- La obra Much Ado About Nothing no ha comenzado y el ambiente en el teatro es ya el de una fiesta.
STAFF / AR
NUEVA YORK, EU.- La obra Much Ado About Nothing no ha comenzado y el ambiente en el teatro es ya el de una fiesta.
El sonido es estruendoso, las luces son como de un rave, la gente está bailando y hasta los acomodadores parecen tener coreografías listas.
El montaje dirigido por Jamie Lloyd es, como todo lo que hace, una ruptura a lo establecido; más si se considera que es adaptación a una obra de William Shakespeare de 1600. Estrenó en Londres el año pasado y en octubre llegará por 10 semanas a Broadway, de nuevo, con Tom Hiddleston como Benedick y Hayley Atwell en el rol de Beatrice.
Incluso, en la compra de los boletos para el montaje en el Winter Garden Theatre se alerta al espectador de que habrá “luces intermitentes”, “niebla”, “humo en el escenario”, “ruidos fuertes” y “música a alto volumen”. No es apta para las mentes más tradicionales.
Por más de dos horas, esta obra de enredos, y que se define como “una batalla de ingenio”, mantiene las risas del público, incluso produjo más de un video in fraganti gracias a los bailes de Hiddleston, a la presencia de un corazón gigante en el escenario o el festivo cierre.
Con un montaje, en realidad, sencillo, muestra más grandilocuencia en la multiplicidad de voces, en el diseño de sonido e iluminación, y en momentos que, literal, despiertan gritos y participación de los asistentes.
Por su estancia en el Theatre Royal Drury Lane, en 2025, resultó nominado a dos premios Olivier, incluida la categoría de Mejor Reposición; y su presencia en Hollywood ha despertado múltiples emociones.
Esta comedia cuenta la historia de Benedick y Beatrice, quienes aseguran no sentir nada uno por el otro, así que sus amigos organizan un plan para engañarlos y hacerles creer que el otro está enamorado en secreto. A la trama se suman Claudio y Hero, quienes, en contraste, se enamoran de inmediato.
ENTRE CONTROVERSIAS
The Jamie Lloyd Company apuesta por reimaginar la cultura contemporánea al romper convencionalismos, ser disruptiva, generar conversación y, de paso, presentar elencos que vendan muchos boletos.
“Defendemos una narrativa valiente que sitúa al actor en el centro de la experiencia creativa y colaboramos con artistas visionarios para crear obras de gran impacto: sorprendentes, visualmente dinámicas y decididamente modernas”, señalan en su página web.
Un ejemplo concreto de esta visión ocurrió en Evita, que ganó dos Olivier y, en ella, Rachel Zegler cantaba “Don’t Cry for Me Argentina” desde el balcón del teatro para los transeúntes, como apertura del segundo acto. Había que ir a Argyll Street dos veces: una a ver la obra completa, al interior; y otra desde fuera, para disfrutar de esta escena.
En Sunset Blvd, de Andrew Lloyd Webber, ganaron tres premios Tony en NY y en Londres, siete Olivier. Apostaron por una estética minimalista y el uso de pantallas gigantes con primeros planos y, también, un actor canta en vivo entre autos y transeúntes reales.
Otras obras que han presentado son Waiting for Godot, con Keanu Reeves, The Tempest, con Sigourney Weaver o Romeo & Juliet, con Tom Holland.




