José Réyez
En medio de la derrota en Irán, la crudeza de las directrices contenidas en la “Estrategia Antiterrorista de Estados Unidos 2026” (USCT-Strategy-1), de mayo de 2026, revela un salto cualitativo.
El eje geopolítico de esta estrategia es el abandono de Oriente Medio como prioridad y la militarización total del hemisferio occidental. Donald Trump lo llama el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe. Traducido: América para los estadunidenses, y si no te gusta, te invadimos.
En su demencial cinismo y abuso de poder, el mensaje es claro, coloca en la picota a Cuba, México y el resto de América Latina y El Caribe. La prioridad americana ya no es salvar a Europa del terror, sino purgar el continente americano.
Ya no se trata de contener al “terrorista”, sino de aniquilarlo con una lista de enemigos que va mucho más allá de Al Qaeda o el ISIS. La verdadera explosión política de esta estrategia es la redefinición del enemigo.
Para la Casa Blanca de 2026, no sólo los yihadistas son terroristas. La lista incluye ahora tres categorías principales: 1) Narcoterroristas y cárteles: principalmente los de Venezuela y México; 2) Terroristas yihadistas clásicos: ISIS, Al Qaeda y, de forma crucial, los Hermanos Musulmanes. Estos son el mal porque buscan el “Califato”, y 3) extremistas violentos de izquierda: incluyendo a anarquistas y, explícitamente, “Antifa”.
Esta es la doctrina del “enemigo interno” llevada a su máxima expresión.
Europa y África: socios incómodos
El documento es especialmente duro con los aliados europeos. Les acusa de tener “fronteras débiles”, de ser un “incubador de amenazas” y de permitir la “migración masiva sin control” como “cinta transportadora de terroristas”.
La receta de Trump para Europa es dura: “Europa puede ser fuerte de nuevo si redescubre los principios tradicionales de libertad de expresión, tiene conversaciones honestas sobre el islamismo y dedica recursos suficientes”.
De fondo, la amenaza de un desacoplamiento. Estados Unidos está harto de ser el policía del mundo. Quiere “cambiar la carga” (burdenshifting). Que los europeos se encarguen de África y de sus propios yihadistas.
El retorno de la tortura
Uno de los pasajes más inquietantes es el dedicado a los recursos de contraterrorismo. El texto alaba a las unidades de inteligencia y a los equipos “Tier 1 y Tier 2” por ser los mejores del mundo en “Encontrar, Fijar y Finalizar” objetivos. Pero la novedad es la reincorporación de las “operaciones de información agresivas” y la “desmoralización”.
Trump es citado con una frase que bien podría ser el lema de este nuevo mandato: “Si lastimas a estadounidenses, o planeas lastimarlos, te encontraremos y te mataremos”. No hay juicio, no hay Guantánamo. Hay un tiro en la cabeza.
El fentanilo como arma de destrucción masiva
Uno de los giros semánticos más peligrosos del documento es la catalogación del fentanilo como “Arma de Destrucción Masiva” (WMD). Literalmente, el texto dice: “Combatiremos el fentanilo ilícito y sus precursores químicos como Armas de Destrucción Masiva”.
Esto no es una metáfora. En el lenguaje legal y militar de Estados Unidos, un WMD justifica el uso de la fuerza máxima, incluyendo la guerra. Al equiparar una crisis de salud pública (los opioides) con un ataque nuclear o biológico, la administración Trump está creando un casus belli (motivo o causa de guerra) permanente contra los laboratorios clandestinos de China, México o cualquier puerto de entrada.
Estamos ante una estrategia de contrainsurgencia global con un fuerte sesgo cultural. El enemigo no es sólo el que pone una bomba, sino el que cuestiona los valores tradicionales de la “América First”.
La Estrategia Antiterrorista de 2026 es el espejo de una potencia que se repliega sobre su continente, pero que dispara con munición real hacia adentro y hacia afuera.
Trump ha logrado lo que parecía imposible: hacer que la guerra contra las drogas, la guerra contra el terror y la guerra cultural sean una sola guerra.
El mundo observa con inquietud cómo los drones que cazaban a Bin Laden ahora vuelan sobre el Río Bravo.
Lo primero que sorprende del texto, al que hemos tenido acceso, es su lenguaje. No es el gris burocrático de los documentos de Defensa tradicionales. Es el rojo vibrante de un mitin de campaña. La premisa de Trump es que la Administración Biden no sólo fue débil, sino cómplice al “politizar” las agencias de inteligencia. “Millones de estadounidenses han perdido la confianza”, dice el texto, y promete que los agentes que usaron el terrorismo como arma política contra conservadores o cristianos pagarán “el costo judicial total”.
Más allá de la purga interna, el documento presume con orgullo de “Operation Absolute Resolve”, la captura de Nicolás Maduro, a quien define como “narcoterrorista”. La operación, según el texto, fue “una misión de Fuerzas Especiales en apoyo a la justicia federal”.
Es decir, Estados Unidos se arroga el derecho de secuestrar (o “rendir”, según el eufemismo) líderes extranjeros para juzgarlos en sus tribunales por tráfico de drogas.
Más impactante aún es la cifra que manejan: “El presidente ha autorizado docenas de ataques del Departamento de Guerra contra lanchas de droga de los cárteles, resultando en una reducción de más del 90 por ciento en el contrabando marítimo de drogas hacia Estados Unidos”.
Se trata de la normalización del uso de la Marina de guerra contra objetivos civiles en aguas internacionales. La implicación es clara: los cárteles ya no son un problema policial; son una amenaza existencial equivalente al 11-S.
La ideología del “Nosotros”. Lo que subyace en esta estrategia es una visión apocalíptica. El documento habla de “civilización occidental”, de “libertad de expresión” y de la necesidad de “proteger a los cristianos masacrados” en África y Nigeria. Pero también habla de eliminar a los “radicales pro-transgénero” en casa.
El mensaje de la Casa Blanca es terminal: no hay refugio para los enemigos de América, y hoy, la definición de “enemigo” la tiene un tuit.



