Bertha Alicia Galindo
Las dos instituciones de educación superior más importantes del país: la UNAM (con 475 años desde su fundación en la época de la colonia y 115 años en la era moderna) y el Instituto Politécnico Nacional (con 90 años de creación), han ocupado en los últimos días los titulares y las primeras planas de todos los medios del país.
Lamentablemente no se habla de ellas por un descubrimiento, un premio o desarrollo científico. De la Universidad es por el fallido examen de ingreso a la licenciatura a distancia, y del Poli por la recuperación del Canal Once que estuvo tomado durante 74 días por estudiantes del IPN.
Hace dos semanas comenté en este espacio sobre las anomalías en los resultados de la UNAM. Sencillos análisis de Excel mostraron que de un año a otro los puntajes altos en el examen de ingreso habían aumentado de manera extraña.
A los pocos días esta información se convirtió en un reguero de pólvora que derivó en muchos cuestionamientos en torno a los resultados del examen de la UNAM con una pregunta simple que no se pudo responder: ¿cómo saber que los aspirantes aceptados son los mejores alumnos? Imposible determinarlo.
A este cuestionamiento siguieron muchos más y ante ese mar de dudas, el anuncio de la creación de un Comité Técnico por parte de Rectoría y la solución “salomónica” que propuso de aplicar un Examen de Control a los puntajes más altos, en formato presencial, no ha ayudado a amainar las turbulentas aguas en las que se encuentra la UNAM.
Porque hay muchas preguntas y muy pocas respuestas. Mucha especulación y poca certeza. Escasa información oficial que se ha ido cubriendo con abundantes investigaciones periodísticas.
¿Por qué se decidió contratar a una empresa externa, Territorium Life, para aplicar el examen habiendo tantos buenos ingenieros y especialistas en cómputo en la UNAM? El abogado general de la UNAM Hugo Rocha Cantú explicó que ya se habían realizado exámenes a distancia con éxito en diversas áreas y niveles de la UNAM y se decidió dar el brinco para que el examen de ingreso a la licenciatura fuera totalmente en línea. Además de que la empresa ya había probado su tecnología y esta modalidad abría la posibilidad de participar a personas de todo el país sin necesidad de desplazarse.
¿Por qué Territorium Life? Porque ya contaba con la propiedad intelectual del software. ¿Quién tomó la decisión de contratar a esta empresa? Desde la Rectoría se mandó un mensaje: fue una persona: Patricia Dávila, quien renunció a la Secretaría General de la Máxima Casa de Estudios a pocos días que empezó este escándalo. Me han comentado algunas personas de la comunidad universitaria que renunciar al cargo no deja a Patricia Dávila fuera de la UNAM, es probable que ella tome distancia de todo este asunto con un sabático o dos, y regresará a sus actividades académicas cuando la tormenta haya terminado.
La verdad nadie cree que una sola persona sea la ejecutora de todo este entuerto. Habrá que ver qué resultados arrojan las investigaciones técnicas a la empresa para determinar si hubo alguna fuga de información que diera paso al fraude.
También es de no creerse que semanas antes hubo recomendaciones en redes sociales sobre cómo burlar los filtros de seguridad y que no faltó el muy abusado que hizo negocio vendiendo el “acceso seguro” a la UNAM. Todo fue público sin que ninguna autoridad viera nada o se diera cuenta…qué extraño.
El desastre que generó hacer el examen de admisión a distancia también ha avivado el debate sobre el proceso de ingreso a la UNAM. Que fue un error usar la tecnología dicen unos, que era la opción para asegurar el ingreso de los mejores alumnos dicen otros; que es el peor método porque reproduce desigualdades, otros más que señalan que esta crisis tiene un origen: el presupuesto, que desde hace años no aumenta, lo que lleva a que no haya lugares suficientes en la UNAM. Eso es cierto, cada año la demanda es mayor y los espacios no crecen.
Pero eso sí, hasta el momento no hay pruebas de corrupción, dijo Rocha Cantú en una entrevista radiofónica. Las investigaciones siguen para tener claridad y deslindar responsabilidades. Así estamos en este momento, con muchas preguntas y pocas respuestas de qué fue lo que realmente pasó.
Lo cierto es que la Inteligencia Artificial ya rebasó los mecanismos tradicionales de evaluación. En muchos países las instituciones educativas están replanteando cómo evaluar los conocimientos, el razonamiento y el pensamiento crítico con la IA al alcance de la mano de los estudiantes. ¿Y en México?
Por lo pronto ya se anunciaron las fechas y sedes del examen de control. Hay molestia e indignación de los jóvenes y padres que no fueron aceptados pidiendo un lugar. En contraparte están los aspirantes que recibieron la noticia de haber sido aceptados y que ahora están convocados a realizar una nueva prueba que exigen que se respete el resultado. Lo que pase después del examen de control no va a dejar contentos a todos.
