El aguacate ya era famoso… faltaba que México se diera cuenta

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POR KUKULKAN

HAY COSAS que México hace muy bien. Una de ellas es producir aguacate. Otra, bastante menos presumible, es llegar tarde a reconocer el valor de lo que produce. Esta semana, entre discursos, fotografías oficiales y felicitaciones mutuas, la Secretaría de Economía anunció con bombo y platillo la Declaratoria de Indicación Geográfica “Aguacate Franja Michoacán”. Traducido al español de a pie: ahora el Estado mexicano protegerá legalmente el origen de uno de los productos más exitosos que ha salido de esta tierra.

LA NOTICIA es buena. Muy buena. La pregunta es: ¿apenas ahorita? Y es que mientras las autoridades celebraban el nacimiento del nuevo sello, el resto del mundo seguramente se preguntaba si aquello era una ceremonia de reconocimiento o una fiesta de cumpleaños número cien. El aguacate michoacano no se volvió famoso el martes. Tampoco el año pasado. Ni con este gobierno ni con el anterior.

EL AGUACATE mexicano lleva décadas conquistando paladares, llenando supermercados, apareciendo en programas de cocina, invadiendo redes sociales y convirtiéndose en protagonista de tendencias alimenticias en medio planeta. Cuando en Nueva York alguien presume su avocado toast. Cuando en Tokio preparan sushi con aguacate. Cuando en París lo sirven en una ensalada gourmet. Cuando en Los Ángeles se vacían toneladas de guacamole durante el Super Bowl, casi siempre hay un pedazo de Michoacán detrás de esa historia.

MIENTRAS tanto en México apenas se está terminando de ponerle candado legal a la puerta. Más vale tarde que nunca, dirán algunos. Y sí. Aunque también se debe reconocer que llevamos años viendo cómo otros países entienden mejor el valor de sus productos emblemáticos. Los franceses protegen sus vinos como si fueran reliquias familiares. Los escoceses hacen lo mismo con el whisky. Los italianos convierten cualquier queso regional en patrimonio casi sagrado.

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EN CAMBIO, aquí primero exportamos el prestigio y luego pensamos en registrarlo. Es como si alguien descubriera que tiene una joya en la sala después de verla pasar durante décadas frente a sus ojos. La ironía es todavía más grande cuando se escucha que el proceso fue complicado porque hay alrededor de 70 países que producen aguacate y eventualmente podrían intentar utilizar nombres o referencias similares. Pues claro. Porque cuando un producto tiene éxito, todo mundo quiere subirse al barco. Y eso precisamente era lo que se debía prever desde hace años.

NO ESTAMOS hablando de una fruta cualquiera. Estamos hablando del llamado “oro verde”, uno de los motores económicos más importantes del campo mexicano y de una industria que mueve miles de millones de dólares anualmente. Durante años el aguacate mexicano hizo el trabajo duro: abrir mercados, construir reputación y posicionar una marca de calidad reconocida internacionalmente. Ahora el gobierno llega con el acta de propiedad bajo el brazo. Algo es algo.

LO CIERTO es que la protección tiene sentido. En un mundo donde los consumidores exigen cada vez más trazabilidad, certificaciones y garantías de origen, contar con una indicación geográfica puede convertirse en una poderosa herramienta comercial. No se trata únicamente de decir que el aguacate viene de Michoacán. Se trata de vender una historia. La historia de una región productora, de un clima específico, de una tradición agrícola y de una calidad que el mercado internacional ya reconoce desde hace mucho tiempo.

SI ALGO tiene el aguacate michoacano es prestigio. Un prestigio que no construyeron los funcionarios en una conferencia de prensa. Lo construyeron miles de productores durante generaciones. Lo construyeron los empacadores. Los trabajadores del campo. Los exportadores. Y también los consumidores que, desde hace años, lo eligieron frente a competidores de otras partes del mundo. Por eso resulta curioso escuchar algunos discursos que presentan la declaratoria casi como si acabaran de inventar el aguacate.

CLARO que no. El aguacate ya era una celebridad global. La diferencia es que ahora tiene credencial oficial. Y qué bueno. En tiempos donde las marcas valen tanto como los productos, proteger el nombre de Michoacán era una tarea necesaria. Aunque haya llegado después de que el mundo entero ya supiera perfectamente de dónde venía el mejor aguacate. A veces México parece ese dueño que ve cómo su negocio se llena de clientes, sale en las revistas internacionales, conquista mercados y rompe récords de ventas… y hasta entonces decide ponerle letrero a la entrada. Por fortuna, el letrero ya llegó. Nomás faltaba.

@Nido_DeViboras

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