Elmer Ancona Dorantes
Ni duda cabe de que los panistas de hoy son demasiado extraños. Siempre lo han sido. Distan mucho de aquella Oposición de grandes batallas, de interesantes movilizaciones sociales, de protestas civilizadas como las que dieron hace décadas los fundadores del partido.
Los llamados Bárbaros del Norte solían tomar las calles, alzar la voz, dejarse levantar por los cuerpos policiales que eran enviados a las protestas para callar las manifestaciones discordantes al oficialismo.
Ni qué decir del Grupo Guanajuato, lleno de políticos inconformes ─siempre inconformes─ con las dictaduras disfrazadas y perfectas de institucionalismo, como en los viejos tiempos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Todo el Bajío estaba lleno de hombres y de mujeres, jóvenes y viejos, que luchaban por la democracia, por las instituciones, por la participación ciudadana, vitales para hacer de México lo que fue durante décadas.
Y el Sureste del país no se quedaba atrás. Decenas de panistas en la Península de Yucatán luchaban, cuerpo a cuerpo, voz a voz, contra los cacicazgos que se adueñaban de todo el poder político y económico. De ahí salió Carlos Castillo Peraza, Ana Rosa Payán y otras tantas figuras del blanquiazul.
El Partido Acción Nacional (PAN) de antes no se parece en nada a lo que un día fue. Hoy lucen timoratos, débiles, incapaces, mudos, insolentes, mediocres, alejados de las buenas causas. La lucha social ya no significa nada para ellos. Ya no son soldados ni gente de batalla.
Es cierto, de vez en cuando dejan soltar sus inconformidades en las cámaras legislativas o desde los mismos comités directivos nacional, estatales y municipales, pero muy de vez en vez.
¡Cómo se extrañan esas figuras audaces, valientes y arrojadas como las de Luis H. Álvarez, Manuel J. Clouthier, Vicente Fox Quesada, Diego Fernández de Cevallos! Solo aparecen de manera ocasional para hacerse ver por un pequeño grupo de personas, por pequeños escenarios donde son escuchados por pocos.
Diego y Vicente son los únicos que sacan la cara con el riesgo de que se las partan por decir lo que dicen. Es aplaudible. Lo malo es que no tienen acompañamiento de sus compañeros de partido ¿Dónde andan? ¿Qué tanto hacen?
Ahora que se les necesita por el arresto y encarcelamiento de Ernesto Ruffo Appel no se les siente, no se les ve, no se les escucha ¿Por qué tanto miedo? ¿A qué le temen tanto?
En estos momentos es para que estuviesen anunciando movilizaciones sociales, protestas masivas en todas las ciudades para exigir a esta dictadura disfrazada de gobierno que dejen en libertad al primer gobernador de Oposición en la historia de México.
Resuena más la voz de las dirigencias del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del naciente partido Somos México, que del propio blanquiazul. En diferentes tribunas han estado exigiendo y amagando a las autoridades federales de que, o dejan en libertad a Ruffo Appel, o que se atengan a las consecuencias.
De los líderes de izquierda ni qué decir. Cuauhtémoc Cárdenas, ya cansado, ya viejo físicamente, con trabajo aparece en público para recibir algún reconocimiento o para decir acotados discursos que no resuenan.
¡Cómo extrañamos a Porfirio Muñoz Ledo, ese luchador social que hasta el último día de su vida incendió los recintos legislativos, al señalar las barbaridades del actual régimen morenista!
¡Esos sÍ eran luchadores sociales!, no como los de ahora que, teniendo el caso de un preso político como lo es el ex gobernador de Baja California no hacen nada o hacen muy poco para defenderlo.
¿Para qué sirve un partido político nacional como el PAN si no va a utilizar todos sus recursos ─económicos, humanos, políticos─ para salir en defensa de la democracia, para frenar las injusticias sociales, los crímenes de Estado, las persecuciones políticas?
Ruffo Appel ha de estar espantado no tanto por lo que le hace esta tiranía moderna, sino por lo que no hacen sus correligionarios, sus “amigos”, sus compañeros de partido.
Yo estoy convencido de que el ex gobernador de Baja California va a salir pronto de prisión por falta de pruebas contundentes, y también porque a la Cuarta Transformación no le conviene en estos momentos de crisis por la que atraviesa mostrarse ante el mundo como un persecutor político.
Más pronto que tarde comenzarán a salir las pruebas de su inocencia que lo dejen libre, pero para eso, ya el PAN habrá mostrado de qué está hecho: de simple humo que sirve de muy poco para la democracia.




