Memoria corta, hemerotecas largas

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POR KUKULKAN

LA POLÍTICA mexicana tiene una curiosa relación con la memoria. Cuando conviene, presume archivos, expedientes y capturas de pantalla. Cuando no, padece una extraña amnesia colectiva. Y si alguien se ha convertido en ejemplo de esa selectiva pérdida de memoria es el expresidente Felipe Calderón Hinojosa.

LA DETENCIÓN del exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, provocó una inmediata reacción de la oposición. Voces del PAN, dirigentes, ex funcionarios y los comentaristas de siempre se apresuraron a denunciar una supuesta persecución política, a exigir respeto a la presunción de inocencia y a advertir sobre un presunto uso faccioso de la justicia.

NADA habría de extraño en ello. Toda persona tiene derecho al debido proceso y a que las autoridades sustenten con pruebas cualquier acusación. Ese principio debe aplicarse sin distingos de colores. Lo curioso aparece cuando la hemeroteca decide hablar.

Y ES QUE el mismo Felipe Calderón que hoy sale en defensa de Ruffo Appel fue quien hace algunos años lo acusó públicamente de haber entregado Baja California a los hermanos Arellano Félix. No fue un rumor, ni una interpretación maliciosa. Lo escribió él mismo en sus redes sociales.

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EN AQUEL entonces no hablaba de presunción de inocencia, ni de prudencia judicial. Su sentencia política era contundente. Hoy, sin embargo, Ruffo pasó de ser, según aquellas palabras, un político señalado por graves responsabilidades, a convertirse prácticamente en un perseguido del régimen.

LAS VUELTAS que da la política… y las maromas que obliga a dar la conveniencia. No es la primera vez que los principios cambian dependiendo del personaje sentado en el banquillo de los acusados. En México llevamos años observando una justicia interpretada según el partido político del involucrado.

SI EL SEÑALADO milita en Morena, antes de conocer una sola prueba ya existen especiales televisivos, editoriales incendiarias, mesas de análisis, columnas diarias y condenas anticipadas. El juicio mediático inicia incluso antes que el ministerial.

PERO cuando el investigado pertenece a las filas del viejo panismo o representa uno de los símbolos históricos de la oposición, entonces aparecen súbitamente las garantías constitucionales, la presunción de inocencia y el llamado a no politizar los procesos judiciales. Qué oportuno descubrimiento del Estado de derecho.

LA DIFERENCIA en el tratamiento informativo también resulta difícil de ignorar. Basta recordar la cobertura dedicada durante semanas al caso de Adán Augusto López, a diversos funcionarios morenistas o, más recientemente, al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Sin que hasta ahora se hayan presentado públicamente todos los elementos que sostengan las acusaciones, una parte importante de los medios alineados con la oposición construyó una narrativa de culpabilidad prácticamente irreversible.

PORTADAS, columnas, entrevistas, programas especiales y campañas sostenidas durante días alimentaron una percepción donde el veredicto parecía dictado mucho antes que cualquier juez. En contraste, la detención de Ernesto Ruffo no recibió el mismo despliegue. No hubo ocho columnas durante varios días. No aparecieron especiales preguntando si el PAN estaba infiltrado por la delincuencia. No surgieron análisis sobre la crisis moral del partido. Mucho menos campañas editoriales prolongadas buscando extender la responsabilidad política a toda la oposición.

LA PRUDENCIA llegó, curiosamente, junto con el apellido del detenido. No se trata de afirmar que Ruffo sea culpable. Eso deberán determinarlo las autoridades competentes y, sobre todo, los tribunales. Precisamente porque el debido proceso debe respetarse para todos, también debe respetarse para él.

LO QUE SÍ merece señalarse es la enorme facilidad con la que algunos actores políticos y ciertos medios cambian de discurso dependiendo del personaje involucrado. La justicia no puede convertirse en instrumento político, pero tampoco la presunción de inocencia debe utilizarse como privilegio exclusivo para los amigos mientras se niega sistemáticamente a los adversarios.

QUIZÁ el verdadero problema no sea Ernesto Ruffo. Quizá el problema sea esa doble moral que permite condenar sin juicio cuando el acusado viste de guinda, pero exige prudencia, serenidad y respeto absoluto cuando el detenido porta credenciales históricas del panismo.

LAS REDES sociales tienen un defecto fatal para quienes cambian de opinión según sopla el viento: nunca olvidan. Y las hemerotecas, mucho menos. Al final los tuits pasan… pero las capturas permanecen. Y en política, pocas cosas resultan más venenosas que encontrarse mordido por las propias palabras.

@Nido_DeViboras

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