Sergio León Cervantes
México no está en riesgo de perder el T-MEC. Eso no está sobre la mesa.
Con más de 870 mil millones de dólares en comercio anual con Estados Unidos y más del 80% de nuestras exportaciones dirigidas a ese mercado, la integración es estructural. Washington necesita a México.
Pero eso no significa que México llegue fuerte.
Porque hoy, antes de sentarse a negociar, el país ya está acumulando debilidades. Y no son aisladas. Son sistémicas.
La revisión del T-MEC entra en su fase crítica en el segundo semestre de 2026. Eso nos deja, en términos reales, menos de 60 días para corregir rumbo.
Sesenta días para reconstruir confianza. Sesenta días para evitar llegar debilitados.
Hoy el problema no es el mercado. Es la percepción de riesgo.
Porque mientras México habla de oportunidad, el mundo observa señales.
Observa que Pemex sigue siendo un foco de vulnerabilidad, con una deuda cercana a 80 mil millones de dólares y episodios como el incendio en la refinería Olmeca que, aunque controlado, exhibe fragilidad operativa.
Observa que el sector energético —clave en el T-MEC— no ofrece todavía certidumbre plena.
Observa también la dimensión más delicada: la seguridad.
Los señalamientos vinculados a Sinaloa, las tensiones políticas y las versiones sobre presión o participación de la CIA colocan a México en una posición incómoda.
Porque para Estados Unidos, hoy, comercio y seguridad ya son la misma conversación.
Y eso se traduce en presión.
Un incremento de apenas 1% a 3% en costos de exportación, sobre más de 500 mil millones de dólares, implica entre 5 mil y 15 mil millones de dólares en fricción comercial.
A nivel operativo, la presión ya es tangible.
La reforma aduanera y la saturación en cruces están elevando costos logísticos entre 8% y 15%, con retrasos de hasta 72 horas por operación. Eso puede representar hasta 4 mil millones de dólares anuales en sobrecostos.
Y en el juego del nearshoring, perder tiempo es perder inversiones.
Porque la inversión no espera.
México capta alrededor de 36 mil millones de dólares anuales de inversión extranjera directa. Una caída de apenas 10% a 20%, derivada de señales como conflictos regulatorios, casos como el de Vulcan Materials Company o frenos a proyectos como los de Royal Caribbean International, implica perder entre 3,600 y 7,200 millones de dólares cada año.
Y mientras tanto, la gran oportunidad se empieza a diluir.
México podría captar hasta 100 mil millones de dólares en relocalización industrial, pero podría dejar escapar hasta 30 mil millones si pierde competitividad frente a otros mercados.
A esto se suma el factor más silencioso, pero más peligroso: la confianza.
La reforma al Poder Judicial, junto con disputas en propiedad intelectual como las que involucran a Grupo Xcaret, no generan pérdidas inmediatas… pero sí reducen margen de negociación.
Y en el T-MEC, menos margen significa menos beneficios.
Si se suman estos factores, México podría estar comprometiendo entre 24 mil y 56 mil millones de dólares anuales en valor económico.
Antes de negociar. Antes de sentarse. Antes siquiera de empezar.
Y ese es el verdadero riesgo.
México no está perdiendo el T-MEC. Está perdiendo poder dentro del T-MEC.
Todavía hay tiempo. Pero no para discursos. Para decisiones.
Cinco frentes son urgentes:
Energía, para estabilizar operación y certidumbre.
Seguridad, para enviar señales claras de control.
Aduanas, para recuperar velocidad.
Estado de derecho, para garantizar confianza.
Inversión, para fijar reglas claras.
Porque al final, esta negociación no se gana por necesidad. Se gana por credibilidad.
Y hoy la advertencia es clara:
México no está perdiendo inversiones por falta de oportunidades…las está perdiendo por exceso de incertidumbre.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
X: @Oigres14 | IG: @sergioleoncervantes | Email: sergioleon@sergioleon.mx



