- Una tormenta recibió al América en el Estadio Ciudad de los Deportes.
STAFF / AR
CIUDAD DE MÉXICO.- Una tormenta recibió al América en el Estadio Ciudad de los Deportes.
Una peor, debido a los abucheos e insultos de la gente, lo despidió tras caer 2-1 con Bravos.
Al inicio del juego muchos se resguardaron del aguacero en el pasillo, así que ni se enteraron del gol de Jairo Torres al quinto minuto.
El clima era cómplice del momento del América, que apenas el sábado se comió cuatro goles.
Como a estas Águilas todo les sale mal, al 23′ les anularon un gol de Víctor Dávila por fuera de lugar. A la media hora cesó el aguacero, pero no las malas noticias ya que al 36′ el propio Dávila se hizo pedazos la rodilla derecha, que se le trabó en el césped. Fue trasladado en ambulancia al hospital.
Sus compañeros no hallaban respuestas tácticas. No entendían cómo reponerse de ese gol de vestidor, cuando Aarón Mejía (sustituto de Kevin Álvarez por la lateral derecha) fue superado por José Luis Rodríguez, quien asistió a Jairo.
La impotencia en la cancha tuvo eco en la tribuna. Sonó el primero de al menos 10 gritos homofóbicos en los despejes del portero Sebastián Jurado. Las barras, ya casi siempre alineadas al club, exigieron a los jugadores al son del “pongan huevos”.
El abucheo al finalizar el primer tiempo era hasta lógico. La gente solo se calmó al entonar “Mi Mayor Anhelo” y con el ingreso de Alejandro Zendejas.
El 10 del América es el diferente. El equipo necesita de las individualidades ahora que los planteamientos tácticos no le salen a André Jardine y a su auxiliar Paulo Victor, ese que al término del torneo se irá a Brasil a dirigir a las Selecciones Sub 20 y Sub 23.
Zendejas marcó el empate al 68′, con un tiro raso. Corrió a celebrar con los suplentes y el cuerpo técnico.
Ya no llovía, pero la defensa azulcrema hacía agua. Luca Martínez perdonó en tres ocasiones, la última de ellas al poste. Al 90’+3′, Guilherme Castilho liquidó a los azulcremas.
Al América le llovieron abucheos al reanudar el juego. Después, los insultos. Se desató otra vez la tormenta, que ya nada tuvo que ver con el clima.


