- Yeraldine Bonilla rindió protesta en el Congreso del Estado como gobernadora interina.
STAF / AR
CULIACÁN, SINALOA.- Yeraldine Bonilla rindió protesta ayer en el Congreso del Estado como gobernadora interina bajo los peores augurios: en un ambiente impregnado por la narcopolítica.
Continuidad sin matices. A Bonilla (33 años, San Ignacio, Sinaloa) la aventaron al ruedo porque era la número dos de Rubén Rocha Moya, como secretaria de Gobierno.
Fue diputada por primera vez seleccionada por tómbola, según los usos y costumbres más arraigados en Morena.
“Ay, Diosito. Ojalá que no salga yo. Me puse a llorar y dije: ‘Ahora ¿qué voy a hacer…’”, deslizó perturbada. Ahora es la gobernadora.
Trabajadora social, egresada en la Universidad Autónoma de Sinaloa, Yeraldine carga con un lastre muy pesado: es allegada tanto a Rocha Moya como al todavía senador Enrique Inzunza —otro de los implicados por la fiscalía neoyorquina en la trama del narcogobierno—, una cercanía que en las circunstancias actuales, en nada le favorece.
El propio Rocha Moya llegó a degradarla durante un evento público cuando la llamó “meserita” de una ranchería de la sindicatura de Dimas. En el templete, muy quitado de la pena, recordó ese pasado de Yeraldine.
“A ver, Yeraldine, espero que no te enojes, pero para que sepan aquí: ¿quién era Yeraldine (ya es la segunda vez que es diputada)? Yeraldine era una meserita de una lonchería de Dimas. ¿Eras o no?”, la abochornó ante el gentío convocado.



