Rodolfo El Negro Montes
Ya no hay lugar a dudas. A Ismael “El Mayo” Zambada lo secuestraron con violencia en territorio mexicano. El FBI lo llevó a Estados Unidos a la fuerza y en contra de su voluntad. La hipótesis de la “entrega voluntaria” se cayó a pedazos.
El descaro estadounidense terminó por confesar el crimen. En este julio de 2026, el FBI donó a un museo de Nuevo México el avión Beechcraft King Air 200 usado en la captura.
Al hacerlo, revelaron los detalles de la “Operación Air Kings”. El agente especial Conal Whetten presumió el aparato como un trofeo de caza contra los cárteles.
Pero el interior del avión habla por sí solo. El FBI congeló la escena del crimen y la convirtió en exhibición.
Entre las mesitas y el suelo quedan los restos del viaje de Sinaloa a Nuevo México: bolsas del Oxxo, papitas y botellas de agua.
Junto a la comida chatarra, está la prueba del delito. Asientos destrozados, respaldos quebrados y ventanas tronadas a golpes. Hubo un forcejeo brutal. Hubo un secuestro.
El cinismo es redondo. Washington llama a los capos “terroristas”, pero les da protección. Mientras tanto, la justicia de ese país avanza en Fast Track.
El próximo 20 de julio de 2026, el juez Brian Cogan dictará la sentencia de “El Mayo” en una corte de Brooklyn.
La respuesta de México se ha dado este lunes 6 de julio; la presidenta Claudia Sheinbaum alzó la voz en su conferencia matutina y lanzó una pregunta directa al Gobierno de Estados Unidos: ¿Quién mintió?
Sheinbaum fijó una postura clara. La persecución del crimen no justifica la injerencia ni la violación a nuestra soberanía. Una cosa es la cooperación entre naciones iguales y otra, muy distinta, la intervención ilegal.
El Gobierno mexicano no se va a quedar cruzado de brazos ante el atropello.
Este martes, la presidenta y la FGR presentarán un informe cronológico detallado sobre el caso.
El imperio presume su intervención en un museo; México exige respeto a su soberanía. Las cartas están sobre la mesa.




