- La obra ‘Algodón de Azúcar’, de Gabriela Ochoa, que se presentó en el Teatro de la Ciudad de Cancún, convierte una golosina de feria en el símbolo más certero del abuso infantil: algo dulce, ligero, que desaparece en cuanto se le toca.
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CANCÚN, Q. ROO.- El algodón de azúcar es, quizás, la metáfora más precisa que el teatro mexicano ha encontrado para hablar de la infancia arrebatada. Esponjoso, colorido, hecho para deshacerse en la boca: así es también la inocencia que la obra de Gabriela Ochoa pone en escena, y así de fácil —muestra el montaje— es que alguien te la quite sin que el mundo se dé cuenta.
Con más de cien funciones en México y el extranjero, cuatro Premios Metropolitanos de Teatro y el Premio Talía 2024, “Algodón de Azúcar” llegó a Cancún por sólo tres noches. Pocas, pero suficientes para dejar una marca.
Una feria, un trauma, una golosina
Magenta, un hombre adulto interpretado por Alejandro Morales, se pierde una noche de tormenta en una feria abandonada. Ahí lo esperan unos payasos —Romina Coccio, Carolina Garibay, Miguel Romero y Francisco Mena— que lo arrastran, atracción por atracción, a un recuerdo de infancia que había preferido olvidar. El algodón de azúcar aparece una y otra vez como recordatorio: eso que se ofrece como premio, como ternura, como recompensa, es también lo primero que se disuelve cuando alguien decide hacerte daño.
“Cada máscara es una capa de silencio familiar, social, institucional”.
Las máscaras que no protegen a nadie
El otro gran acierto del montaje son las máscaras. Los payasos que guían a Magenta no sólo divierten: encarnan una indiferencia grotesca, la misma que rodea a cualquier niño que sufre abuso y nadie ve —o nadie quiere ver—. Ochoa no necesita explicarlo: el cuerpo de los actores, exigido al límite en un diseño escénico de dos niveles, hace visible lo que las palabras no dicen.

Un detalle por pulir
Si algo podría potenciarse aún más es la escenografía, a cargo de Félix Arroyo: en ciertos pasajes de mayor carga dramática, un diseño más envolvente ayudaría a acompañar visualmente la intensidad que ya logran el cuerpo y la actuación. Un matiz menor frente a una obra que, en dirección e interpretación, se sostiene impecable de principio a fin.

Por qué importa
Que una producción de este nivel —reconocida en México y España— elija Cancún, aunque sea por tres noches, es una señal de que la ciudad puede sostener teatro que incomoda, que confronta, que no busca complacer. Hablar del abuso infantil sin panfleto y sin golpe bajo es, todavía, un acto de valentía escénica. Ojalá no sea la última vez.
FICHA TÉCNICA
Dramaturgia: Gabriela Ochoa
Dirección: Gabriela Ochoa
Elenco: lejandro Morales, Romina Coccio, Carolina Garibay, Miguel Romero, Francisco Mena
Música en vivo: Paco Castañeda
Música original: Genaro Ochoa
Escenografía: Félix Arroyo
Iluminación: Ángel Ancona
| 3 Funciones en Cancún | 100+ Funciones en México y el extranjero | 2024 Premio Talía, Madrid |




