Los ricos también lloran… por 351 pesos

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POR KUKULKAN

¡VIRGEN santísima! ¡Que alguien acerque pañuelos al sector hotelero de Quintana Roo porque la tragedia fiscal amenaza con inundar el Caribe! El Gobierno federal propuso incrementar para 2027 el Derecho de No Residente, ese cobro que pagan los extranjeros al entrar al país. La propuesta original pretendía llevarlo de 983 a mil 334.80 pesos, aunque la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados ya redujo el incremento proyectado de 35.8 a 17.8 por ciento. 

LOS HOTELEROS, sin embargo, mantienen su petición de que no aumente un solo peso. Hasta aquí, nada extraño: cada quien cuida su negocio. Lo divertido empieza cuando escuchamos algunos discursos como si México hubiera inventado una perversidad tributaria jamás conocida por la humanidad. Pues no. Los turistas pagan por entrar, salir, hospedarse o simplemente existir como turistas en medio mundo.

ABUNDAN los ejemplos: Nueva Zelanda tiene su gravamen para visitantes; Japón cobra impuesto de salida; Bali impone una tasa a extranjeros; Maldivas cobra incluso por día. Francia aplica la taxe de séjour, Italia la imposta di soggiorno y España tiene gravámenes turísticos en Cataluña y Baleares. Así que, por favor, guardemos las sales aromáticas. Sin duda, la discusión legítima puede ser cuánto cobrar, en qué momento y qué hacer con el dinero.

PERO presentar cualquier derecho turístico como sentencia de muerte para el visitante resulta complicado cuando algunos de los destinos más visitados del planeta cobran exactamente por recibir turistas. Ahora viene la parte de Los ricos también lloran. El sector hotelero argumenta que México pierde competitividad, que caen los asientos aéreos y que subir el DNR podría empeorar la situación. Son argumentos atendibles: el Consejo Hotelero del Caribe Mexicano documenta menores pasajeros internacionales y prevé reducción de capacidad aérea.

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AUNQUE conviene apelar a la memoria, señores. Sí, memoria. Cancún no apareció espontáneamente alrededor de los hoteles. Detrás hubo décadas de inversión pública en carreteras, aeropuerto, drenaje, electricidad, agua, seguridad, promoción y recuperación de playas. Y precisamente las playas ofrecen una postal maravillosa de esta relación. Estudios académicos han documentado que la urbanización turística de Cancún avanzó sobre las dunas y redujo su capacidad natural de recuperación.

DESPUÉS vinieron erosión, huracanes y la necesidad de rellenar nuevamente los arenales. Tan sólo el programa de recuperación concluido en 2010 tuvo un costo cercano a mil millones de pesos. Negocio privado, playa recuperada con participación pública. Curiosa combinación. Hoy el propio Gobierno de Quintana Roo reconoce que Cancún perdió aproximadamente 64 por ciento de sus dunas originales debido a la edificación, mientras Puerto Morelos perdió 68 por ciento de su vegetación de dunas entre 2004 y 2023.

Y NO, tampoco es verdad que todos los empresarios turísticos hayan saqueado playas ni que toda concesión sea irregular. Las concesiones de Zona Federal Marítimo Terrestre son figuras legales. Pero conviene recordar que existen empresas turísticas que durante décadas han obtenido derechos de aprovechamiento sobre bienes nacionales. Promotora Xcaret, por ejemplo, recibió formalmente concesiones federales para utilizar zona marítima destinada a muelle, espigón, escollera y áreas asociadas al sur de Playa del Carmen.

ENTONCES quizá el debate merezca un poco menos de llanto y bastante más de contabilidad completa. Los hoteleros tienen derecho a preguntar qué hace el Gobierno con el DNR. Incluso ahí tienen una causa atendible: quieren que parte de la recaudación regrese a promoción e infraestructura turística. Perfecto. Pero otra cosa muy distinta es comportarse como si el éxito del Caribe mexicano hubiera sido construido únicamente con las chequeras privadas.

MORALEJA: las ganancias se quedan en la empresa, como corresponde. Las carreteras las usa el hotel. El aeropuerto mueve a sus huéspedes. La policía cuida el destino. Cuando desaparece la playa, alguien debe reconstruirla. Y cuando toca aportar un poco más, aparece el melodrama. Así que discutamos el DNR, transparentemos su destino y exijamos que una parte vuelva a los polos turísticos. Pero sin pañuelo. Porque cobrarle al turista no es una extravagancia de la 4T. Extravagancia sería creer que mantener un destino mundial cuesta cero pesos… siempre y cuando la cuenta la pague otro.

@Nido_DeViboras

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