- Quintana Roo registró en 2025 una tasa de 11.1 suicidios por cada 100 mil habitantes, la cuarta más alta del país, solo por debajo de Chihuahua (13.8), Yucatán (13.7) y Aguascalientes (12.0).
OMAR ROMERO
CANCÚN, Q. ROO.- Quintana Roo registró en 2025 una tasa de 11.1 suicidios por cada 100 mil habitantes, la cuarta más alta del país, solo por debajo de Chihuahua (13.8), Yucatán (13.7) y Aguascalientes (12.0).
Lo anterior, de acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) 2025 que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre.
La cifra estatal contrasta con la tasa nacional, de 6.7 por cada 100 mil habitantes, y coloca a Quintana Roo por encima del promedio del país y de entidades vecinas como Campeche (8.4) y Chiapas (3.8), la más baja de México.
Los suicidios han aumentado de manera importante en Quintana Roo en los últimos años; de acuerdo con las estadísticas del Inegi, la entidad pasó de 176 suicidios en 2020 a 179 en 2021, 183 en 2022, 183 en 2023 y 228 en 2024, un incremento de alrededor de 29.5 por ciento en cuatro años y de 24.6 por ciento entre 2023 y 2024.
En términos de tasa, Quintana Roo pasó de 9.3 suicidios por cada 100 mil habitantes en 2023 a aproximadamente 13.2 en 2024, colocándose entre las entidades con los niveles más altos del país.
A nivel nacional
A nivel nacional, el suicidio se registra en la población de 15 a 29 años, grupo que en 2025 presentó la tasa más alta del país, 10.2 por cada 100 mil habitantes, por encima del promedio nacional.
En este segmento se concentró 38.1por ciento de todos los suicidios registrados en México, con un total de tres mil 318 casos, lo que lo convirtió en la tercera causa de muerte entre jóvenes.
Del total de suicidios en este rango de edad, 74.7 por ciento correspondió a hombres y 25.3 por ciento a mujeres.
Sin embargo, al desagregar por sexo y edad, las mujeres de 15 a 29 años presentaron su tasa más alta de todo el ciclo de vida (5.1 por cada 100 mil), mientras que entre los hombres el pico se registró más tarde, entre los 30 y 44 años, con 17.2 casos por cada 100 mil.
A nivel nacional, la brecha entre sexos se ha mantenido históricamente amplia: en 2025 la tasa entre hombres (10.9) casi cuadriplicó la de mujeres (2.6), aunque ambas han mostrado una tendencia al alza sostenida desde 2015, cuando se ubicaban en 8.4 y 2.0, respectivamente.
Más allá de las defunciones, el Módulo de Bienestar Autorreportado (Biare) 2026 del Inegi ofrece una radiografía de la salud emocional de la población.
A nivel nacional, 21.8 por ciento de las personas de 12 años y más presentó indicios de ansiedad y 13.4 por ciento, de depresión; 6.9 declaró haberse sentido sola la mayor parte o todo el tiempo.
En los tres indicadores, las mujeres reportaron porcentajes más altos que los hombres: 26.2 por ciento frente a 16.7 por ciento en ansiedad, 15.9 por ciento frente a 10.5 en depresión, y 8.5 frente a cinco por ciento en sentimiento de soledad.
Especialistas en salud mental coinciden en que las estadísticas, aunque relevantes para dimensionar el problema, no deben eclipsar el mensaje central del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
La mayoría de los casos son prevenibles cuando se detectan a tiempo señales de alerta y existen redes de apoyo accesibles.
Entre las señales que organismos de salud recomiendan no ignorar se encuentran los cambios abruptos de ánimo o de hábitos de sueño y alimentación, el aislamiento social repentino y la pérdida de interés en actividades que antes generaban disfrute.
O bien, comentarios sobre sentirse una carga para los demás, y la despedida o el regalo de pertenencias personales sin explicación aparente.
Instituciones como la Secretaría de Salud, a través del Consejo Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), y organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), coinciden en algunas líneas de acción para la prevención en el ámbito familiar, escolar y comunitario.
Entre ellas, hablar abiertamente del tema, preguntar directamente a alguien si está pensando en hacerse daño no incrementa el riesgo; por el contrario, abre la puerta a que la persona busque ayuda.
Escuchar sin juzgar; evitar minimizar el malestar de la otra persona o exigirle que “se esfuerce más” ayuda a que se sienta acompañada, no evaluada; fortalecer las redes de apoyo familiares, escolares y comunitarias, en particular para adolescentes y jóvenes adultos, el grupo de mayor riesgo.
Buscar atención profesional ante señales persistentes de ansiedad, depresión o ideación suicida, ya sea en instituciones públicas de salud o líneas de atención especializada.
En México existen líneas de apoyo gratuitas y disponibles las 24 horas, como la Línea de la Vida (800 911 2000), además de los servicios de psicología disponibles en los centros de salud de cada municipio.




