Múnich 2026: la deriva geopolítica hacia la guerra perpetua

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Alessandro Pagani

La 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada del 13 al 15 de febrero de 2026, concluyó dejando un saldo de interrogantes que superan cualquier certeza aparente. Tras la retórica conciliadora del secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, y las afirmaciones solemnes de líderes europeos, emerge un cuadro de contradicciones profundas. Estas ponen de manifiesto la limitada influencia estratégica de Europa en el escenario global y un preocupante avance hacia una dinámica de conflicto prolongado sin horizonte claro de resolución.

Esta narrativa se inscribe en la hegemonía acorazada de coerción de Antonio Gramsci, concepto que describe al Estado como fusión de sociedad política (coerción) y sociedad civil (consenso). En términos accesibles, Gramsci ve la hegemonía no como mera represión, sino como un dominio que combina ideas aceptadas por la mayoría con la “armadura” de instituciones coercitivas –como Fuerzas Armadas o medidas económicas– que protegen ese consenso (Gramsci, 1975, p. 263). En el ámbito transatlántico, Estados Unidos sostiene su liderazgo a través de alianzas que aparentan acuerdo mutuo, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero respaldadas por presiones económicas y militares. Esta estructura desvía la atención de la erosión del dólar en un mundo cada vez más multipolar, donde diversos pueblos y naciones buscan trascender la visión neoliberal de una “aldea global” –esa idea de un mundo unificado bajo normas occidentales que, como afirmó el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Sergey Lavrov, no sería una aldea global sino una “aldea estadunidense” o quizás un “saloon donde el más fuerte dicta las reglas” (Lavrov, 2022)– y defienden su soberanía frente a la presión imperial estadunidense.

La presencia de Estados Unidos en Múnich fue notable: una delegación de 40 senadores acompañó a Rubio. Ian Bremmer, de Eurasia Group, contextualizó esta participación al describir a los congresistas como “atlánticos sinceros” comprometidos con Europa (Bremmer, 2026). No obstante, voces críticas internas, como la del gobernador Gavin Newsom, quien cuestionó duramente la gestión de Donald Trump por su impacto en la democracia estadunidense, evidenciaron tensiones domésticas. Esta apariencia de cohesión transatlántica refleja lo que Gramsci denomina revolución pasiva: cambios superficiales impulsados por élites para preservar el statu quo sin alterar las bases del poder (Gramsci, 1975, pp. 104-114). Desde una perspectiva filosófica, esta hipótesis de unidad ignora evidencias históricas de fracturas profundas en la sociedad estadunidense, como las señaladas por analistas rusos. En este sentido, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zakharova, ha destacado en diversas intervenciones la existencia de divisiones significativas y aparentemente irreconciliables en la sociedad estadunidense, que generan tensiones internas persistentes y un clima de polarización social creciente (Zakharova, 2025). Tales observaciones, formuladas desde una posición crítica hacia Washington, subrayan vulnerabilidades estructurales que contribuyen a desviar el foco hacia conflictos externos, ocultando un malestar interno que se manifiesta en protestas masivas populares.

