El tablero de México: One México 2050. Chapter VII

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Sergio León Cervantes

Si México fuera una empresa, ningún consejo de administración aceptaría evaluar su desempeño únicamente por cuánto vendió. Preguntaría cuánto creció, cuánto produjo cada trabajador, cuánto reinvirtió, cuánto talento perdió, cuál es la salud de su gente, cuánto innova, cuánto debe y qué patrimonio está construyendo para el futuro. Una nación debería administrarse, al menos, con la misma disciplina.

Durante décadas hemos medido al país principalmente con crecimiento, inflación, empleo, inversión y déficit. Son datos indispensables, pero insuficientes. El PIB puede crecer mientras la productividad se estanca; puede aumentar la inversión mientras la informalidad permanece; pueden mejorar las finanzas públicas mientras cae la confianza institucional.

ONE MEXICO 2050 propone entonces un tablero permanente de quince KPIs nacionales que sobrevivan a los sexenios y permitan medir cinco tipos de riqueza: económica, social, institucional, humana y generacional.

1. Riqueza económica. Aquí mediríamos tres variables centrales: PIB real per cápita, productividad laboral e inversión fija como porcentaje del PIB. El PIB nacional importa, pero importa más cuánto corresponde, en términos reales, a cada mexicano. La productividad revela si producimos más valor o simplemente trabajamos más horas, mientras la inversión muestra cuánto estamos reinvirtiendo en nuestra capacidad futura. México necesita llevar la inversión hacia niveles cercanos a 30% del PIB y romper décadas de bajo crecimiento de la productividad.

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2. Riqueza social. Los KPIs serían empleo formal, ingreso real mediano de los hogares y movilidad social. No basta anunciar millones de empleos si más de la mitad de la población ocupada continúa trabajando en condiciones de informalidad. Tampoco basta que aumente el ingreso promedio si la familia situada en la mitad de la distribución no mejora. Y existe una tercera pregunta todavía más importante: ¿qué probabilidad tiene un niño nacido en pobreza de cambiar su posición económica durante su vida? Ésa es quizá la prueba más dura de cualquier modelo de desarrollo.

3. Riqueza institucional. Mediríamos Estado de derecho, efectividad gubernamental y corrupción. México se encuentra actualmente en posiciones muy rezagadas internacionalmente: en 2025 ocupó el lugar 121 de 143 países en el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project y obtuvo 27 puntos sobre 100 en percepción de corrupción. Un país puede tener carreteras, universidades y empresas; pero si contratos, justicia, seguridad y reglas generan incertidumbre, todo el sistema funciona con un costo adicional. Llevar a México progresivamente hacia el grupo de los treinta países con mejores instituciones sería tan importante como cualquier meta de crecimiento.

4. Riqueza humana. Aquí tendríamos años de vida saludable, competencias educativas y salud mental o satisfacción con la vida. Gary Becker convirtió salud y educación en variables económicas porque ambas determinan productividad y capacidad de generar ingreso. Pero debemos agregar una tercera dimensión que durante mucho tiempo fue ignorada: el bienestar psicológico. La ansiedad, la depresión, el estrés financiero y la falta de propósito afectan productividad, ausentismo, cohesión familiar y calidad de vida. La OCDE ya mide bienestar subjetivo como parte del desarrollo. Si en una empresa analizamos clima laboral, ¿por qué no mediríamos el clima humano de un país?

5. Riqueza generacional. Finalmente debemos medir inversión en investigación y desarrollo, sostenibilidad fiscal y patrimonio estratégico. México destina alrededor de 0.25% del PIB a investigación y desarrollo, mientras varias economías líderes superan 2% y algunas rondan 4% o 5%. La meta de ONE MEXICO 2050 debería acercarnos progresivamente al 2%. Al mismo tiempo debemos medir deuda y obligaciones futuras contra capacidad fiscal, y contabilizar qué estamos dejando en infraestructura, energía, agua, conectividad y capital natural. Una generación no puede declararse próspera si consume el patrimonio de la siguiente.

En términos empresariales, el tablero sería fácil de entender. El PIB serían las ventas; la productividad, las ventas por colaborador; el ingreso real, el rendimiento que llega a las familias; la inversión, el CAPEX; la informalidad, una forma de precariedad laboral; la educación, la capacitación; la salud mental, el clima organizacional; la innovación, el área de investigación y desarrollo; el Estado de derecho, el compliance; la efectividad gubernamental, la calidad administrativa; y la riqueza generacional, el valor patrimonial que recibirá el siguiente consejo de administración.

Cada indicador tendría tres números: línea base, meta 2035 y meta 2050. Y una regla fundamental: ningún gobierno debería poder cambiar los indicadores cuando los resultados no le favorezcan. El tablero tendría que publicarse anualmente, con metodologías independientes, comparables internacionalmente y comprensibles para cualquier ciudadano.

Eso cambiaría incluso nuestra conversación política. Ya no preguntaríamos solamente cuánto creció México este año. Preguntaríamos cuánto aumentó nuestra productividad, cuántos trabajadores pasaron a la formalidad, cuánto mejoró el ingreso familiar, cuánto avanzó la movilidad social, cuánto fortalecimos nuestras instituciones, cuánto mejoró la salud física y mental de la población y cuánto patrimonio dejamos a la siguiente generación.

ONE MEXICO 2050 no necesita que todos pensemos igual. Necesita algo quizá más importante: que todos midamos lo mismo.

Porque lo que un país decide medir termina definiendo aquello que realmente decide construir.

¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.

X: @Oigres14 | IG: @sergioleoncervantes | Email: sergioleon@sergioleon.mx

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