Trump, el antivirus de la humanidad

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POR KUKULKAN

EL MUNDO ya puede dormir tranquilo. La humanidad acaba de resolver uno de los mayores dilemas tecnológicos de nuestra época. No hacen falta científicos. Ni protocolos. Ni organismos reguladores. Ni acuerdos internacionales. Ni expertos en seguridad. Ni siquiera importa demasiado lo que digan quienes construyen los sistemas de inteligencia artificial más poderosos del planeta. Para evitar que las máquinas algún día se salgan de control basta con una cosa: Donald Trump.

BUENO, así lo informó el propio Donald con la modestia que lo caracteriza. El plenipotenciario presidente de Estados Unidos decidió que las advertencias sobre los peligros de la inteligencia artificial forman parte de una “conspiración enfermiza” y explicó que el único mecanismo de seguridad que necesita la IA es un presidente “fuerte e inteligente”, de “alto coeficiente intelectual”. Y, mire usted qué extraordinaria casualidad: Trump conoce exactamente a uno. Vive en la Casa Blanca. Se llama Donald. Y también se apellida Trump. Qué alivio.

DURANTE meses, algunos de los personajes que mejor conocen esta tecnología han advertido que la carrera por construir sistemas cada vez más poderosos podría avanzar más rápido que la capacidad humana para controlarlos. Dario Amodei, director de Anthropic, pidió desacelerar el desarrollo de capacidades mientras se fortalecen los mecanismos de seguridad. Sam Altman, de OpenAI, respaldó la necesidad de moderar el ritmo. Y hasta Elon Musk, que difícilmente puede ser acusado de enemigo del desarrollo tecnológico, coincidió en que debería existir algún tipo de supervisión.

LA DISCUSIÓN adquirió todavía más dramatismo cuando Jacob Coxon, investigador que trabajó en OpenAI y Anthropic, abandonó esta última empresa y lanzó una advertencia pública sobre la carrera tecnológica. Coxon sostuvo que quienes desarrollan estos sistemas conocen riesgos potencialmente catastróficos, pero continúan compitiendo porque nadie quiere ser el primero en frenar. Otro investigador de Anthropic, Evan Hubinger, ha situado por encima del 10 por ciento su estimación personal sobre el riesgo de extinción humana por IA durante la próxima década.

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DESDE luego se trata de una estimación individual, no una certeza científica, y otros especialistas discrepan profundamente de semejantes escenarios. Pero justamente para lidiar con riesgos inciertos inventamos algo llamado regulación. Trump inventó algo mejor: él mismo.

TODA una especie de antivirus con corbata. Un firewall con gorra roja. Un Norton de 80 años instalado directamente en la Oficina Oval. ¿Que una inteligencia artificial se vuelve peligrosa? Donald la mira. ¿Que los algoritmos comienzan a comportarse de manera inesperada? Donald los regaña. ¿Que las máquinas amenazan con superar a la humanidad? Les aplica aranceles. Problema resuelto.

CLARO que detrás de la fanfarronería existe una discusión bastante más seria. Trump considera que frenar el desarrollo estadounidense permitiría a China tomar ventaja en una tecnología que podría transformar la economía, la defensa y la competencia mundial. Su posición es acelerar para garantizar el liderazgo estadounidense, mientras algunos líderes tecnológicos sostienen que la competencia no debería justificar asumir riesgos desmedidos. Ese debate merece darse. Lo extraordinario es la solución presidencial.

TRUMP no propone un organismo especializado. Propone a Trump mismo. No ofrece estándares internacionales. Ofrece a Trump. No presenta un mecanismo técnico de supervisión. Presenta el coeficiente intelectual de Trump. Ahí está la verdadera joya. Y es que durante años los científicos se han preguntado cómo conseguir que una inteligencia artificial extremadamente poderosa permanezca alineada con los intereses humanos. Estados Unidos acaba de recibir una propuesta mucho más sencilla: alinearla con Donald. Después de todo, ¿para qué construir instituciones capaces de sobrevivir presidentes, gobiernos y partidos cuando podemos confiar la seguridad tecnológica de la humanidad al señor que ocupa temporalmente el Despacho Oval?

EXISTE solamente un pequeño inconveniente. Los presidentes cambian. Las tecnologías permanecen. Y los egos, por lo visto, evolucionan todavía más rápido que los algoritmos. Trump asegura que una inteligencia suficientemente poderosa no necesita demasiados controles siempre que exista detrás un presidente fuerte, inteligente y con alto coeficiente intelectual.

UNA TEORÍA fascinante. Sobre todo, porque convierte la seguridad de la inteligencia artificial en algo todavía más difícil de verificar: la inteligencia natural del presidente. Así que los científicos pueden dejar de preocuparse por el día en que una máquina desarrolle conciencia, se considere infalible, desprecie las advertencias de sus creadores y llegue a convencerse de que solamente ella puede salvar al mundo. Eso ya ocurrió. Y ni siquiera necesitó inteligencia artificial.

@Nido_DeViboras

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