Navidad y Año Nuevo en Gaza: el genocidio y la impunidad

Fecha:

Zósimo Camacho

Mientras en gran parte del planeta las luces se encienden y las mesas se adornan con abundancia para celebrar la paz y la buena voluntad, en Gaza la Navidad y el Año Nuevo son un invierno de hambre, hipotermia y desesperación… calculada por perpetradores que hacen palidecer al Herodes bíblico.

En plenas fechas en que Occidente dice celebrar el nacimiento de un palestino que trajo al mundo un mensaje de amor, perdón y comunalidad, los datos fríos y meticulosos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), publicados este diciembre de 2025, describen, más que una tragedia, un crimen de lesa humanidad: un genocidio metódico, ejecutado con la impunidad que otorgan los silencios cómplices.

A pesar del frágil “alto el fuego” acordado el 10 de octubre pasado, el 77 por ciento de la población de Gaza sigue enfrentándose a una inseguridad alimentaria aguda. Detrás de este porcentaje anónimo hay más de medio millón de personas en emergencia y 104 mil en condiciones documentadas como “catástrofe”. La maquinaria israelí bombardeó hogares; sistemáticamente destruyó el 96 por ciento de las tierras de cultivo; desplazó a 730 mil personas, y estranguló el acceso a la ayuda.

El infame castigo a la población civil nunca fue un efecto colateral de la guerra sino su objetivo primordial: hacer la vida materialmente insostenible. Que “ningún niño de entre 6 y 23 meses cumpla los requisitos mínimos de diversidad alimentaria” es la prueba de una aniquilación lenta, pero no por ello menos efectiva.

La cifra que debe grabarse a fuego en la conciencia global es 101 mil. Es el número de niñas y niños de entre seis meses y cinco años condenados a sufrir malnutrición aguda hasta octubre de 2026, con más de 31 mil casos graves. Son cuerpos y mentes en formación, dañados irreversiblemente por una política de asedio y restricciones. Mientras Israel controla cada camión que entra, permitiendo a menudo sólo productos ultraprocesados de baja calidad y escaso valor nutrimental, las proteínas y las verduras frescas son un lujo inalcanzable para el 79 por ciento de las familias, que dependen de una ayuda que llega “sólo para cubrir las necesidades básicas de supervivencia”. La advertencia de la ONU es estremecedora: si se reanudan las hostilidades y se suspende la ayuda, toda Gaza caerá en hambruna para abril de 2026.

Encima, el frío de diciembre ha traído una nueva capa de horror. Los edificios, ya heridos por las bombas, se derrumban ahora bajo la lluvia y el viento. Las tormentas han inundado 55 mil hogares. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por su sigla en inglés) reporta la muerte de tres niños por hipotermia sólo en diciembre, uno de ellos de 29 meses. Sí, un niño menor de tres años que muere congelado en su propia tierra, mientras el mundo cambia de canal. Más de mil 92 pacientes, según datos oficiales –probablemente muchos más–, han fallecido esperando una evacuación médica que Israel obstruye. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, lo dice con crudeza: “Las necesidades crecen más rápido de lo que entra la ayuda”.

La impunidad del gobierno israelí encabezado por Benjamín Netanyahu –cuyo nombre quedará en los anales de los mayores déspotas– se cementa con trámites burocráticos siniestros. Decenas de organizaciones humanitarias enfrentan la cancelación de su registro por un proceso “vago, arbitrario y altamente politizado”. Es la estrategia final: expulsar a los testigos. Mientras, el comisionado de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWA, por su sigla en inglés), Philippe Lazzarini, clama por lo obvio: “Para poner fin a esta catástrofe, se deben permitir entradas de suministros a gran escala y se debe permitir a los trabajadores humanitarios hacer su trabajo”.

En estas fechas, muchas religiones invocan la luz en la oscuridad. Pero en Gaza, la oscuridad es política, es deliberada, es un muro de concreto y trámites que condena a un pueblo entero. La indignación es un sentimiento moral y un imperativo político. Los datos están allí, en los informes de la ONU, detallando cada paso del exterminio. Callar ante ellos, normalizarlos o reducirlos a una “compleja crisis humanitaria” es convertirse en cómplice.

La Navidad y el Año Nuevo en Gaza son un grito ahogado. Y para quienes estos días no son de consumismo sino de amor, esperanza y fraternidad, la responsabilidad es amplificarlo hasta que la impunidad se resquebraje y la justicia, por tardía que sea, empiece a abrirse paso.

- Anuncio -
Guardar esta Publicación

Compartir:

Suscríbete

Lo + Popular

Más como esto
Relacionado

Jueves 07 de mayo del 2026

Jueves 07 de mayo del 2026

Siempre contra los campesinos

Zósimo Camacho La justicia agraria en México atraviesa por una...

La nueva conquista: borrar al adversario

POR KUKULKAN EN MÉXICO ya no basta con pelear por...

Amenaza Trump a México: si no atacan al narco, lo haremos nosotros

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que si el gobierno de México no cumple con la labor de atacar el tráfico de drogas en tierra, Estados Unidos hará el trabajo por sí mismo.

Continuar leyendo ...
Relacionado