¿Y qué pasaría si Quintana Roo dejara de ensamblar sueños y comenzara a fabricarlos?

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Sergio León Cervantes

¿Qué pasaría si hoy decidiéramos romper el molde de la maquila ligera y apostáramos por industrias que no sólo ensamblan, sino que generan valor real y tecnología propia? ¿Qué pasaría si usáramos de forma estratégica el Recinto Fiscalizado Estratégico de Chetumal, el Polo de Bienestar como unidad satélite, el aeropuerto internacional de Cancún como pulmón aéreo de exportación, y el Puerto de Progreso como columna vertebral marítima?

Hablemos de números. Una planta de torres eólicas en Quintana Roo podría generar entre US$72 y 240 millones anuales en ventas, con 450 a 700 empleos directos y hasta 1,400 totales con impacto indirecto.

Un clúster de equipamiento médico sumaría US$80 a 120 millones más, con 600 a 900 empleos directos y 1,800 totales.

Y un centro de ensamble de servidores y electrónica avanzada podría alcanzar US$250 a 400 millones al año, generando 700 a 1,100 empleos directos y hasta 2,420 totales.

En conjunto, estaríamos hablando de US$402 a 760 millones en exportaciones anuales, con más de 3,600 empleos en la primera fase y un efecto multiplicador que pondría a Quintana Roo en la liga de los estados manufactureros de alto valor agregado… sin depender de industrias pesadas, contaminantes o de bajo salario.

¿A dónde llegaríamos? A EE. UU., Canadá, Caribe, Centroamérica y el norte de Sudamérica, aprovechando rutas marítimas cortas desde Progreso y Chetumal, y vuelos de carga de Cancún para equipos médicos o tecnológicos de alto valor.

El RFE nos daría ventaja fiscal inmediata: diferir impuestos de importación hasta la venta, mejorar flujo de caja y aumentar competitividad entre 4 y 8 %. El Polo de Bienestar serviría como plataforma de empleo comunitario para subcomponentes y procesos de alto contenido social, integrando a poblaciones rurales en cadenas globales.

El mensaje es claro: no se trata de casarnos con una sola industria, sino de integrar varias cadenas tecnológicas que diversifiquen el riesgo, multipliquen las exportaciones y eleven el ingreso promedio del trabajador quintanarroense.

Apostar por torres eólicas es apostar por la energía limpia; invertir en equipamiento médico es invertir en salud global; ensamblar servidores es asegurar un lugar en la revolución digital.

La pregunta no es si podemos hacerlo. La pregunta es si vamos a dejar que otros lo hagan primero. Porque ¿qué pasaría si en cinco años Quintana Roo no sólo fuera el paraíso del turismo, sino también el epicentro de la tecnología, la energía y la innovación en el Caribe?

¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.

X: @Oigres14 | IG: @sergioleoncervantes | Email: sergioleon@sergioleon.mx

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