La UNAM vive una crisis reputacional dentro y fuera del país, porque el caso ya se difundió a nivel global, pero en mi opinión esta crisis va más allá de un debate sobre el mecanismo de ingreso o el de resolver este entuerto del examen. Lo que está en juego es el futuro de una institución que representa un importante papel en la formación de profesionistas en México, pero que también tiene un papel destacado en el ámbito científico, tecnológico y de innovación. En esta institución hay gente muy valiosa y comprometida con la labor que realiza la UNAM y que están desconcertados e indignados por lo que pasó. Habiendo tanto talento y conocimiento se prefirió contratar a una empresa en un proceso que tampoco fue muy transparente y a final de cuentas, falló, me comentaron hace poco.
Este proceso de admisión fallido puede afectar y modificar un largo camino recorrido por una decisión de dar el salto tecnológico que ni siquiera en China lo tiene considerado. Allá el examen de licenciatura es con papel y lápiz.
En un portal de la UNAM se explica que el lema: “Por mi raza hablará el espíritu” significa que el destino de los pueblos latinoamericanos y mestizos debe guiarse por el cultivo del saber, la cultura y los valores humanos por encima de la fuerza o la opresión … y de la trampa, agrego yo. Dura lección para quienes decidieron hacer de la Máxima Casa de Estudios el Prometeo tecnológico de México.
Canal Once, versiones encontradas
Desde mayo las instalaciones de Canal Once fueron tomadas por estudiantes del Instituto Politécnico Nacional que en semanas previas se habían estado movilizando por las calles de la ciudad expresando señalamientos sobre la gestión de la institución.
La destitución del director, Arturo Reyes Sandoval era su principal demanda a la que se sumaron transparencia y rendición de cuentas, mejoras en la infraestructura, el equipamiento y los servicios, entre otras que fueron plasmadas en un pliego petitorio.
Si hubo acercamiento con los estudiantes por parte de autoridades de la SEP, uno de los primeros acercamientos fue el del propio Secretario de Educación Mario Delgado quien llegó un fin de semana a dialogar con los estudiantes, pero no logró avance en las negociaciones. El reloj siguió su curso y la toma de las instalaciones continuó.
Por parte del IPN se instalaron mesas de diálogo para la atención de las demandas estudiantiles, sesiones que se transmitieron por las redes sociales del instituto. Largas sesiones en donde poco se avanzó en las demandas del pliego y la toma de Canal Once continuó.
¿Qué pasó con la señal de este medio público? Al tener el Canal Once cerrado por los estudiantes, se reorganizó al personal en instalaciones de otras televisoras públicas para continuar con las transmisiones, principalmente en Estudios Churubusco, Canal 22 y Capital 21. Así continuaron las cosas hasta que hace unos días empezó a difundirse una campaña alertando sobre el peligro que corrían los materiales de la videoteca del Canal Once al no poder ingresar el personal a las instalaciones para verificar que estuviera en las condiciones necesarias para su preservación, materiales con 67 años de historia audiovisual en peligro por fallas en los sistemas de clima y eléctricos.
El riesgo de perder estos materiales movilizó este domingo pasado a un grupo de 120 trabajadores, de los 1,000 que laboran en Canal Once, para recuperar las instalaciones y por ende su espacio de trabajo, después de 74 días de no poder entrar.
Las primeras informaciones dieron a conocer que la recuperación había sido pacífica y que lamentablemente hay daños en algunos materiales audiovisuales.
Sin embargo, los estudiantes señalan que los trabajadores entraron de manera violenta y han negado daños a la videoteca. Además, han difundido videos en donde se ve a personas usando corta pernos para abrir la reja así como fotografías con sellos de seguridad en las puertas de Canal Once.
La directora del Canal Once ha dicho en varias entrevistas que el canal no puede atender las demandas de los estudiantes porque si bien la televisora tiene el apellido del IPN, operativa y presupuestalmente hablando, no depende de esta institución educativa. Es decir, los estudiantes tomaron unas instalaciones que el IPN no tiene bajo su resguardo y por lo tanto no fueron tomadas en cuenta al momento de la negociación.
Hay muchas preguntas sobre la recuperación de las instalaciones de Canal Once, mismas que están expresadas en medios y redes sociales ¿Por qué no tenemos certeza de lo que pasó? ¿Por qué razón habiendo presencia de personal de Gobernación, de la CNDH, de un notario no tenemos testimonio de lo ocurrido? ¿Por qué solo el 12% de los trabajadores acudieron al llamado de recuperar el Canal Once? ¿No fue un exceso llevar a 120 personas para enfrentar a 6 estudiantes? ¿Por qué todo lo que hay en video es de teléfono celular? ¿No se podría haber documentado esta entrada pacífica de mejor manera? ¿Acaso no había ningún camarógrafo disponible? Digo, estamos hablando de una televisora y de un Canal de Televisión Pública ¿Es porque era domingo y cobrarían horas extra? ¿No se enteraron del llamado? ¿Si los camarógrafos no tenían sus cámaras, no podrían cubrirlos los del 21? ¿los del Mexiquense? ¿los del 22 y otros más? Pero…y los mil trabajadores ¿en dónde están?




