Sergio León Cervantes
Mientras buena parte de México sigue observando con preocupación la renegociación del T-MEC, una noticia de enorme relevancia económica pasó prácticamente desapercibida: después de casi una década de negociaciones, México y la Unión Europea concluyeron la modernización de su acuerdo comercial.
Y la pregunta no es si Europa representa una oportunidad para México.
La pregunta es si México, y particularmente Quintana Roo, está preparado para aprovecharla.
La historia comenzó hace casi tres décadas. En 1997 se firmó el Acuerdo Global entre México y la Unión Europea. En el año 2000 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio México–Unión Europea, conocido como TLCUEM, convirtiendo a nuestro país en uno de los primeros socios estratégicos europeos en América Latina.
Desde entonces, el comercio bilateral se multiplicó varias veces hasta alcanzar cerca de 87 mil millones de euros anuales en mercancías y casi 30 mil millones de euros en servicios.
Pero el mundo cambió.
La economía digital no existía como hoy. El comercio electrónico era incipiente. La inteligencia artificial era ciencia ficción. Las cadenas globales de suministro eran distintas. La competencia geopolítica entre Estados Unidos, China y Europa era mucho menor.
Por eso la modernización tardó casi diez años.
Lo que se negoció no fue solamente un tratado comercial. Se negoció una nueva arquitectura económica para competir en el siglo XXI.
Hoy la Unión Europea representa 27 países, alrededor de 450 millones de consumidores y una economía cercana a los 20 billones de dólares, una de las más grandes y sofisticadas del planeta.
México aporta casi 130 millones de consumidores, una economía superior a 1.8 billones de dólares y algo que para Europa es cada vez más valioso: acceso estratégico a Norteamérica.
Sin embargo, aquí aparece una realidad incómoda.
Mientras estados como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Guanajuato o Querétaro han construido ecosistemas industriales para aprovechar el nearshoring, Quintana Roo continúa dependiendo de una economía excesivamente concentrada en el turismo.
Y eso representa tanto una vulnerabilidad como una oportunidad. Porque Europa ya está aquí.
Miles de millones de euros de inversión española participan en hoteles, infraestructura, energía y servicios turísticos.
Más de 1.3 millones de pasajeros europeos llegan cada año a Quintana Roo, representando cerca del 60% de todos los pasajeros europeos que visitan México.
Italianos, españoles, franceses, alemanes, británicos, holandeses y escandinavos forman parte cotidiana de nuestra economía.
Europa ya consume Quintana Roo. La pregunta es cuándo Quintana Roo comenzará a venderle más a Europa.
La modernización del acuerdo abre oportunidades para alimentos procesados, productos agroindustriales, servicios digitales, turismo médico, economía del bienestar, energías limpias, tecnología, capacitación especializada y pequeñas empresas exportadoras.
Pero también abre una puerta menos discutida. El friendshoring europeo.
Mientras Estados Unidos busca acercar producción a países aliados, Europa está haciendo exactamente lo mismo.
Y Quintana Roo posee ventajas únicas: conectividad aérea internacional, cercanía con Estados Unidos, infraestructura turística consolidada, una marca global reconocida y una población multicultural acostumbrada a relacionarse con inversionistas extranjeros.
La oportunidad no consiste en competir con Monterrey fabricando automóviles.
La oportunidad consiste en convertirnos en el principal hub de servicios, innovación, turismo premium, logística ligera y negocios internacionales entre Europa, México, el Caribe y Norteamérica.
¿Vale la pena intentarlo? Los números sugieren que sí.
Si Quintana Roo lograra captar apenas entre el 1% y el 2% adicional de la inversión europea que llega a México, podría atraer entre 300 y 600 millones de dólares adicionales por año en inversión productiva durante la próxima década.
Si además incrementara en apenas un 10% el gasto promedio del turismo europeo que ya nos visita, la derrama económica anual podría aumentar entre 250 y 400 millones de dólares adicionales sin necesidad de recibir más turistas.
Sumando inversión, servicios especializados, turismo premium, logística internacional, economía digital y nuevos negocios vinculados con Europa, Quintana Roo podría generar entre 800 millones y 1,500 millones de dólares adicionales de actividad económica anual en un horizonte de cinco a diez años.
Eso significaría potencialmente entre 15 mil y 30 mil empleos directos e indirectos de mayor valor agregado, mejores salarios y mayor recaudación para los tres órdenes de gobierno.
Los tratados comerciales por sí solos no generan riqueza. Lo hacen los empresarios que los utilizan. Lo hacen los gobiernos que entienden hacia dónde se mueve el mundo. Y lo hacen las regiones que identifican las oportunidades antes que los demás.
Europa acaba de abrir una puerta de 450 millones de consumidores y una economía cercana a los 20 billones de dólares.
La verdadera pregunta es si Quintana Roo piensa cruzarla o simplemente verla pasar.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
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