- El Estrecho de Ormuz ha dejado de ser el único punto de presión para el mercado energético mundial.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
WASHINGTON, EU.- El Estrecho de Ormuz ha dejado de ser el único punto de presión para el mercado energético mundial. Aunque la escalada entre Estados Unidos e Irán volvió a poner el foco en esa importante ruta petrolera; el verdadero problema detrás de los altos precios de los combustibles está en otro conflicto: la guerra entre Rusia y Ucrania.
Así lo aseguró el economista Paul Krugman norteamericano premiado con el Nobel en la materia, en un artículo donde señala que la caída del acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz tendrá un impacto menor al esperado.
La explicación es que la principal limitación actual no es la disponibilidad de petróleo crudo, sino la falta de capacidad para transformarlo en gasolina y diésel (refinarlo).
La tensión aumentó luego de que Estados Unidos retomó los bombardeos contra Irán, mientras drones iraníes atacaron embarcaciones comerciales.
Teherán, fortalecido por haber resistido la presión estadounidense, exige soberanía sobre el Estrecho de Ormuz; mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, sostiene que Estados Unidos tiene el control sobre la vía marítima, y planteó imponer un peaje del 20 por ciento.
Para Krugman, esta situación refleja las consecuencias de una política exterior estadounidense condicionada por las ambiciones personales de Trump, quien según el economista, buscó con la guerra una victoria rápida contra Irán que terminó convirtiéndose en un fracaso.
Sin embargo, el impacto económico de la crisis podría ser menor porque el cierre parcial de Ormuz no provocó el caos esperado.
Aunque por esa ruta transitaba cerca del 20 por ciento del suministro mundial de petróleo, los mercados encontraron alternativas para reducir el golpe.
Millones de barriles diarios comenzaron a circular mediante oleoductos que evitan el estrecho; productores externos al Golfo Pérsico, como Venezuela, incrementaron su producción. China redujo sus compras de crudo y parte de la demanda global fue cubierta con reservas acumuladas.
Esto explica por qué el precio del petróleo, después de subir hasta unos 45 dólares por barril cuando quedó claro que Irán mantenía capacidad para afectar el transporte marítimo, volvió casi a los niveles previos al conflicto, pese a que los flujos por el Estrecho de Ormuz nunca se restablecieron completamente.
Krugman advierte que observar únicamente el precio del crudo ofrece una visión incompleta. El costo que realmente afecta a los consumidores es el de los productos refinados como la gasolina y el diésel, y estos se mantienen elevados.
El economista explica que una referencia aproximada indica que tres barriles de petróleo crudo producen dos barriles de gasolina y uno de combustibles más pesado, como el diésel.
Por ello, el precio efectivo que pagan los consumidores aumentó mucho más que el del crudo: cerca de 75 dólares por barril frente a un incremento de alrededor de 45 dólares en el petróleo sin refinar.
Ese aumento redujo la demanda mundial de combustible y ayudó a mantener bajo el consumo de crudo, incluso cuando los precios internacionales del petróleo comenzaron a moderarse.
La razón detrás de los altos precios de la gasolina y el diésel es una escasez global de capacidad de refinación. Parte de esta limitación está relacionada con la pérdida de productos refinados que antes salían del Golfo Pérsico, pero el principal factor actual es la guerra entre Rusia y Ucrania.
Antes del conflicto, Rusia era uno de los grandes exportadores mundiales de productos petroleros refinados.
Sin embargo, Ucrania ha utilizado una creciente capacidad de ataques con drones contra la infraestructura energética rusa, especialmente contra refinerías.
Estos ataques han reducido la capacidad de Moscú para exportar gasolina y diésel, al punto de que el propio mercado interno ruso enfrenta escasez, largas filas en estaciones de servicio y la posibilidad de tener que importar combustibles refinados.
De acuerdo con el artículo de Krugman, esta situación dejó fuera de operación alrededor del 10 por ciento de la capacidad mundial de refinación, generando un problema que limita el beneficio de una eventual reapertura total del Estrecho de Ormuz.
Explica también que, aunque una apertura del paso permitiría que más petróleo crudo llegara al mercado internacional, ese suministro adicional no resolvería de inmediato la crisis porque la infraestructura mundial no tiene suficiente capacidad para convertirlo en combustibles utilizables.
Aun así, reconoce que la nueva tensión en Ormuz ya provocó un ligero aumento en los precios de la gasolina, lo que demuestra que ambos factores siguen influyendo en el mercado.
El economista consideró que el escenario actual significa que los consumidores deberán prepararse para mantener precios elevados en las gasolineras y una inflación más persistente.
Finalmente, concluye que la principal lección de esta crisis es el costo de una guerra que, desde su perspectiva, dejó a Estados Unidos y al mundo en una posición más complicada de la que habrían enfrentado si Trump hubiera evitado el conflicto; o si se hubiera mantenido el acuerdo nuclear alcanzado entre Irán y el Gobierno de Barack Obama en 2015.
*Con información de Agencia Reforma




