- Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) analizan tres fragmentos de aguijones de raya marina y una espina dorsal de bagre de agua dulce, recuperados durante los trabajos de salvamento arqueológico en el Tramo 1 del Tren Maya.
MAR Y SOL CHABLÉ
MÉRIDA, YUC.- Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) analizan tres fragmentos de aguijones de raya marina y una espina dorsal de bagre de agua dulce, recuperados durante los trabajos de salvamento arqueológico en el Tramo 1 del Tren Maya, en las inmediaciones de Tenosique, Tabasco.
Los vestigios, que presentan huellas de desgaste, pulimento y fracturas, fueron localizados en asociación directa con entierros humanos prehispánicos cerca del río Usumacinta. El hallazgo aporta evidencia científica sobre las prácticas religiosas y de autosacrificio realizadas por la antigua élite maya en las Tierras Bajas.
Los aguijones de raya, pertenecientes a las familias Dasyatidae y Myliobatidae, corresponden a especies de agua salada, como las rayas látigo y las rayas águila. Debido a su estructura afilada y dentada, estos elementos punzantes eran utilizados ritualmente por la nobleza maya para lacerarse distintas partes del cuerpo —como la lengua, las orejas o los genitales— con el fin de extraer sangre como ofrenda.
La espina de bagre fue hallada en el contexto funerario de un individuo adulto. Los especialistas analizan si fue utilizada con un propósito similar o si funcionó como una ofrenda de origen fluvial.
De acuerdo con las investigaciones, el autosacrificio respondía a un principio de reciprocidad cosmogónica. La sangre derramada durante la ceremonia se recolectaba sobre corteza vegetal que, una vez seca, era consumida por el fuego. El humo resultante transportaba, de forma inmaterial, la energía vital hacia el ámbito de los dioses y el inframundo, conocido como Xibalbá.
Además de su dimensión ritual, el hallazgo resalta el intercambio comercial y cultural existente en la región, ya que los aguijones marinos debieron trasladarse desde las costas hasta la cuenca del Usumacinta para integrarse a estos rituales funerarios.
Los objetos continúan bajo estudio en el Laboratorio de Arqueozoología del proyecto de salvamento arqueológico.




