Rodolfo El Negro Montes
El silencio en el penal de máxima seguridad de Florence se ha roto.
Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera parece haber entendido, a la mala, que en el ajedrez del narcotráfico la lealtad es un mito y la supervivencia se negocia en inglés.
La jugada no es nueva, pero sí desesperada.
El otrora todopoderoso líder del Cártel de Sinaloa ha decidido cambiar de estrategia y seguir, al pie de la letra, los pasos de su viejo compadre y cofundador de la organización, Ismael “El Mayo” Zambada.
Si “El Mayo” abrió la caja de Pandora tras su captura, “El Chapo” planea derribar el templo completo.
La vía elegida es la cooperación directa con la justicia de Estados Unidos.
El objetivo de Guzmán Loera es claro: entregar los nombres y apellidos de la red de protección institucional que le permitió, durante décadas, traficar toneladas de droga y lavar miles de millones de dólares sin ser molestado.
El emisario de esta advertencia ha sido su defensa legal.
El abogado del capo ha dejado saber en los pasillos judiciales que posee una larga lista de funcionarios y exfuncionarios públicos mexicanos de diversos niveles que presuntamente operaron bajo la nómina del cártel.
No se trata de meras suposiciones. La defensa asegura tener marcados los expedientes con datos precisos, fechas y rutas financieras que demuestran cómo se corrompieron las estructuras del Estado para blindar sus operaciones ilícitas.
La historia se repite. Mientras en México la clase política se fractura entre señalamientos y desmentidos, en los tribunales estadounidenses la información se convierte en la moneda de cambio más valiosa.
El cártel ya no sólo exporta sustancias; ahora exporta expedientes.
Para “El Chapo”, encerrado en una celda de concreto, la lista no es un acto de contrición, sino su última carta de negociación.
Para el sistema político mexicano, la revelación de esos nombres promete ser un terremoto de consecuencias impredecibles.
Y ahora, al igual que El Mayo, el Chapo estaría por correr el telón y dejar al descubierto qué tanto logró corromper a la clase política mexicana.




