Elmer Ancona Dorantes
Ahora que los católicos estamos viviendo la Semana Santa y que en un par de días participaremos en las celebraciones del Jueves y Viernes santos, me gustaría hacer una reflexión oportuna sobre la responsabilidad que tienen los cristianos en el ámbito de la política, del gobierno y del poder.
Es muy fácil criticar a los actores públicos sentados en un sofá viendo el televisor o apretando un dispositivo, sin mover un dedo para cambiar aquellas cosas que no solo están mal, sino que afectan de manera visible y terrible al ser humano.
En ocasiones los cristianos-católicos somos tan pasivos y tan cobardes -tibios, diría Nuestro Señor Jesucristo- que no nos atrevemos abrir la boca ni criticar aquellos hechos dolorosos que laceran, que matan a nuestros semejantes.
Bueno, no somos capaces ni de salir a emitir un voto el día de las elecciones en contra de aquellos políticos que llevan propuestas de muerte a sus gobiernos, ni de apoyar aquellas candidaturas que ponen sobre la mesa propuestas que impulsan el Bien Común.
Muchos cristianos somos incapaces de salir a marchar, a protestar ante los deleznables y múltiples casos que ponen en riesgo la supervivencia de la gente, de la sociedad, de las familias.
Por ejemplo, las innumerables desapariciones que se están dando en el país de jóvenes y niños, es motivo suficiente para protestar contra un gobierno sordo, ciego y mudo, incapaz de frenar estas atrocidades.
En términos puntuales, la Iglesia Católica —y especialmente varios pontífices— ha recomendado a los católicos ser mucho más activos en los campos de la política y del gobierno, en las esferas del poder. Veamos algunas de estas propuestas:
01.- Cuidado con las ideologías: El Papa Francisco dijo, en una homilía del 17 de octubre de 2013, que “cuando un cristiano se convierte en discípulo de la ideología, ha perdido la fe y deja de ser discípulo de Jesús”.
Advirtió que las ideologías “alejan” de la realidad y pueden poner a la Iglesia a distancia del pueblo.
En otras palabras, para el Papa Francisco el cristianismo no debe vivirse como una idea rígida o una etiqueta política-cultural, sino como seguimiento de fidelidad a las enseñanzas de Nuestro Señor Cristo, con una vida llena de fe.
En el 2020, volvió sobre esa idea al decir que, sin esa conciencia de vida de Iglesia, se cae en un “cristianismo ideológico”.
02.- No desentenderse de la vida pública: Juan Pablo II sostuvo que los cristianos-católicos no deben abdicar de su participación en la política, entendida como la acción social, legislativa, administrativa y cultural orientada al Bien Común.
Una de las expresiones que más se me han quedado en la memoria, es aquella cuando dijo que “la política es el camino más ancho de la caridad”.
03.- Entender la política como servicio, no como privilegio: La enseñanza católica insiste en que el ejercicio del poder debe vivirse con espíritu de servicio, competencia y limpieza moral. Juan Pablo II además advierte contra la mentira, la deslealtad, el uso patrimonial del erario y los medios ilícitos para conservar el poder.
04.- Actuar con conciencia moral bien formada: La Doctrina de la Iglesia es bastante clara sobre la participación de los católicos en la política; afirma que una conciencia cristiana bien formada no permite apoyar programas o leyes que contradigan contenidos fundamentales de fe y moral.
05.- Aceptar el pluralismo legítimo: La Doctrina de la Iglesia reconoce que en democracia puede haber diversas opciones políticas legítimas entre católicos, siempre que sean compatibles con la fe, la ética pública y la ley moral natural.
El pluralismo bien entendido es aquel que acepta el posicionamiento de diversas ideas, pero rechaza un pluralismo del “todo se vale, todo se acepta”. (v. gr. ¿Puede haber narco-cristianos?).
06.- Defender principios no negociables: El Magisterio de la Iglesia ha pedido a los cristianos-católicos en funciones públicas proteger la vida humana, la familia, la libertad de educación de los padres, la libertad religiosa, la justicia social, la solidaridad, la subsidiariedad y la paz.
07.- No promover leyes que lesionen bienes fundamentales: Un católico con responsabilidad legislativa tiene una obligación fundamental de oponerse a leyes que atenten contra la vida humana, contra la integridad de la persona, contra su seguridad y plenitud.
08.- Diferenciar Iglesia y comunidad política: La Iglesia Católica no se identifica con un sistema político concreto ni pretende imponer una solución técnica única; su papel es ofrecer juicio moral, mientras que los laicos actúan en política con responsabilidad propia como ciudadanos.
09.- Promover solidaridad, justicia y paz: Juan Pablo II pidió una política marcada por la solidaridad, la defensa de la justicia y un compromiso activo por la paz; los fieles católicos no deben ser indiferentes ante la violencia, la guerra o el terrorismo.
10.- Impulsar la mejor política: El Papa Francisco planteó que hace falta una política verdaderamente puesta al servicio del Bien Común, capaz de incluir a los débiles y no quedar sometida sólo a intereses económicos o de facción.
Benedicto XVI, por su parte, subrayó que incluso en la sociedad más justa seguirá siendo necesaria la caridad: el Estado no sustituye del todo la responsabilidad personal de amar y servir al prójimo.
En fin, aquí tan solo diez planteamientos que la Iglesia Católica hace a los creyentes, a los que viven la fe cristiana, y que pueden servir de faro o de guía cuando, estando en la política o estando interesados en los asuntos públicos, necesitamos tomar decisiones claras.
Ojalá que esta Semana Santa los católicos y los cristianos en general asumamos nuestra responsabilidad en los asuntos públicos, porque -queramos o no- seremos juzgados por nuestros actos o por nuestras omisiones el último día de nuestra existencia.
@elmerando


