- El fotógrafo Musuk Nolte vio sembrada la semilla de su ensayo visual “Las pertenencias del aire” cuando tenía tan sólo 5 años.
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CIUDAD DE MÉXICO.- El fotógrafo Musuk Nolte vio sembrada la semilla de su ensayo visual “Las pertenencias del aire” cuando tenía tan sólo 5 años.
A esa edad, su madre antropóloga y un chamán lo acompañaron en su primera experiencia con la ayahuasca.
“Tuve una experiencia con la planta cuando era muy niño, que luego se conectó con otra experiencia estando ya metido en la fotografía, 15 años después, cuando tenía como 21”, cuenta en entrevista el artista y periodista mexico-peruano.
Ya como fotógrafo profesional, mientras documentaba las problemáticas ambientales y sociales en el territorio del Amazonas, la memoria de esos dos encuentros con la ayahuasca fue cobrando claridad.
“Fueron experiencias trascendentales, pero que uno no logra siempre darles su lugar hasta que va pasando el tiempo. Son como cosas que quedan ahí en el inconsciente y que luego se van revelando con otras experiencias”, apunta.
Con más de una década de viajes al Amazonas, que han resultado en fotografías premiadas por el World Press Photo y que han sido publicadas en distintos medios, Nolte -nacido en la Ciudad de México en 1988- comenzó a aguzar el ojo para encontrar imágenes que hablaran de sus dos experiencias con la ayahuasca.
“Hace como unos 4 o 5 años empecé con la idea de captar todas estas imágenes y estar un poco más atento a generar otras nuevas que puedan complementar este ensayo a partir de las memorias que tengo, de algunos imaginarios colectivos de lo que produce la planta y de algunas cosas relacionadas también con la mitología”, explica.
El resultado han sido unas 50 fotografías que se exhiben casi en su totalidad en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, de la ciudad de Oaxaca desde la semana pasada.
Tomadas de forma directa, sin edición digital de por medio, las fotografías evocan la experiencia de la ayahuasca y su imaginario mitológico a partir de los ríos, animales, vegetación y los habitantes de la Amazonia.
“Ayahuasca quiere decir ‘soga de muerto’ y te genera una experiencia de estar en el umbral de la muerte y, por consiguiente, la experiencia de sentirte más vivo que nunca”, reflexiona.
“Tiene esta dualidad permanente”, comenta
Para representarla, algunas fotografías se muestran tanto en positivo como en negativo, como la de una pantera negra que abre y cierra el ensayo fotográfico.
Otras, como la de una mujer entre sombras que abraza a un niño en el río, se refieren directamente a la experiencia de Nolte, quien dedica el proyecto a su madre.
Con imágenes tomadas en Perú, ya sea en la zona de las comunidades ashánincas del río Ene, en la zona de Iquitos, o en la reserva del Pacaya-Samiria; además algunas fotografías capturadas en Brasil, el proyecto se completó con un foto-libro publicado en KWY Ediciones, que él mismo fundó.
Tanto el proyecto expositivo como esta publicación toman su nombre de un fragmento de la novela “Las tres mitades de Ino Moxo”, del peruano César Calvo.
“Ahí, Ino Moxo, el chamán que es el centro del relato, describe todas las ‘pertenencias del aire’; es decir, las cosas que están ahí, en el ambiente, que uno no puede tocar y no puede poseer, una lista muy vasta de cosas que están ahí, de un conocimiento del que está impregnado la Amazonia, pero que uno no puede hacer tangible en el sentido occidental”, desarrolla. “Muchas imágenes tratan de vincular ese imaginario”, concluye el documentalista.
Entre lo tangible y lo intangible, entre la vida y la muerte, las fotografías de Musuk Nolte retratan a la Amazonia que se revela detrás de lo evidente.