Este conflicto social latente se ha intensificado recientemente con episodios de represión violenta y separación familiar en el marco de las operaciones del ICE (Inmigración y Control de Aduanas). Casos emblemáticos incluyen el de un niño de 5 años separado de su padre –Liam Conejo Ramos, detenido junto a su padre Adrian Alexander Conejo Arias en Minnesota el 20 de enero de 2026 y trasladado a un centro de detención en Texas, lo que desató protestas masivas en Minneapolis y otras ciudades–. Pero destacan especialmente los asesinatos de dos ciudadanos estadunidenses por agentes federales: Renee Nicole Good, una mujer de 37 años, madre de tres hijos, poeta y escritora, baleada volontariamente por un agente ICE el 7 de enero de 2026 en Minneapolis mientras intentaba alejarse en su vehículo durante un operativo (videos de testigos contradicen la versión oficial de “intento de atropello” y muestran que intentaba escapar de un cerco), y Alex Pretti, un hombre de 37 años, enfermero de cuidados intensivos en un hospital de veteranos, abatido por agentes federales el 24 de enero de 2026 en Minneapolis durante una protesta anti-ICE, después de ser derribado, desarmado y retenido (imágenes y relatos indican que no representaba amenaza alguna). Estos incidentes, que han generado indignación nacional y manifestaciones masivas, ilustran una escalada de métodos coercitivos que evocan el concepto gramsciano de modernidad arcaica fascista. Gramsci describe cómo, en momentos de crisis orgánica –cuando el mito de la modernidad liberal-capitalista se desmorona y las clases dominantes pierden hegemonía consensual–, la coerción estatal recurre a formas arcaicas de violencia feudal: represión directa, separación familiar como castigo ejemplar y uso de la fuerza letal para mantener el orden (Gramsci, 1975). En tiempos de crisis orgánica, el Estado abandona las apariencias de progreso racional y recurre a métodos primitivos de dominación, donde la violencia se convierte en el único recurso disponible para sostener un orden en decadencia. Estas protestas masivas contra los asesinatos de ICE y las separaciones familiares –que han movilizado a miles en Minneapolis y generado manifestaciones nacionales– revelan precisamente esa contradicción: la modernidad neoliberal, que se presenta como avanzada y humanitaria, revela su rostro arcaico y fascista al recurrir a la coerción brutal para defender sus fronteras y su mito de superioridad anglo-sajona blanca y protestante (WASP, por su sigla en inglés). Este fenómeno no sólo profundiza la división interna en Estados Unidos, sino que también refuerza la tesis de Igor Nikoláievich Panarin sobre la vulnerabilidad del imperio estadunidense ante crisis morales, económicas y sociales que podrían precipitar un colapso o fragmentación.

Panarin, exanalista de la KGB y profesor ruso, predijo desde 1998 –basado en datos clasificados sobre tendencias económicas, demográficas y morales– la posible desintegración de Estados Unidos alrededor de 2010, con un 55-45 por ciento de probabilidad. Argumentaba que la inmigración masiva, el declive económico y la degradación moral desencadenarían una guerra civil, colapso del dólar y secesión de estados ricos, dividiendo el país en seis regiones (Alaska a Rusia, California a China, Texas a México, etcétera) (Panarin, 2009). Aunque el plazo exacto no se cumplió, su análisis resalta persistentes fracturas que hoy se manifiestan en polarización extrema y conflictos sociales como los provocados por ICE, exacerbando la guerra civil latente que Zakharova ha señalado de forma diplomática y contundente.

La supuesta coordinación europea se diluyó con rapidez. El canciller alemán Friedrich Merz afirmó estar “bien coordinados” con quienes dialogan con Rusia, y Emmanuel Macron insistió en que no habría paz sin la participación europea (Merz & Macron, 2026). Sin embargo, Rubio abandonó un encuentro clave sobre Ucrania para reunirse con Viktor Orbán, lo que funcionarios de la Unión Europea interpretaron como un retroceso en el compromiso estadunidense. Esta exclusión resalta la distinción amigo-enemigo de Carl Schmitt, donde la política se define por la identificación de un adversario existencial, más que por el consenso racional (Schmitt, 2009, p. 26). El discurso de “coordinamiento” moldea percepciones colectivas, alejando la atención de la idea de que el imperialismo representa la etapa superior del capitalismo y perpetúa formas de coerción neoliberal (Lenin, 1917).

La idea de una guerra perpetua se expresó sin ambages. Merz sostuvo que Rusia sólo negociaría al agotar sus recursos, instando a Europa a empujarla “hasta su límite” (Merz, 2026). Figuras como Ulf Kristersson y Mark Rutte reforzaron la noción de conflicto prolongado como inevitable (Kristersson & Rutte, 2025). Senadores estadunidenses como Lindsey Graham impulsaron armamento avanzado para Ucrania, alineándose con la guerra sin límites de Qiao Liang y Wang Xiangsui, que extiende el enfrentamiento a esferas económicas y culturales (Qiao & Wang, 1999). Esta orientación evoca el “derecho perpetuo a la guerra” en el liberalismo, criticado por el filosofo y escritor italiano Domenico Losurdo en su Contrahistoria del liberalismo. Losurdo argumenta que el liberalismo clásico, representado por John Locke, no sólo promueve libertades individuales, sino que ha legitimado prácticas como la esclavitud y el colonialismo. Locke, inversor en el comercio esclavista, consideraba la esclavitud como resultado legítimo de una “guerra justa” contra quienes rechazan normas liberales de propiedad y mercado, permitiendo una coerción indefinida (Losurdo, 2011, pp. 14-15, 104-120). En palabras simples, para Locke, quien no se ajusta al orden “civilizado” puede ser sometido perpetuamente. Losurdo muestra cómo este legado permea el neoliberalismo contemporáneo, justificando intervenciones globales bajo el pretexto de libertad. En Múnich 2026, esta crítica ilumina cómo la retórica contra Rusia sostiene una coerción prolongada, ocultando crisis internas. Geopolíticamente, distrae de la caída del dólar al 58 por ciento en reservas globales en 2026, acelerando un orden multipolar que desafía la aldea global neoliberal (Mundada, 2025).

