POR KUKULKAN
DESPUÉS de patalear, reclamar, impugnar y denunciar que la democracia nacional estaba prácticamente a punto de ser sepultada bajo toneladas de autoritarismo, las huestes de Guadalupe Acosta Naranjo terminaron haciendo aquello que juraban combatir: obedecer. Y así, Somos México amaneció convertido simplemente en SOMOS.
POR DISPOSICIÓN de las autoridades electorales, México tuvo que bajarse del logotipo. El asunto comenzó cuando el Instituto Nacional Electoral otorgó el registro al nuevo partido, pero condicionó su denominación, emblema y elementos gráficos. La razón: llamar a una organización política “Somos México” podía generar un efecto de apropiación simbólica de la identidad nacional, como si una parte pretendiera presentarse como el todo.
EN RESPUESTA, los inconformes llevaron el pleito hasta el Tribunal Electoral. Pero el miércoles llegó el cubetazo de agua fría: la Sala Superior confirmó que debían cambiar nombre, emblema y elementos gráficos antes del 31 de agosto. Y entonces ocurrió el milagro democrático. Don Guadalupe Acosta Naranjo, a quien algunos de sus detractores llaman “Don Cucaracho”, descubrió que las sentencias definitivas se cumplen, aunque uno no las aplauda.
Y ESTE jueves llegó al INE acompañado de Cecilia Soto y otros integrantes del partido para presentar la nueva criatura: ahora se llamará SOMOS, tendrá como fondo la silueta del territorio nacional y conservará letras rosas, aunque el blanco será predominante. Es decir, les quitaron México del nombre… y ellos pusieron el mapa detrás. Creatividad no les falta. Resignación, tampoco.
MIENTRAS Acosta Naranjo hacía cuentas para ver cómo meter a México en el emblema sin escribir México, desde Palacio Nacional Claudia Sheinbaum decidió ponerle unas gotas adicionales de veneno al asunto. La presidenta respaldó públicamente el criterio electoral. Su razonamiento fue bastante sencillo: todos somos México y un partido político solamente representa una parte de la sociedad. Por ello consideró razonable evitar una denominación que pudiera hacer pensar que determinada organización representa al país entero.
JUSTO ahí volvió a brincar Don Cucaracho. Acosta Naranjo respondió calificando al gobierno de “autoritario”, acusó a Sheinbaum de no respetar la pluralidad y fue todavía más lejos: aseguró que la modificación de la identidad de su partido fue instruida desde la Presidencia de la República. Pruebas públicas de semejante orden presidencial, hasta ahora, no presentó. Pero para qué dejar que una cosa tan aburrida como la evidencia arruine una buena indignación.
LA HISTORIA tiene, además, una deliciosa ironía. Los mismos personajes que durante años hicieron del INE una bandera, marcharon vestidos de rosa para exigir que al Instituto “no se le tocara” y convirtieron ese color en símbolo de resistencia política, ahora están furiosos porque las propias instituciones electorales que defendieron tomaron una decisión que no les gustó. La democracia es bellísima hasta que cuenta los votos de otro lado. Y las instituciones son intocables… hasta que resuelven en contra.
SHEINBAUM tampoco dejó pasar el detalle cromático. Recordó que quienes defendieron al INE utilizando el rosa ahora pretendían emplear una identidad visual que podía generar confusión. El Tribunal sostuvo, en realidad, que existían semejanzas con emblemas utilizados por partidos locales Fuerza por México; Acosta replicó que los colores no tienen dueño. Y en eso último tiene un punto. Nadie debería escriturar el rosa ante notario. Pero el debate importante no está en Pantone. Está en México.
Y UN PARTIDO es precisamente eso: una parte. Morena no es México. El PAN no es México. Movimiento Ciudadano no es México. Y SOMOS tampoco es México. Todos pueden aspirar a gobernarlo, transformarlo, rescatarlo, corregirlo o, como suele ocurrir después de ganar elecciones, administrarlo mientras explican por qué las cosas no salieron exactamente como prometieron. Pero ninguno puede arrogarse simbólicamente la representación de todo un país.
DON CUCARACHO Naranjo respondió que, aunque a Sheinbaum le incomode, ellos seguirán siendo México porque forman parte de esta nación. Y tiene razón. Son parte de México. Justamente ése era el punto. La parte que faltaba comprender era la palabra parte. Ahora SOMOS tendrá que comenzar su verdadera batalla: conseguir votos, ya que después de meses discutiendo nombres, colores, mapas, verbos, símbolos y supuestos complots desde Palacio Nacional, llegará ese pequeño detalle llamado elección. Entonces descubriremos qué significa realmente ese solemne “SOMOS”. Y es que en política cualquiera puede decir somos. Lo verdaderamente complicado viene cuando abren las urnas y los ciudadanos responden: ¿Cuántos?




