- El crecimiento del uso de motocicletas tomó desprevenido a autoridades de la Ciudad en materia de infraestructura, seguridad vial y contaminación.
STAFF / AR
CIUDAD DE MÉXICO.- El crecimiento del uso de motocicletas tomó desprevenido a autoridades de la Ciudad en materia de infraestructura, seguridad vial y contaminación.
Ante faltantes en el transporte público, en especial en áreas de difícil acceso, las motocicletas llenaron las carencias y atendieron a la demanda de empleo y movilidad en zonas periféricas, señaló la especialista en planificación urbana Jimena David.
Sin embargo, en su ascenso a convertirse en una nueva opción de movilidad, aceleraron la polución en el aire de la Ciudad.
“Es importante entender de qué manera contaminan las motos porque la industria dice que contaminan menos que el auto y eso es engañoso.
“Las motos contribuyen al 30 por ciento de todo el monóxido de carbono de la Ciudad, los gases que salen de los escapes provocan fatiga, mareos y problemas respiratorios”, explicó.
De las 1.6 millones de partículas contaminantes de monóxido de carbono generadas en el Valle de México en 2022, 551 mil fueron provocadas por motocicletas, según datos del Inventario de Emisiones de la Ciudad.
La especialista expresó la necesidad de crear regulaciones ambientales dirigidas a las motocicletas, acompañadas de infraestructura vial para que dejen de representar un peligro a la salud.
Actualmente se discute el proyecto de Norma Oficial 175 que busca establecer límites máximos permisibles de emisión de contaminantes de la atmósfera que provengan de los escapes de las motocicletas.
“Así como no tenemos normas de emisiones, tampoco tenemos normas de seguridad como en los autos y eso implica que hoy cualquier moto puede circular y que las muertes de motociclistas son la única tasa que lleva 15 años en aumento”, apuntó.
La falta de regulación federal, recordó, también incluye a los Vehículos Motorizados Eléctricos Personales (Vemepes) que a partir del 1 de julio deberán portar placas para circular en la Ciudad, aunque carecen de normas para su fabricación y venta.
“Tenemos que preguntarnos cómo queremos que se mueva la Ciudad y entonces ir regulando vehículos para la última milla o para deliverys que puedan ser más seguros y menos contaminantes”, dijo la especialista.
Recordó que el servicio de mototaxis fue tolerado por muchos años porque satisfacía una necesidad de comunicación en zonas periféricas, pero encendió las alertas cuando plataformas hicieron viajes más largos con violaciones al reglamento de tránsito.
“El uso de las motos no se planeó, un día apareció y no teníamos las condiciones para integrarla al sistema de movilidad de una forma segura.
“Hay scooters que fácilmente alcanzan los 70 kilómetros por hora y esos claramente no pueden ir en una ciclovía, son prácticamente una moto, necesitamos delimitar bien las categorías”, agregó.




