José Réyez
La Nation Security Science & Technology Strategy 2026 (NSSTS, sigla en inglés de la Estrategia Nacional de Ciencia y Tecnología) es más que un plan de gobierno. Se trata de una declaración de principios y una hoja de ruta explícita para lo que el Ejecutivo considera la próxima gran contienda global: la guerra tecnológica.
En ciencia y tecnología, señala el documento, debe organizarse en torno a cuatro prioridades fundamentales: “estar focalizado”, para competir en áreas donde tiene ventajas; “ser resiliente”, para reducir el riesgo en misiones y tecnologías críticas; “ágil”, para acelerar la innovación, y “segura”, para proteger el conocimiento del robo y la explotación extranjera.
Este marco responde a una realidad geopolítica donde los adversarios potenciales invierten fuertemente en tecnología avanzada. Y buscan asimetrías para contrarrestar la superioridad militar de Estados Unidos e intentan activamente robar propiedad intelectual y datos sensibles.
La Estrategia Tecnológica por la Seguridad Nacional ha sido interpretada por analistas como una respuesta tardía a la competencia de China y Rusia. Las diferencias entre las tres potencias no son sólo tecnológicas, sino que reflejan modelos estratégicos, políticos y económicos profundamente distintos.
China, la maquinaria de la “Fusión Cívico-Militar”
El enfoque de China es radicalmente diferente. Su estrategia de “fusión cívico-militar” busca borrar las líneas entre el desarrollo tecnológico civil y militar.
Un estudio de Georgetown University’s Center for Security and Emerging Technology (CSET) analizó miles de contratos de adquisición del Ejército Popular de Liberación (EPL) y encontró que casi tres cuartas partes de los proveedores de capacidades de IA eran empresas civiles y universidades, no conglomerados de defensa estatales.
Empresas como iFlytek digital (reconocimiento de voz) y PIESAT (análisis geoespacial y satélites) suministran a China tecnologías de uso dual que van desde sistemas de IA hasta plataformas de simulación de combate.
Este modelo permite al EPL acceder a la innovación del sector privado a un ritmo y una escala que el sistema de defensa tradicional por sí solo no podría lograr, reduciendo su dependencia de tecnologías extranjeras.
Rusia, ventajas asimétricas y disuasión no convencional
El modelo ruso, por su parte, se centra en el desarrollo de ventajas asimétricas diseñadas para contrarrestar la superioridad convencional de Occidente. La guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio para estas tácticas.
Rusia ha desarrollado y utilizado en combate sistemas que no tienen parangón en el mundo, como el misil de crucero nuclear de alcance ilimitado Burevestnik y el torpedo nuclear no tripulado Poseidón.
Además, ha integrado doctrinas innovadoras en el uso de drones de bajo costo y sistemas de guerra electrónica, como el centro Rubikon, para saturar y desgastar defensas mucho más caras.
Aunque su producción industrial y su economía son más limitadas, su capacidad para innovar tácticamente y desarrollar sistemas disruptivos representa un desafío estratégico significativo.
Liderazgo: un mapa del poder tecnológico
Hipersónicos: esta es un área donde China y Rusia han tomado la delantera. Según estimaciones de inteligencia de Estados Unidos, Rusia posee actualmente alrededor de 300 misiles hipersónicos (como el Kinzhal, el Zircon y el Avangard), mientras que China contaría con unos 600. Se proyecta que para 2035, Rusia podría tener mil y China 4 mil. En contraste, Estados Unidos aún está en fase de desarrollo de sistemas como el Dark Eagle (misil hipersónico terrestre) y el Conventional Prompt Strike.
Espacio y Satélites: La competencia por el espacio se ha intensificado. El Comando Espacial de Estados Unidos ha declarado que el desarrollo de armas antisatélite (ASAT) ofensivas es ahora una prioridad crítica para mantener la “superioridad espacial”. China y Rusia poseen un arsenal de capacidades ASAT más variado y conocido.
China combina sistemas de soft-kill (difíciles de atribuir y reversibles) como inhibidores de satélites y armas de energía dirigida, con opciones de hard-kill. Incluyen misiles y satélites co-orbitales, como el SJ-21, para atacar en diferentes niveles de escalada. El enfoque chino presenta a Estados Unidos un espectro de amenazas más complejo.
En el campo de la IA y la investigación fundamental, Estados Unidos mantiene un liderazgo en innovación, pero China está acortando distancias a un ritmo acelerado. La nueva NSSTS es un reconocimiento de que la ventaja occidental no es eterna, y busca proteger la propiedad intelectual y los resultados de investigación. En el ámbito de los semiconductores, el control de exportaciones es un arma clave de la política industrial y de seguridad nacional.
La tensión se evidencia en el debate político: mientras algunos abogan por controles más estrictos para frenar a China, otros advierten que los recortes presupuestarios a la inversión en I+D nacional dentro de Estados Unidos son igualmente dañinos.
Una respuesta en un campo de batalla desigual
La NSSTS no es, por tanto, una respuesta tardía en el sentido de ser inútil, sino un reconocimiento formal y una movilización ante una realidad que ya se está librando. Estados Unidos está compitiendo con potentes adversarios: China. que ha orquestado todo su modelo de desarrollo económico y tecnológico para fines militares, y con Rusia, que apuesta por tácticas disruptivas y tecnológicamente radicales para nivelar el campo de juego.
La estrategia estadunidense plantea el dominio en el Campo de Batalla: Submarinos, Espacio e IA.
La competencia tecno-estratégica enfocada, es quizás el más revelador de la estrategia. Identifica tres áreas prioritarias para el dominio en el campo de batalla y la proyección de poder:
Dominio submarino: Busca una superioridad tecnológica, incluyendo capacidad de supervivencia de los submarinos y la guerra atisubmarina.
Dominio espacial: Prioriza la capacidad para detectar, caracterizar y contrarrestar amenazas en el espacio, desde la órbita terrestre muy baja hasta el espacio cis-lunar.
IA y Autonomía: Reconoce la necesidad de una ventaja competitiva en las aplicaciones militares y de seguridad nacional de la inteligencia artificial y los sistemas autónomos.
Junto a estos tres pilares, el documento menciona otras áreas críticas, como la superioridad aérea (con sigilo y guerra electrónica), la capacidad de ataque de largo alcance y los sistemas C5ISR (Comando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Cibernética, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento).
Para apuntalar estas capacidades, la estrategia exige liderazgo en un amplio espectro de tecnologías habilitantes, que incluyen desde la fabricación avanzada, la computación cuántica y los semiconductores, hasta la energía nuclear, y los sistemas hipersónicos. La estrategia aboga por la redundancia óptima, similar a la lógica de la tríada nuclear: un adversario debe resolver múltiples problemas técnicos difíciles simultáneamente para infligir un daño grave, lo que hace que el ataque sea poco atractivo.
El último pilar, “proteger la ciencia y tecnología nacional”, es un llamado a la acción contra el espionaje y la explotación tecnológica. Y reconoce a sus aliados y socios como “multiplicadores de fuerza”.




