Entre las calles y la rehabilitación: albergue del IMCA es vía de apoyo

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  • La recuperación de una persona que vivió atrapada en el alcoholismo o en adicción a una droga no es sólo un logro individual, impacta de forma directa en el bienestar familiar, la salud pública y la seguridad de la comunidad.
IGNACIO CALVA

CANCÚN, Q. ROO.- La recuperación de una persona que vivió atrapada en el alcoholismo o en adicción a una droga no es sólo un logro individual, impacta de forma directa en el bienestar familiar, la salud pública y la seguridad de la comunidad.

Con este enfoque de atención integral, el Instituto Municipal Contra las Adicciones (IMCA) fortaleció sus operaciones tras abrir el albergue “María Loreto León Beltrán”, un espacio dedicado a transformar la vida de hombres en situación de calle.

LA REINSERCIÓN

Aunque el IMCA realiza labores de atención y prevención en Cancún desde 2018, la apertura de este albergue hace cuatro meses marcó un hito en su estrategia; el espacio ofrece a quienes carecen de un hogar la posibilidad de iniciar un proceso de rehabilitación digno y estructurado.

El ingreso al refugio no impone requisitos ni limitaciones estrictas para los hombres que acepten voluntariamente recibir ayuda; en sus instalaciones, los usuarios cuentan con tres alimentos diarios, un sitio seguro para pernoctar, servicios de aseo personal y atención a sus necesidades básicas.

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El director del IMCA, Alberto Ortuño Báez, destacó que el modelo combina el hospedaje con programas especializados desarrollados en alianza con organizaciones civiles.

Las personas integradas acceden al esquema de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, valoración médica, atención psicológica y psiquiátrica, así como a talleres de capacitación en oficios (como plomería, electricidad y barbería) y vinculación con bolsas de trabajo.

Con una capacidad máxima para 50 usuarios, el albergue ha recibido a 54 hombres; de ese total, 48 permanecen en el inmueble municipal y seis optaron por continuar su tratamiento en el Centro de Rehabilitación Amor al Adicto Difícil y Reincidente (Craadyr) 15, una de las instituciones aliadas del proyecto.

AL RESCATE

La captación de usuarios exige un despliegue diario en las calles. Las brigadas del IMCA recorren puntos identificados en la ciudad para dialogar con un promedio de cuatro a cinco personas al día en situación de vulnerabilidad.

Ortuño Báez explicó que el personal no abandona el contacto aun cuando las personas rechacen la ayuda en repetidas ocasiones; en muchos casos, los brigadistas insisten hasta cinco o seis veces antes de lograr un ingreso voluntario.

“No necesariamente hay más personas en situación de calle, sino que hemos recibido muchos reportes.

“Por ejemplo, el señor que vive en la avenida de la SM 228, arriba de un árbol: mi gente va una vez a la semana a hablar con él. No quiere la ayuda la persona, pero ahí seguimos.

“Es más visible el problema, pero también la ayuda. Todos los reportes son atendidos”, afirmó el titular del Instituto.

El trabajo se coordina con otras instancias de la administración local. Representantes del IMCA acuden al Centro de Retención Municipal (conocido como “Torito”) y a los Juzgados Cívicos para ofrecer la opción del albergue a quienes han sido remitidos.

Asimismo, colaboran con la Secretaría de Seguridad Ciudadana y Tránsito para intervenir antes de que una persona en situación de calle sea procesada por faltas administrativas.

“Los que aceptan son canalizados al albergue. Me encantaría decirte que la mayoría acepta a la primera, pero no es fácil. A mí me costó muchos años de sufrimiento tomar la ayuda.

“El que no acepta no lo podemos llevar por la fuerza; tendrá que seguir viviendo donde está por decisión propia hasta que cometa una falta e intervengan las autoridades correspondientes”, relató el funcionario.

SEGUIMIENTO POST-ALTA

El albergue opera bajo un modelo mixto basado en la Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA, que combina la atención profesional (médica y psicológica) con la ayuda mutua mediante padrinos y dos juntas diarias del programa de 12 pasos.

La rutina dentro del centro impone una disciplina estricta basada en el cumplimiento de horarios y tareas, un elemento estratégico para estructurar planes de vida y prevenir factores de riesgo que detonen el consumo.

El inmueble funciona bajo un esquema de autogestión: las personas con mayor avance en su proceso asumen roles de “servidores de confianza” en áreas de cocina, limpieza y administración, mientras que los recién ingresados aprenden hábitos básicos de higiene y orden personal.

Para asegurar la continuidad del proceso al concluir la estancia, el IMCA mantiene alianzas con la Secretaría del Bienestar, la industria hotelera y empresas arrendadoras de autos para abrir plazas laborales.

Como garantía ante los empleadores, el Instituto brinda seis meses de seguimiento psicológico a las personas reinsertadas al mercado de trabajo. Aquellos que no se emplean de inmediato conservan el acceso a consultas externas y soporte emocional.

POBLACIÓN MIGRANTE

Pese al acompañamiento profesional, las recaídas forman parte del proceso de recuperación. Citando cifras del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (Sisvea), el director señaló que entre 60 y 70 por ciento de las personas en rehabilitación sufren alguna reincidencia en el consumo.

Cuando esto ocurre, el IMCA reinicia el tratamiento desde cero, haciendo énfasis en el soporte emocional para contrarrestar los sentimientos de culpa y frustración de la persona.

“Una adicción es complicada de combatir; el cuerpo necesita la sustancia, la mente la necesita, pero también tenemos cosas internas que sanar: emociones, resentimientos y asuntos sin perdonar.

“La enfermedad también es emocional. Si no cambiamos nuestra manera de pensar y actuar, es difícil llegar a la sobriedad. Es un proceso integral: espiritual, mental y físico”, sostuvo Ortuño Báez.

La labor del albergue incluye también el rastreo de redes familiares. Cuando los usuarios provienen de otros estados o del extranjero, el IMCA coordina gestiones con consulados y dependencias de gobierno para facilitar su retorno seguro.

En las instalaciones se ha brindado atención a personas originarias de Cuba, Estados Unidos y Venezuela, además de un caso de origen francés atendido de manera externa.

Según observaciones del Instituto, la mayor parte de la población extranjera en situación de calle en Cancún procede de Centroamérica y el Caribe.

CANALES DE ATENCIÓN

El IMCA mantiene abiertas diversas vías para que la población reporte casos de personas en situación de adicción que requieran asistencia en la vía pública: línea de atención anónima del IMCA: 998 483 1650 y vías de reporte comunitario: Comités de Paz municipales y la plataforma digital Chatcún.

La ciudadanía puede sumarse al programa mediante la campaña permanente de recaudación “Sanando con Amor”, la cual recibe aportaciones económicas en alcancías o transferencias bancarias, así como donaciones en especie (ropa, calzado, alimentos no perecederos, blancos y comida preparada) en las sedes del Instituto.

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