- El periodo legislativo que recién terminó esta semana en el Congreso estuvo marcado por el caos, prisas, rezagos y divisiones en la coalición oficialista.
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CIUDAD DE MÉXICO.- El periodo legislativo que recién terminó esta semana en el Congreso estuvo marcado por el caos, prisas, rezagos y divisiones en la coalición oficialista.
En el Senado, el trabajo se concentra en dos días (martes y miércoles), lo que ha derivado en sesiones con prisas y desorden, con dictámenes aprobados en fast track. Ya veces hay más eventos –exhibiciones de artesanías, degustaciones de vinos y danzas de todo tipo– que minutas por dictaminar.
La realización de sesiones de comisiones a la misma hora y la dinámica apresurada han generado retrasos, votaciones al límite y una labor legislativa que, en los hechos, apenas supera las 36 horas semanales. Todo elle con una dieta garantizada de 126 mil 800 pesos mensuales.
En tanto, en la Cámara de Diputados, en contraste, predominó un ritmo condicionado por las prioridades del Ejecutivo, pero con un rezago significativo: de más de mil iniciativas, sólo 62 fueron aprobadas.
Las tensiones dentro de la coalición mayoritaria frenaron reformas clave y exhibieron fracturas, como en el debate electoral, donde aliados acusaron a Morena de intentar regresar al partido de Estado.
El balance general muestra a un Congreso entre la urgencia política, la falta de coordinación y una creciente ineficiencia legislativa.



