POR KUKULKAN
VAYA que la austeridad republicana tiene sus encantos. Para el ciudadano de a pie significa comparar precios en el supermercado, estirar la quincena y rezar a todos los santos para que la tarjeta llegue viva al siguiente corte. Para algunos integrantes del Senado de la República, en cambio, 2025 parece haber sido un año bastante propicio para ampliar el patrimonio. Si bien, desde las tribunas se discute sobre el pueblo bueno, la desigualdad, los excesos del pasado y las virtudes de apretarse el cinturón, entre sus señorías hubo quienes encontraron tiempo para comprar casas, departamentos y automóviles.
PERO, claro, hasta entre los senadores millonarios hay niveles. Ahí tienen al panista Marko Cortés, quien, según sus declaraciones patrimoniales exhibidas por una investigación periodística, adquirió en enero de 2025 un departamento por 562 mil euros, aproximadamente 12 millones de pesos ¿Hipoteca a 20 años? ¿Crédito Infonavit? ¿Mensualidades sin intereses? ¡Por favor! El departamento fue adquirido al contado. Eso sí es evitar intereses abusivos.
MIENTRAS millones de mexicanos calculan si pueden completar el enganche de una vivienda de 60 metros cuadrados, don Marko aparentemente pertenece a esa selecta categoría de clientes a quienes la pregunta “¿débito o crédito?” les resulta francamente vulgar. Lo curioso es que la propiedad posteriormente dejó de aparecer en su declaración patrimonial, de acuerdo con la investigación periodística. Eso no significa necesariamente que haya desaparecido: pudo venderse o existir alguna otra explicación jurídica o patrimonial. Pero será interesante conocerla. Y es que doce millones de pesos no son precisamente unas llaves que uno olvida dónde dejó.
EN EL PRI tampoco cantan mal las escrituras. La senadora Carolina Viggiano reportó la adquisición de un departamento por cuatro millones de pesos. Una propiedad bastante más modesta dentro de las grandes ligas senatoriales. Casi vivienda de interés social… versión Cámara Alta. Y del otro lado del espectro ideológico aparece Gerardo Fernández Noroña, quien confirmó la adquisición de su conocida casa en Tepoztlán, valuada en 12 millones de pesos. Aquí aparece la diferencia de clases. Porque Noroña sí recurrió al crédito. ¡Qué alivio! Todavía queda pueblo en el Senado.
EL POLÉMICO legislador de Morena explicó que llevaba años viviendo en esa propiedad como arrendatario y que ahora la está pagando con sus ingresos como diputado y senador. Así que mientras unos sacan la chequera y liquidan doce millones de un plumazo, otros tienen que ir abonando. Hasta en la opulencia hay proletariado. Y luego está el fascinante mundo de los bienes que aparecen y desaparecen de las declaraciones. El también morenista Adán Augusto López Hernández, por ejemplo, ha reportado distintas composiciones patrimoniales a lo largo de los años. En su declaración de 2025 aparecen dos terrenos heredados, mientras propiedades anteriormente reportadas dejaron de figurar.
NADA de esto demuestra por sí mismo irregularidad alguna. Los bienes se venden, se donan, se heredan y cambian de propietario. Pero las declaraciones patrimoniales de nuestros representantes empiezan a parecer álbumes de estampitas: “Ésta ya no la tengo”;. “Ésta me la heredaron”. “Ésta la compré”. “Ésta la vendí”. “Y ésta… quién sabe dónde quedó”. Lo verdaderamente maravilloso es comprobar que en México las diferencias ideológicas pueden ser irreconciliables hasta que aparece una buena oportunidad inmobiliaria.
MORENA puede acusar al PAN de representar a los privilegiados. El PAN puede denunciar los lujos de la 4T. El PRI puede reclamar austeridad. Y todos pueden agarrarse a gritos en la tribuna. Pero cuando llega el notario, milagrosamente se acaba la polarización.
Porque podrá haber izquierda, derecha y centro, pero una escritura pública une lo que la política separa. Que quede claro: tener patrimonio no constituye delito y comprar una casa tampoco debería provocar sospechas automáticas. Para eso existen precisamente las declaraciones patrimoniales y las autoridades encargadas de fiscalizarlas.
PERO lo que sí provoca una sonrisa venenosa es el contraste. Nuestros representantes pasan buena parte de su tiempo explicándonos cómo debe vivir el país mientras algunos de ellos parecen vivir en otro país. Uno donde los departamentos cuestan cuatro millones.
Las casas, doce. Y 562 mil euros se pagan al contado. Así que no sean malpensados.
La austeridad sigue vivita y coleando. Nada más que, al parecer, algunos senadores ya la escrituraron a nombre de otra persona. ¡Sssssss!




