Rodolfo ‘El Negro’ Montes
En la selva de las redes sociales nació un concepto que, todo apunta, será el manual de campaña para miles de candidatas y candidatos que competirán en el proceso electoral de 2027: farmear aura.
La palomilla juvenil lo define como la acumulación obsesiva de puntos imaginarios de carisma, aplomo y presencia a través de gestos, poses y movimientos perfectamente calculados ante la cámara.
En el idioma llano de la política mexicana que nos ha tocado reportearlas durante décadas en campañas presidenciales o la disputa por gubernaturas, no es más que la vieja y conocida pantomima electoral, pero aderezada con filtros de TikTok, ritmos urbanos y una dosis insólita de cinismo.
Prepárese, estimado lector, porque rumbo al 2027 los mítines dejarán de ser tribunas ideológicas para convertirse en pasarelas de la ocurrencia. Veremos a candidatas y candidatos de todos los colores sudando la camiseta en el templete, no para explicar una propuesta de presupuesto o seguridad, sino para tirarse el “pasito prohibido”, ensayar el encuadre perfecto o fingir una cercanía orgánica con la raza con tal de rascar unos cuantos miligramos de aura.
El problema es que, en el intento desesperado por acumular esa aura ante un electorado desencantado, la frontera entre la gracia y el ridículo es delgada como hoja de papel.
Ahí tiene, por ejemplo, al senador morenista Adán Augusto López. En los cuarteles de la oposición ya alistan para la utilería para la contienda. No le extrañe ver en los eventos públicos a provocadores y rivales agitando escobas para recordarle, entre burlas y consignas, las sombras que lo persiguen por los señalamientos de la famosa célula criminal “La Barredora”. ¿Se puede proyectar aura mientras el adversario te pone una escoba en enfrente para encararte con los fantasmas del crimen organizado?
El intento de defensa guinda será puro contorsionismo mediático. Y es que en Morena no es el único caso; la sombra de la narcopolítica acecha a más de un tirador oficialista que intentará bailar en el templete para que la polvareda tape sus expedientes.
Pero la hipocresía no es patrimonio exclusivo de la 4T. En la acera de enfrente, el PAN sacará a sus aspirantes de abrigos de marca para ponerlos a masticar tacos de canasta a cuadro, buscando “farmear” una empatía popular que jamás han practicado.
El PRI, en agonía prolongada, mandará a sus cuadros a imitar el lenguaje de la Generación Z, resultando en estampas patéticas donde la rancia política burocrática se viste de chavorruquez. Y Movimiento Ciudadano, los reyes del empaque sobre el fondo, reactivará su maquinaria de fosforecería electoral, confiando en que una rola pegajosa y un baile viral bastan para disimular los vacíos de gobierno y los amarres oscuros debajo de la mesa.
Al final, la política mexicana del 2027 promete ser una subasta de aura vacía. Unos buscando ocultar sus compromisos con la delincuencia y otros disimulando su desconexión con la realidad, mientras el electorado atestigua cómo la clase política cambia los debates serios por una competencia de payasadas. Pero aquí seguiremos, registrando la farsa, sin concesiones y sin medias tintas.




