La podadora no salvó a la oposición

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POR KUKULKAN

QUÉ COSAS tiene la política mexicana. El INE sacó las tijeras, la máquina del uno y hasta la navaja de barbero para meterle una buena rasurada al padrón de Morena. Casi 600 mil registros terminaron fuera después de la revisión de la autoridad electoral. Uno pensaría que semejante trasquilada dejaría al partido guinda temblando, buscando militantes debajo de las piedras. Pues no. Después del corte, Morena quedó con 11 millones 629 mil 541 afiliados válidos. Una barbaridad si se compara con las filas bastante menos nutridas de quienes sueñan con disputarle el poder.

Y JUSTO aquí viene la parte que debe provocar indigestión en las dirigencias opositoras: ni juntándose alcanzan semejante músculo partidista. El PRI, aquel dinosaurio que durante décadas presumió estructuras capaces de movilizar hasta las piedras, quedó en alrededor de 819 mil militantes. El PAN tampoco está precisamente para organizar una invasión y Movimiento Ciudadano sigue teniendo una estructura partidista mucho menor que la maquinaria morenista. Así que la fotografía resulta incómoda: al partido en el poder le quitaron cientos de miles de registros y todavía puede mirar desde arriba a sus adversarios.

VAYA paradoja. Mientras algunos opositores celebran la depuración como si el INE hubiera desalojado Palacio Nacional, los números cuentan una historia bastante menos emocionante. Morena tenía apenas 2 millones 322 mil 136 militantes válidos en 2023. Tres años después, aun pasando por la podadora electoral, rebasa los 11.6 millones. Es decir, mientras la oposición discute si va junta, separada, medio junta, sólo en algunos estados o dependiendo de cómo amanezca el dirigente correspondiente, Morena construyó una estructura territorial de dimensiones que ninguno de sus adversarios posee individualmente.

Y ESO explica muchas cosas. Explica, por ejemplo, por qué PAN y PRI pueden anunciar divorcios políticos con música de mariachi y meses después comenzar a preguntarse discretamente si no sería mejor volver a dormir en la misma cama electoral. Y es que una cosa es presumir independencia en conferencia de prensa y otra muy distinta abrir la libreta y contar soldados. Ahí se acaba el romanticismo. El PAN y el PRI ya comenzaron a enfriar su separación rumbo a 2027, particularmente en estados donde competir individualmente contra Morena podría convertirse en una elegante manera de administrar la derrota.

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AUNQUE tampoco Morena debería sacar demasiado pecho. Que el INE haya encontrado cerca de 600 mil registros que no podían permanecer en su padrón no es precisamente una medalla para colgar en la sala de juntas. Entre la depuración aparecen inconsistencias que obligan a preguntar qué tan cuidadosa fue aquella frenética campaña de afiliación con la que Morena pretendió demostrar que prácticamente medio país quería una credencial guinda. Una cosa es afiliar y otra llenar la cubeta con todo lo que caiga. La autoridad electoral realiza esta verificación cada tres años precisamente para comprobar que las afiliaciones sean válidas y que los partidos mantengan el mínimo legal requerido. Pero incluso después de pasar por semejante filtro, Morena conserva una ventaja monumental.

Y ÉSE debería ser el dato verdaderamente preocupante para la oposición. No los 600 mil que salieron. Los más de 11 millones que quedaron. Mientras Morena puede darse el lujo de perder afiliados por cientos de miles y continuar mostrando una estructura gigantesca, sus adversarios siguen intentando resolver algo bastante más elemental: cómo reconstruir organizaciones políticas que durante años fueron perdiendo militantes, territorio y capacidad de movilización. El PRI pasó de ser aquella maquinaria omnipresente a contar militantes como quien revisa las monedas que quedaron en el bolsillo. El PAN conserva bastiones, pero no una estructura nacional comparable. Movimiento Ciudadano apuesta más por marca, comunicación y candidaturas competitivas que por una militancia multitudinaria. Y mientras todos hacen cuentas, Morena tiene otro problema: demostrar que esos millones de nombres son algo más que registros almacenados en una computadora.

SI BIEN tener 11.6 millones de afiliados impresiona, lograr que caminen, organicen, defiendan casillas y voten disciplinadamente es otra historia. Pero ésa ya será preocupación de Morena. La de la oposición es bastante más urgente. Después de la rasurada del INE, esperaban encontrarse un Morena debilitado. Y cuando terminaron de barrer el cabello del piso descubrieron algo peor: el pelón todavía tiene más pelo que todos ellos juntos.

@Nido_DeViboras

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