.
“Tenemos el decreto, pero no tenemos reglas claras de operación”, afirma.
A su juicio, las dudas comienzan desde aspectos elementales: si los beneficios aplican por polígono, por empresa, por persona física o moral, cómo se coordinará el SAT y cómo se controlará el tránsito de mercancías.
Osmani también señala una excesiva centralización de decisiones en el gobierno federal, así como problemas de coordinación entre aduanas, migración y otras dependencias que terminan obstaculizando el proyecto.
Dentro de la propia cámara empresarial hay quienes sostienen la visión de que sí existen las condiciones para que el decreto de la zona libre sí funcione. José Luis Minguer, ex presidente de Coparmex Chetumal, considera que el proyecto sigue siendo viable y que posee ventajas competitivas importantes.
Desde su perspectiva, el Recinto Fiscalizado Estratégico fue diseñado para aprovechar fenómenos como el nearshoring y la cercanía geográfica con Centroamérica, el Caribe y la costa este de Estados Unidos.
Minguer asegura que los incentivos fiscales otorgados por el decreto son suficientemente atractivos y que el verdadero problema es que las autoridades no han definido de manera definitiva el perímetro donde operará la zona libre comercial.
“Tenemos un decreto que no hemos utilizado”, lamenta.
Para él, abandonar el proyecto sería un error. Considera que el sur necesita una estrategia distinta para competir frente a Belice y atraer inversiones.

El problema de fondo: el sur sigue sin despegar
Más allá de las diferencias sobre las causas, los entrevistados coinciden en un punto: el sur de Quintana Roo (la capital del estado) continúa atrapado en un ciclo de promesas incumplidas.
Gobierno tras gobierno, aparecen nuevos proyectos con nombres distintos: Zona Libre, Recinto Fiscalizado Estratégico, Tianguis del Bienestar, Barrio Mágico, Tren Maya, Polos de Desarrollo para el Bienestar.
Pero los resultados siguen sin reflejarse en la economía cotidiana de la población.
Deborah Angulo describe un sentimiento cada vez más extendido entre empresarios y ciudadanos: el desaliento.
“Hay una desilusión de que algo pueda suceder”, resume.
La paradoja es evidente. Chetumal es la capital política de Quintana Roo, pero lleva décadas luchando por recuperar el protagonismo económico que alguna vez tuvo. Los decretos existen. Los anuncios también. Las inversiones públicas se han realizado. Se construyeron bodegas, se levantaron edificios y se emitieron beneficios fiscales.
Sin embargo, el resultado tangible sigue siendo limitado. El Recinto Fiscalizado Estratégico continúa buscando empresas interesadas en instalarse. Yum Kaax permanece prácticamente inactivo. Las calles del centro siguen lejos de aquellas épocas en que miles de visitantes recorrían la avenida Héroes.
Entre la nostalgia de quienes vivieron la antigua zona libre y el escepticismo de quienes consideran que ese modelo ya pertenece al pasado, persiste una realidad difícil de ignorar:
Por más decretos, inversiones y proyectos anunciados, el sur de Quintana Roo sigue sin encontrar la fórmula que le permita despegar.





