- Fue una derrota útil para Morena y un triunfo limitado para la oposición; quedan vigentes las actuales reglas electorales, las mismas con las que PRI y PAN perdieron el poder.
FELIPE VILLA
CIUDAD DE MÉXICO.- La caída de la reforma electoral de Morena en la Cámara de Diputados dejó una escena política peculiar: una derrota legislativa para el oficialismo que no altera sus condiciones de poder, y una victoria para la oposición que, en la práctica, sólo mantiene las reglas con las que fue derrotada en las últimas elecciones.
El dictamen obtuvo 259 votos a favor y 234 en contra, insuficientes para alcanzar la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución.
El resultado impidió que prosperaran los cambios propuestos por Morena, pero al mismo tiempo dejó intacto el sistema electoral vigente, el mismo que permitió al partido gobernante consolidar su dominio político en los comicios recientes.
Bajo ese contexto, el rechazo de la reforma tiene alcances políticos limitados: no modifica el equilibrio de poder ni afecta las condiciones electorales bajo las que Morena ha logrado sus principales victorias.
Una derrota legislativa esperada
Desde semanas antes de la votación, el oficialismo sabía que no contaba con los votos suficientes para alcanzar la mayoría calificada.
Las reservas expresadas por sus aliados del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido del Trabajo (PT) anticipaban un escenario complicado para la aprobación de la reforma.
Finalmente, ambos partidos votaron en contra del dictamen, junto con el bloque opositor integrado por PRI, PAN y Movimiento Ciudadano.
El resultado no solo frenó la reforma, sino que evidenció diferencias dentro de la coalición legislativa que respalda al gobierno federal.
Oposición celebra el freno a la reforma
Tras la votación, dirigentes opositores celebraron el resultado como una ‘gran victoria’ política, aunque en los hechos el resultado legislativo no implica cambios sustanciales en el sistema político.
Al impedir la reforma, el Congreso simplemente mantiene vigente el marco electoral actual, que ha regido los últimos procesos electorales en el país.
Ese mismo sistema permitió a Morena y sus aliados obtener amplias mayorías en distintos niveles de gobierno durante los comicios recientes.
El rechazo de la reforma no modifica el escenario electoral ni fortalece de manera inmediata a la oposición, más allá del impacto simbólico de haber frenado una iniciativa del oficialismo.
Morena absorbe el costo político
Para Morena, la derrota legislativa tampoco representa un golpe estructural.
La reforma electoral no estaba vinculada a políticas públicas con impacto directo en la vida cotidiana de la población, por lo que su rechazo difícilmente influirá en los niveles de aprobación del gobierno o del partido gobernante porque como advirtió la presidenta Claudia Sheinbaum reiteradamente: “yo le cumplí su petición al pueblo, que cada quien asuma las consecuencias”.
Además, el oficialismo mantiene su mayoría simple en el Congreso y conserva una amplia presencia territorial en los gobiernos estatales.
Más allá del simbolismo político, la votación en San Lázaro deja un resultado concreto: las reglas electorales permanecerán sin cambios.
Para la oposición, el rechazo representa la capacidad de frenar una reforma constitucional.
Para Morena, significa absorber un revés legislativo sin afectar las condiciones políticas que han sostenido su predominio electoral.
En términos prácticos, el Congreso decidió dejar intacto el tablero político.
El mismo tablero donde Morena ha logrado sus principales triunfos en los últimos años.