Europa carga con el peso financiero: 90 mil millones de euros de la Comisión Europea para Ucrania, priorizando adquisiciones estadounidenses (Von der Leyen, 2026). Esto evidencia una asimetría: Europa financia, Estados Unidos dirige. El realineamiento británico, con Keir Starmer declarando el hard power como moneda del siglo (Starmer, 2026), y la cooperación nuclear franco-británica, añade complejidad. La alocución de Rubio sobre “civilización compartida” contrasta con políticas que fomentan disidencias internas en Europa, consolidando la hegemonía acorazada (Gramsci, 1975; Rubio, 2026).

Múnich 2026 confirmó una paradoja: Europa proclama paz mientras prepara prolongación del conflicto, subordinando política a lo militar. Esta movilización permanente transforma prioridades continentales y revive debates nucleares. Un análisis geopolítico revela cómo narrativas como la de Rubio desvían de la crisis del dólar, el declive unipolar y divisiones internas estadounidenses –incluyendo protestas masivas contra la violencia de ICE y separaciones familiares que encarnan una modernidad arcaica fascista en crisis orgánica–, defendiendo soberanías contra el neoliberalismo lockeano (Losurdo, 2011). Reconocer estas contradicciones es esencial para evitar que la guerra se normalice y abrir paso a estrategias autónomas, realistas de soberanía y autonomía de lo político en un nuevo orden mundial multipolar.

Referencias

  • Bremmer, I. (2026). Conferencia de prensa en Múnich. Eurasia Group.
  • Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la cárcel. Ediciones Era.
  • Kristersson, U., & Rutte, M. (2025). Declaraciones en conferencias internacionales. Fuentes oficiales.
  • Lavrov, S. (2022, 18 de marzo). Entrevista con RT [Interview]. Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. https://mid.ru/en/foreign_policy/news/1805134
  • Lenin, V. I. (1917). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Ediciones en Lenguas Extranjeras.
  • Losurdo, D. (2011). Contrahistoria del liberalismo. El Viejo Topo. (Obra original publicada en 2005 como Controstoria del liberalismo).
  • Merz, F., & Macron, E. (2026). Discursos en Múnich 2026. Fuentes oficiales.
  • Mundada, R. (2025). Análisis económico. GlobalData.
  • Panarin, I. (2009). El colapso de EE.UU. Entrevista en Wall Street Journal.
  • Qiao, L., & Wang, X. (1999). Guerra sin límites. Editorial del Ejército Popular de Liberación.
  • Rubio, M. (2026). Discurso en Múnich. Departamento de Estado de EE.UU.
  • Schmitt, C. (2009). El concepto de lo político. Alianza Editorial.
  • Starmer, K. (2026). Discurso en Múnich. Gobierno Británico.
  • Von der Leyen, U. (2026). Anuncio de fondos. Comisión Europea.
  • Zakharova, M. (2025). Declaraciones en Telegram. Ministerio de Asuntos Exteriores Ruso.

*Alessandro Pagani es historiador, ensayista y publicista; doctor en Teoría Crítica por el 17 Instituto de Estudios Críticos de México, y licenciado y magíster en Historia por la Universidad de los Estudios de Milán. Ha publicado los libros Descifrando la cuestión ucraniana y Desde la estrategia de la tensión a la operación cóndor: el neofascismo italiano al servicio de la geopolítica imperial estadunidense. Es también columnista y analista internacional en Luces del Siglo (México); miembro y experto en verificación de hechos en la Global Fact Checking Network de la Federación de Rusia (#GFCNExpert). X: @elbrigantero

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