- A un mes de su apertura, el albergue para transformar vidas ‘María Loreto León Beltrán’ tiene una capacidad instalada de 50 camas para personas en situación de calle.
IGNACIO CALVA
CANCÚN, Q. ROO.- A un mes de su apertura, el albergue para transformar vidas ‘María Loreto León Beltrán’ brinda refugio a 41 varones, que representa casi a la totalidad de su capacidad instalada de 50 camas.
El refugio ubicado en la Supermanzana 228 atiende a personas con una edad que fluctúa en 30 años, pero también entre los que tienen más de 50 años.
El director del Instituto Municipal Contra las Adicciones (IMCA), Alberto Ortuño Báez, informó que la población atendida está enfrentando problemas de alcoholismo crónico y, en menor medida, consumo de sustancias ilícitas, principalmente.
El servidor público destacó que el ayuntamiento Benito Juárez garantiza un presupuesto específico para la alimentación y suministros de primera necesidad de los internos.
Para fortalecer el proyecto y asegurar una estancia digna, el IMCA sostendrá una reunión con 50 empresarios locales en los próximos días.
El objetivo es presentarles el modelo de atención y establecer campañas de donativos que complementen los recursos municipales.
Para identificar y canalizar a ciudadanos que requieren apoyo, el IMCA mantiene una estrecha colaboración con el Centro de Retención Municipal (Torito).
Personal del instituto dialogó con siete personas detenidas por faltas administrativas que fueron identificadas en situación de calle; de ellas, cinco aceptaron voluntariamente integrarse al programa de rehabilitación del albergue, el 2 de junio pasado.
Asimismo, hay operativos conjuntos con la Secretaría de Seguridad Ciudadana en puntos estratégicos, como el Parque de las Palapas y diversos domos deportivos.
Una de las intervenciones recientes permitió canalizar a cuatro personas, y se sumaron ingresos por iniciativa de particulares que han acercado a personas en situación de vulnerabilidad.
Ortuño Báez subrayó que, al ser un programa de carácter voluntario, el desafío es evitar la deserción durante las etapas críticas del tratamiento.
Aunque se han registrado intentos de abandono, un equipo de psicólogos del instituto ha logrado convencer a los usuarios de permanecer en el programa con un acompañamiento constante.
“Si hay el intento de deserción, es voluntaria la estancia, pero tampoco es que simplemente nos digan ‘ya me quiero ir’ y les abramos la puerta y se vayan.
“Hacemos un trabajo con los psicólogos para tratar de convencerlos, claro que a nadie le gusta estar en un sitio cerrado, sientes a lo mejor que perdiste tu libertad.
“Pero lo que les tratamos de explicar y enseñar es que su libertad la perdieron cuando empezaron a consumir y si se quedan dentro, estarán encerrados cierto tiempo, pero van hacia una recuperación”.
Con la ayuda del personal especializado, las personas internas siguen adelante hacia su recuperación.




