Rodolfo El Negro Montes
Bomba y metralla de alta densidad la que se detonó en las páginas de The New York Times.
Un reportaje que no viene con sutilezas, sino a confirmar lo que en los pasillos más oscuros de la política nacional ya era un secreto a voces: la existencia de informantes “guindas”.
Es decir, militantes y cuadros de la propia llamada Cuarta Transformación, que han estado cruzando la frontera de manera discreta, real o virtual, para nutrir las carpetas de inteligencia del equipo de Donald Trump.
La pretensión de esos llamados “informantes guindas”, sería contra sus propios compañeros de partido que no sólo buscarían dejar en evidencia sus presuntos vínculos con los cárteles del narcotráfico, sino una carambola de tres bandas que buscaría descarrilar a más de uno que busca participar en las elecciones intermedias del 2027 y así “los informantes guindas”, quitarse obstáculos en sus caminos.
Y la lista, según se filtra, no es corta.
Abarca desde alcaldes de municipios clave en las rutas del trasiego, pasando por gobernadores de estados históricamente calientes, hasta legisladores —senadores y diputados— que gozan de la comodidad del fuero en el Congreso de la Unión.
El reportaje apunta al corazón del movimiento oficialista, exhibiendo una fractura donde el “fuego amigo” ya no sólo busca descarrilar candidaturas internas, sino que ha mutado en una entrega sistemática de información al vecino del norte, sabiendo que para Donald Trump, el tema de los cárteles mexicanos es la carta de negociación favorita.
Como era de esperarse, la onda expansiva llegó directo a Palacio Nacional este lunes 29 de junio de 2026.
Durante su habitual conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum no dejó pasar el golpe y optó por la contraofensiva frontal, fiel al libreto de descalificar al mensajero cuando el mensaje resulta incómodo.
“Como puede haber una nota así en un periódico que se dice de los mejores del mundo. No tenemos ninguna información y debería darse mayor contexto”, fustigó la mandataria ante los cuestionamientos de la prensa.
Sheinbaum Pardo centró su defensa en desacreditar la falta de fuentes visibles del rotativo neoyorquino, tildando el reportaje de carecer de autenticidad.
Subió el tono al cuestionar directamente los motivos de una supuesta entrega de información: “Ni sabemos si es cierto porque no tenemos ninguna información de que alguien esté cooperando con Estados Unidos para proporcionar información, ¿de qué además?”, zanjó con firmeza.
Sin embargo, en el tablero geopolítico, la descalificación pocas veces detiene las filtraciones.
El problema de fondo no es únicamente si el diario estadounidense cita o no a sus fuentes con nombres y apellidos, sino el uso político que la administración de Trump les dará a estos presuntos reportes de primera mano.
Si algo nos ha enseñado la historia reciente es que las agencias norteamericanas guardan las cartas hasta que el momento de presionar en las mesas del T-MEC o en los acuerdos fronterizos es el adecuado.
Negar la existencia de los “informantes guindas” sirve para el consumo interno y para mantener la disciplina en la tropa oficialista, pero en la realidad paralela del espionaje y la política bilateral, las aguas bajan turbias.




