POR KUKULKAN
SI ALGUNA duda quedaba de la crisis creativa que atraviesa la oposición mexicana, el PAN acaba de disiparla con una confesión involuntaria: después de años de denunciar que Morena adelantaba campañas con sus famosos “coordinadores de la Defensa de la Transformación”, ahora resulta que descubrió que la idea… no era tan mala. Sólo hizo falta cambiarle el nombre.
DONDE Morena habla de “Transformación”, el PAN ahora invoca a la “Patria, la Libertad y la Familia”. Cambian las palabras, pero el libreto es el mismo. Coordinadores que no son candidatos, recorridos que no son campañas, promoción territorial que no busca votos —faltaba más— y una narrativa que pretende convencer al electorado de que cualquier parecido con el modelo guinda es mera coincidencia.
EL PLAGIO político nunca había sido tan descarado. Lo verdaderamente extraordinario no es que Acción Nacional copie una estrategia electoral. Todos los partidos aprenden unos de otros. Lo sorprendente es que copie exactamente aquello que durante años denunció como una simulación para burlar la ley electoral. Es como si después de acusar a un vecino de copiar en el examen, uno terminara pidiéndole prestadas las respuestas. Y todavía esperan aplausos.
PERO el problema no termina ahí. La dirigencia panista también anunció, con bombo y platillo, que por fin tiene un proyecto para el país. Habrá que reconocer el esfuerzo. Sólo les tomó dos sexenios de oposición descubrirlo. La novedad, sin embargo, duró poco. Porque al abrir el paquete, el contenido resultó ser el mismo catálogo de siempre: libre mercado, apertura económica, reducción del Estado, confianza en la iniciativa privada, competitividad, inversión, etc.
EN OTRAS palabras, el viejo recetario neoliberal desempolvado y presentado como si acabara de salir del horno. Ni siquiera hubo intento de disfrazarlo. Después de siete años criticando al obradorismo, la gran innovación del PAN consiste en ofrecer el regreso al modelo que los mexicanos ya conocieron durante décadas y que, para bien o para mal, fue precisamente el combustible político que llevó a Morena al poder.
ES DIFÍCIL vender nostalgia cuando el electorado decidió cambiar de canal hace apenas unos años. Mientras Morena presume continuidad, el PAN ofrece retro. Uno vende futuro. El otro vende reediciones. La política mexicana siempre ha tenido algo de teatro, pero pocas veces el elenco había intercambiado los papeles con tanta naturalidad.
MORENA, que nació prometiendo romper con el viejo régimen, hoy defiende instituciones, disciplina fiscal y estabilidad macroeconómica. El PAN, que durante décadas presumió ser el partido de las instituciones, termina copiando la estrategia organizativa del movimiento al que acusó de destruirlas. Las vueltas que da la política. El problema de fondo no es que Acción Nacional copie una fórmula. El problema es que parece haber renunciado a construir una propia.
DURANTE años se criticó a Morena por imponer la agenda nacional. Hoy la oposición confirma, quizá sin proponérselo, que sigue jugando en la cancha que el oficialismo diseñó. Si Morena crea coordinadores, el PAN crea coordinadores. Si Morena recorre el país antes de las campañas, el PAN también. Si Morena construye una narrativa emocional, el PAN intenta fabricar otra con ingredientes parecidos. A ese ritmo, cualquier día anunciarán “las mañanitas” para responder a las mañaneras. Y no faltará quien las defienda como un ejercicio de innovación democrática.
TAL VEZ la mayor ironía sea que el PAN termina reconociendo, con sus propios actos, que el modelo político que tanto criticó fue electoralmente exitoso. Porque nadie copia lo que considera un fracaso. En política, como en la escuela, el alumno que copia termina aceptando que el otro entendió mejor el examen. La diferencia es que aquí no se trata de aprobar una materia. Se trata de convencer a millones de electores de que existe una alternativa distinta.
Y, POR AHORA, la oposición parece empeñada en demostrar exactamente lo contrario. Si el objetivo era transmitir que tienen una idea original para regresar al poder, el mensaje terminó siendo otro: cuando la imaginación se agota, siempre queda la fotocopiadora. Lástima que en política, como en la vida, las copias casi nunca superan al original.




