Trump fue por oro negro y halló ruinas

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POR KUKULKAN

SI HAY algo digno de una telenovela —con todos sus giros forzados, exageraciones y protagonistas que prometen más de lo que pueden— es el último episodio protagonizado por Donald Trump y su “brillante” plan petrolero para Venezuela. El presidente prometió a su electorado un “mega negocio” de aquellos: apoderarse del petróleo venezolano, hacerlo producir como en los viejos tiempos y echarle gasolina —literal y metafóricamente— al motor económico estadounidense. La realidad, como suele ocurrir cuando se mezcla política con sueños de riqueza rápida, fue más prosaica que dramática.

LA IDEA, en apariencia, era sencilla: “ahí están las mayores reservas petroleras del mundo, compañía petrolera que venga, compañía que hace dinero”. Trump lo dijo con esa seguridad que sólo tienen quienes creen que con sólo querer algo, ya es casi una realidad. Invitó —o más bien empujó— a gigantes como ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips a invertir miles de millones en reconstruir un sector petrolero que hace años vive de recuerdos de gloria. La esperanza era que, en poco tiempo, los barriles venezolanos fluyeran como ríos de promesas incumplidas.

PUES BIEN, resulta que el petróleo venezolano —ese que en teoría iba a ser la llave maestra que abriría las arcas estadounidenses— tiene un pequeño detalle no menor: está en uno de los peores estados posibles para la inversión petrolera moderna. Infraestructura deteriorada, décadas de desinversión, falta de protección jurídica para inversionistas y un contexto político más volátil que discurso de campaña al amanecer: esa es la carta de presentación. Y vaya que a los ejecutivos de las petroleras les gusta mirar cartas antes de apostar su dinero.

EL CEO de ExxonMobil, Darren Woods, no se anduvo con juegos florales ni con bromas diplomáticas: calificó a Venezuela como inviable para invertir” si no se hacen “cambios significativos” en leyes, seguridad y protección de inversiones. Eso, en cristiano, significa: “¿Quieres que pongamos miles de millones aquí? Primero danos certidumbre, después hablamos”. Palo directo al plan. Y es que el mercado global hoy es un bufé saturado: precios moderados, oferta abundante, demanda que no está por las nubes y productores que ya tienen más crudo del que pueden manejar con seguridad. En ese cuadro, apostar fuerte a un país cuya producción diaria actual es una fracción de su pasado dorado no suena precisamente como “el mejor negocio del siglo”.

DETRÁS del optimismo presidencial —ese que decía que el petróleo venezolano era la varita mágica capaz de resolver todos los problemas energéticos y geopolíticos— lo que hay es un choque brutal entre la fantasía política y la matemática económica. El hecho de que Trump imaginara que la industria petrolera estadounidense correría entusiasmada hacia Venezuela con chequeras abiertas demuestra que en algún punto de esa estrategia la lógica decidió tomarse unas vacaciones prolongadas.

LO IRÓNICO —y aquí viene el salseo que tanto nos gusta en El Nido de Víboras— es que el electorado que esperaba ver “sangre y riqueza” en esta lucha por el liderazgo global ahora enfrenta una realidad bastante menos cinematográfica. Del gran negociazo anunciado con tambor, trompeta y espectáculo, quedó la sensación de que fue un intento de hacer creer que algo gordo estaba pasando, cuando en realidad lo que se topó fue con un muro de escepticismo corporativo y la cruda (y pesada) realidad del mercado energético.

Y TODO apunta a que, de seguir así, este capítulo quedará en los anales del wishful thinking político: mucho discurso, muchas fotos oficiales y cero apetito real de las petroleras por entrar en un terreno tan inestable y costoso. Si algún mensaje nos aporta este episodio, es que no basta con decir que hay petróleo para que el mundo se arremoline a invertir. Hay que tener mercado, certidumbre, infraestructura y —muy importante— rentabilidad. Y nada de eso está garantizado con sólo poner una bandera sobre apetitosos yacimientos y promocionar un plan con buen titular.

AL FINAL, lo que deberíamos recordar de este numerito no es sólo que Trump “fue por petróleo y sólo encontró piedras”, sino que la política exterior y los grandes sueños de negociazos internacionales no se construyen con slogans ni promesas vacías, sino con hechos económicos sólidos. El gozo trumpista de un gran negocio petrolero pasó, sin escalas, del pódium al pozo. Y mientras unos intentan vender espejismos estratégicos, la realidad se ríe desde el barril más bajo del mercado.

@Nido_DeViboras

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