- Después de meses en el limbo —una cancelación que generó indignación entre fans y crítica por igual—, ‘Coyote vs. ACME’ finalmente llegó a la pantalla grande
DIANA PAREDES
CANCÚN, Q. ROO.- Después de meses en el limbo —una cancelación que generó indignación entre fans y crítica por igual—, “Coyote vs. ACME” finalmente llegó a la pantalla grande, y Luces del Siglo asistió a su premier. La expectativa era alta: ¿lograría la película justificar la pelea que se dio por su propia existencia? La respuesta es un sí a medias.
Una comedia pensada para las infancias, no para los nostálgicos que la salvaron
Hay que decirlo sin rodeos: esta es una película para niños. Su sentido del humor es simple, directo y fácil de digerir, construido sobre la premisa de un Coyote que fracasa una y otra vez en cada uno de sus planes. Ese fracaso constante —que de niños nos hacía reír sin cuestionarlo— aquí se mantiene casi intacto, y en la sala funcionó: hubo risas genuinas, sobre todo entre el público infantil. Pero para el espectador adulto que peleó en redes sociales por el estreno de esta cinta, el chiste se siente reciclado más que reinventado.
Justicia social envuelta en papel celofán de caricatura
Donde la película sí se anima a decir algo es en su trasfondo: un mensaje de concientización sobre las minorías y las luchas estructurales que enfrentan dentro del sistema estadounidense, trasladado a personajes animados. Es una decisión inteligente en teoría —usar la fantasía de Looney Tunes para hablar de desigualdad económica y poder— y en la práctica se convierte en el verdadero motor narrativo del filme. La guerra entre el poder económico y la lucha social no es un tema menor aquí: es la columna vertebral de la historia, y se agradece que la cinta no la trate como un simple accesorio.
“La guerra entre el poder económico y la lucha social existe incluso en las versiones animadas: ese es el verdadero acierto de la cinta“.
ACME: el monopolio puro y duro detrás de cada catástrofe
Y aquí está la lectura más incómoda —y más lograda— de la cinta: ACME no es sólo el proveedor de artefactos ridículos que nunca funcionan, es la representación descarada del capitalismo puro y del monopolio corporativo. Una empresa que vende productos defectuosos a sabiendas que no responde por los daños que causa y que utiliza al Coyote, una y otra vez, como conejillo de indias desechable para probar su mercancía. La metáfora no es sutil ni pretende serlo: así operan hoy los grandes monopolios que someten a prueba sus productos —y a quienes los consumen— con tal de seguir creciendo sin freno ni responsabilidad.
Y la crítica va todavía más lejos, porque esa experimentación con el Coyote como sujeto de prueba conecta directamente con una realidad que seguimos combatiendo fuera de la pantalla: la experimentación animal, que persiste hasta hoy en nombre del progreso corporativo. Que ACME literalmente use a un personaje animal como su probador de riesgo permanente no es casualidad; es el mismo tipo de denuncia que ya vimos con la lucha de las minorías dentro del filme, trasladada ahora a la lucha por la justicia y el respeto hacia quienes no tienen voz para defenderse frente al poder económico. Es el mismo mensaje repetido desde otro ángulo: cualquier minoría —humana, animal o animada— que sea sometida por el poder, merece ser escuchada.
Guiños para quienes crecimos con Looney Tunes, pero con historia propia
Para el público nostálgico, la película no escatima en guiños: personajes y escenas de las caricaturas originales aparecen dosificados a lo largo de la trama, funcionando como anzuelo emocional para quienes crecimos viendo al Coyote perseguir al Correcaminos un sábado por la mañana. Es, quizás, el recurso más efectivo de la cinta, aunque también el más fácil: apelar a la memoria es más sencillo que construir algo nuevo.
Ahí, sin embargo, hay un acierto que merece crédito directo para el director y el guionista: Piolín, el Pato Lucas, Bugs Bunny, el Gallo Claudio, Silvestre y compañía no aparecen como relleno decorativo ni como un desfile de cameos forzados. Cada uno conserva su propio contexto cotidiano, su propia historia y su propia lógica dentro del universo Looney Tunes, sin que su presencia se sienta impuesta ni dependiente del protagonista. Dejarlos ser individuales —con peso narrativo propio en lugar de funcionar solo como guiño fotográfico— es una decisión de guion fina, y es justo reconocer el cuidado detrás de esa elección.
Un guion sin complicaciones (para bien y para mal)
El guion es sencillo, fácil de comprender y no pretende ser otra cosa. Su humor blanco arrancó risas constantes en la sala, apoyado en la ya mencionada torpeza crónica del Coyote. No hay giros complejos ni subtramas que exijan atención: es una historia lineal, cómoda, sin sobresaltos. Funciona, pero no arriesga.
Salir de Space Jam fue la decisión correcta
Un acierto real de la producción fue no repetir la fórmula de “Space Jam” para mantener vivo el universo de Looney Tunes. Construir una historia propia, separada de ese molde ya explotado, fue la decisión correcta y demuestra que todavía hay forma de reinventar a estos personajes sin depender de un cameo deportivo. El elenco, por su parte, entrega interpretaciones sólidas en su presencia y timing, sosteniendo el tono ligero de la cinta de principio a fin.
Lo que dice la crítica especializada
La opinión especializada respalda buena parte de lo señalado en esta reseña. En Rotten Tomatoes, “Coyote vs. ACME” ostenta el sello de Certified Fresh con 95% en el Tomatómetro, con base en 127 reseñas de crítica. El consenso de críticos en la plataforma la describe como “una sátira alocada que combina, a partes iguales, corazón y humor astuto… con un sentido de travesura bien intencionada que haría inclinar la cabeza hasta al mismísimo Bugs Bunny”. Un respaldo alto que confirma que, en ejecución, la película cumple; la observación sobre su falta de riesgo creativo es, más bien, un matiz dentro de un consenso mayormente positivo.
La nota es alta, pero no perfecta, y hay una razón concreta para ello: la creatividad. En una franquicia donde los personajes deberían permitir la fantasía más desbordada, “Coyote vs. ACME” se queda corta. La producción prefirió mantener todo en un terreno seguro, terrenal, predecible. Sí, causó nostalgia. Sí, hizo reír. Pero ese sentimiento de calidez por lo conocido es, al final, lo único que permanece cuando salen los créditos. Y para una marca con el potencial creativo de Looney Tunes, quedarse solo con la nostalgia es quedarse a medias.
El veredicto de Luces del Siglo: 7 de 10
| CALIFICACIÓN LDS 7 / 10 | Nostalgia sólida, riesgo creativo mínimo. Cumple, pero no sorprende. |
La nota es alta, pero no perfecta, y hay una razón concreta para ello: la creatividad. En una franquicia donde los personajes deberían permitir la fantasía más desbordada, “Coyote vs. ACME” se queda corta. La producción prefirió mantener todo en un terreno seguro, terrenal, predecible. Sí, causó nostalgia. Sí, hizo reír. Pero ese sentimiento de calidez por lo conocido es, al final, lo único que permanece cuando salen los créditos. Y para una marca con el potencial creativo de Looney Tunes, quedarse solo con la nostalgia es quedarse a medias.
Conclusión
“Coyote vs. ACME” demuestra que a veces el valor de una película no está en su ambición artística, sino en su capacidad de recordarnos por qué amamos ciertas historias desde niños. No es la reinvención que algunos esperaban, pero sí es la prueba de que la justicia, el ingenio y la insistencia —tan propios del Coyote— siguen teniendo un lugar en la pantalla grande. A veces, perder con estilo también cuenta como una victoria.




