- Las restricciones ambientales y la contaminación del agua frenan la creación de una pesquería oficial de jaiba en la bahía de Bahía de Chetumal.
EUGENIO PACHECO
CHETUMAL, Q. ROO.- Las restricciones ambientales por el decreto de Área Natural Protegida y la presencia de contaminantes agrícolas en el agua son las principales limitantes que frenan el proyecto para establecer una pesquería oficial de jaiba en la bahía de Chetumal.
Así lo informó el secretario de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca (Sedarpe), Jorge Aguilar Osorio.
El funcionario estatal detalló que, debido a que este cuerpo de agua está catalogado como el Santuario del Manatí, cualquier actividad económica se encuentra estrictamente vigilada, regulada y restringida por el Instituto de la Biodiversidad de Quintana Roo (Ibqroo).
A este marco legal se suma un problema de calidad del agua originado por los escurrimientos de la zona agropecuaria, específicamente en la región cañera, cuyos fertilizantes inorgánicos y metales se filtran a través del río Hondo y provocan un exceso de contaminantes en la bahía.
Ante el riesgo de que estas sustancias comprometan la viabilidad de la producción a gran escala y la seguridad para el consumo humano, la Sedarpe advirtió que los planes de captura no podrán avanzar.
Esto, hasta que el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (Imipas) realice los análisis científicos pendientes para determinar qué es procedente.
Como alternativa frente a este escenario adverso en la bahía, las autoridades ya evalúan trasladar el proyecto acuícola a Laguna Guerrero.
Estas limitantes técnicas e institucionales contrastan con la solicitud formal de los pescadores de Punta Catalán, en Calderitas, quienes buscan la regularización de la jaiba para dejar de depender de especies en declive como el caracol rosado o la langosta.
El crustáceo representa una oportunidad económica y un pilar gastronómico clave para la zona sur del estado, dado que, en el mercado local, el kilogramo de jaiba entera cotiza entre 120 y 160 pesos, mientras que la pulpa limpia alcanza un valor de entre 350 y 450 pesos.
El sector restaurantero de Chetumal, Calderitas, Bacalar y Huay Pix requiere mensualmente entre 4 y 6 toneladas del producto para platillos emblemáticos como el chilpachole y las jaibas rellenas.
Un volumen que actualmente se surte de manera irregular o se importa desde Campeche.
Para resolver la viabilidad del proyecto frente a las restricciones expuestas, la Sedarpe sostendrá reuniones con las autoridades federales antes de que concluya el mes, con el fin de definir la fecha de los estudios del agua en la zona, adelantó Aguilar Osorio.




