José Luis Carrillo
Adicionalmente a la narrativa política que nos ofreció la ahora presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con su ya no tan “cacareado” segundo piso de la Cuarta Transformación, llegó también el momento histórico de ser gobernados por mujeres en diferentes frentes.
Sin embargo, salvo honrosas excepciones, son algunas de ellas las que le han fallado —y le siguen fallando— a la presidenta en los hechos, aunque en los dichos continúen intentando mantener una narrativa ajena a la realidad.
Y como muestra, no solamente tenemos un botón, como dice el dicho popular, sino tres casos, de otros más, en los que mujeres gobernantes están seriamente cuestionadas en torno a los principios básicos de Morena.
El “no mentir, no robar y no traicionar” parece que, para las gobernadoras morenistas de Quintana Roo, Campeche y Baja California, son meras “llamadas a misa” o simple propaganda que debe aplicarse a sus adversarios, pero nunca a ellas.
Vaya, es como dice el otro popular dicho:
¡Hágase tu voluntad, pero en los bueyes de mi compadre!
Mientras Marina del Pilar Ávila gobierna Baja California en medio de una severa crisis política y de credibilidad ciudadana, Mara Lezama, en Quintana Roo, empieza a ser percibida como una traidora a la Cuarta Transformación, y Layda Sansores, en Campeche, hace honor a su origen, luciendo muy “campechana” y mostrando con orgullo su opulencia.
Mentir, robar y traicionar pareciera ser lo de hoy en varios liderazgos de Morena, que siguen “jalando los bigotes del tigre” o, más bien, de la “tigresa” que manda, y juegan a las vencidas, como lo hacen otros más, lo mismo de Tabasco que de Sinaloa, Oaxaca o Guerrero.
La todavía gobernadora de Baja California enfrenta una severa crisis nacional ante la pérdida de su visa estadounidense y la filtración de audios en los que presuntamente realiza negociaciones con representantes de agencias de seguridad norteamericanas, ofreciendo información privilegiada a cambio de inmunidad.
En Campeche, Layda Sansores sostiene problemas políticos internos con diputados de su propio partido, censura a medios de comunicación, enfrenta conflictos con elementos policiacos y existen evidencias de derroche de recursos públicos para uso personal.
Mientras que, en Quintana Roo, a la gobernadora Lezama ya se le hizo bolas el engrudo tras la investigación periodística realizada por Reforma, que confirma los “ánimos viajeros” al realizar decenas de viajes en aeronaves privadas, la mayoría de uno de sus proveedores favoritos en materia de seguridad.
El mismo empresario que, en Nuevo León y otros estados relevantes, ya toca las puertas particulares de las “corcholatas” punteras, recibiendo como respuesta, al menos de una de ellas, el “NO, GRACIAS”.
No existen dudas de que, en estos tres casos, la presidenta Sheinbaum ha tomado nota, por lo que nadie descarta ajustes de cuentas que ya iniciaron en Campeche, al nombrar candidato casi oficial de Morena a un personaje ajeno a los intereses de Layda; lo mismo que pasará en Quintana Roo y Baja California.
Tres mujeres que pronto dejarán el cargo y el fuero.
Los que la conocen en verdad, y no por pose, aseguran que la mandataria tiene una frase favorita, breve pero concisa:
¡QUIEN PERDONA, PIERDE!




