Petróleo, bloqueo… y obstinación nacional

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POR KUKULKAN

EN CUBA, donde la escasez dejó de ser coyuntura para convertirse en sistema, cada pequeño avance se celebra como si fuera una victoria estratégica. Y quizá lo sea. Y es que cuando un país logra refinar su propio petróleo —aunque sea poco, aunque sea difícil— en medio de un bloqueo que ya roza lo histórico, no estamos hablando sólo de energía. Estamos hablando de supervivencia con terquedad. Las cifras, frías y sin ideología, ayudan a poner los pies en la tierra. Cuba produce entre 35,000 y 40,000 barriles diarios de petróleo, una cantidad que apenas cubre una cuarta parte de su demanda interna.

ES DECIR, el país necesita aproximadamente cuatro veces más energía de la que genera. El resto, históricamente, ha dependido de importaciones: Venezuela en su momento, luego Rusia, México… y lo que se pueda conseguir sin que las sanciones cierren otra puerta. Ahora bien, las reservas probadas rondan los 220 millones de barriles, una cifra modesta en el tablero global. Eso sí, el optimismo geológico sugiere que podrían existir hasta 10,000 millones de barriles en recursos potenciales, especialmente en zonas offshore

PERO como suele ocurrir en estos casos, del podría haber al se puede extraer hay un abismo de tecnología, inversión y condiciones políticas. Bajo ese contexto, que Cuba haya logrado refinar su propio crudo pesado —ese petróleo denso, cargado de azufre y poco amigable con las refinerías— no es menor. Es, en términos simples, sacar gasolina de donde antes apenas salían problemas técnicos. ¿Alcanza para resolver la crisis energética? No. ¿Reduce la dependencia externa? Apenas. Pero revela algo más interesante: la capacidad de adaptación de un sistema obligado a reinventarse constantemente.

LA HISTORIA muestra que cuando el suministro externo falla —y ha fallado, con meses enteros sin llegada de crudo— no queda más que mirar hacia adentro. Ajustar refinerías, improvisar soluciones, estirar la infraestructura hasta donde aguante. No es eficiencia, es necesidad. Y en esa necesidad, Cuba se parece más de lo que quisiera a otros países que aprendieron a sobrevivir a contracorriente. Vietnam, por ejemplo, que tras años de guerra no tuvo otra opción que reconstruirse con disciplina férrea. Corea del Sur, que en los años cincuenta era sinónimo de pobreza extrema y hoy exporta tecnología al mundo. 

INCLUSIVE Israel, que en condiciones geopolíticas adversas desarrolló innovación agrícola y tecnológica para compensar la escasez de recursos. La diferencia es que en muchos de esos casos, la resiliencia fue acompañada de transformaciones estructurales profundas. En Cuba, en cambio, la resistencia ha sido constante… pero los resultados más desiguales. La realidad es que resistir, aunque suene heroico, también tiene costos. Y altos. La isla sigue enfrentando apagones, limitaciones productivas y una economía que no termina de despegar. 

REFINAR petróleo propio ayuda, sí, pero no cambia el hecho de que la demanda energética supera ampliamente la oferta. Aun así, hay algo que no se puede ignorar: la capacidad de hacer funcionar lo que, en teoría, no debería funcionar. De mantener en pie un sistema energético con recursos limitados, tecnología restringida y presión externa constante. Eso no se logra con discursos; se logra con ensayo, error y una buena dosis de obstinación nacional. Claro, tampoco conviene caer en la trampa de romantizar la precariedad. Convertir la escasez en virtud puede ser útil para la narrativa, pero peligroso para la realidad.

UNA COSA es adaptarse y otra muy distinta conformarse. Hoy, Cuba refina su petróleo. Produce una fracción de lo que necesita y sueña —con razón o sin ella— con explotar reservas mayores en el futuro. Mientras tanto, sobrevive. Y en esa supervivencia hay lecciones incómodas: que la adversidad puede empujar la innovación, sí, pero también puede perpetuar el límite. Al final, la autosuficiencia cubana no es completa ni mucho menos. Es parcial, frágil y trabajada a pulso. Pero existe. Y en un escenario donde todo juega en contra, eso ya es, para bien o para mal, una forma de victoria.

@Nido_DeViboras

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